Diablo® III

Una luz en la Oscuridad (Spoiler)

Luego de jugar el fin de semana de beta abierta, pude aprender mucho sobre la ambientación (No es lo mismo jugarlo uno mismo que ver videos). Probé casi todos los personajes y confirmé mi elección. Así que, para calmar las ansias de aquí a cuando pueda jugarlo, empezaré a relatar las aventuras de mi Arcanista, en busca de la Estrella Caída.

Debido a los límites de la beta y a que se encontraba en inglés, quizás algunos nombres de mobs sean distintos a los que salgan finalmente. Por otro lado, como se basará en la campaña, se podría considerar una guía bastante adornada del juego XD

Por último, como se basará en mis personajes (Y quizás en los de algún amigo), muy posiblemente esos nombres no serán de origen de la saga Diablo. Veremos que sale luego xD

P.D. Para evitarme problemas por revelar la trama (que a estas alturas ya pocos deben desconocer, pero igual) le agregé el (Spoiler) al título.

P.D.2 Creo que subiré el nivel de algunos mobs y jefes a Pesadilla. En el juego mueren muy rápido y no tendría gracia un relato así xD

Acto 0: Los comienzos

Las protecciones mágicas no eran gran cosa. A pesar de que la puerta estaba bien disimulada para el ojo de una persona normal, la esencia arcana que provenía desde el interior, aunque sutil, no pasaba desapercibida para ella. Los sellos que usaban los Vizjerei compartían un patrón similar, por lo que podía romperlos sin mucho esfuerzo, aunque en esta ocasión le tomó un poco más de tiempo.
Bajó por las escaleras iluminándose con su orbe. La luz que desprendía el Globo de Santuario hizo notar el abandono en que se tenían estos Antiguos Almacenes. El polvo cubría todo el lugar, formando una gruesa costra en según qué lugares. Varios objetos mágicos a lo lejos destellaron ante la luz, pero ella no estaba interesada en ellos. En vez de eso, pasó de largo y se acercó a unos estantes en donde se encontraban gruesos tomos escritos en lenguaje antiguo. Pasó la mano sobre ellos y sacó uno, que comenzó a hojear. Leía rápidamente, comprendiendo solamente lo esencial, sin dar mucho énfasis en la grandilocuencia ni las largas explicaciones con que estaban adornados los conjuros.

—Creí haberte dicho que dejaras de escabullirte por los lugares prohibidos —profirió una voz detrás de ella.
—Si realmente estuviera prohibido, no podría entrar —respondió tranquila.
—No cambias tu actitud insolente, niña. Ya has tenido bastantes problemas por ello.
—No ser como ustedes quieren que sea no es una insolencia.
—El desobedecer una orden clara es muestra de ello, además de indisciplina.
—¿Por qué? Hice lo que quería ese viejo gordo. Siempre me decía que tenía que leer más, y en eso estoy.
—No pareces comprender algo tan simple que hasta un niño entendería: Esas magias son peligrosas. Ese es el motivo porque su uso está vetado.
—El que ustedes no puedan manejarlas no es motivo para prohibirlas.
—Tu soberbia es tan grande como tu indolencia.
—Además, si realmente hubiesen querido que nadie sepa de eso, hubiesen quemado estos tomos.
—Blasfemia. Esos textos contienen sortilegios de altísimo nivel. Sería un sacrilegio perder este conocimiento tan valioso.
—Eso es ser inconsecuente. Quieren que el conocimiento no se pierda, pero prohiben el acceso a él.
—Ya he tenido suficiente de tí.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 08:00 PM CDT
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Con un rápido movimiento de mano, el mago Vizjerei usó un golpe de Telequinesis para arrebatar el grueso libro de las manos de la joven. Ésta respondió lanzándole rayos de electricidad desde sus dedos que formaron un arco hacia el mago. Éste detuvo la descarga con su propia mano.

—¿Además tienes el atrevimiento de atacar a un superior?
—Y tú tienes el descaro de reclamar cuando fuiste tú quien comenzó atacando.
—Entrégate y recibe el castigo que ameritas sin causar más problemas.
—Ustedes son los que generan todos los problemas.

El mago iba a lanzar un conjuro, pero antes de eso la joven le lanzó dos Proyectiles Mágicos, que fueron absorvidos por el Escudo de Energía del Vizjerei. Aunque no causó daño, sí consiguió interrumpir la canalización, lo que le dio tiempo para lanzarle un Orbe Arcano. La detonación traspasó el escudo, rasgando en varias partes la túnica del Vizjerei.

—Ese es su problema. Buscan tanto la seguridad que se autolimitan demasiado.
—Te haré entender que la seguridad no es lo mismo que el limitarse.

El mago elevó sus manos y convocó una Ventisca. Rápidamente, la joven se teletransportó detrás del Vizjerei.

—Y yo que no es la mejor idea meterse conmigo, Valthek.

La arcanista invocó numerosos Filos Espectrales que cortaron toda el área enfrente de ella, pero el Vizjerei no estaba allí. La joven volvió su mirada hacia las escaleras. Ahí se encontraba el mago, con varios cortes en los brazos.

—Debería irse a descansar, Valthek. Ya está muy viejo para esto.
—No confundas la vejez con la experiencia.

Y diciendo eso, levantó un Muro de Llamas en la ubicación de la arcanista, quien dio un salto para atrás, evitando sufrir quemaduras. Sin embargo, aún antes de volver a pisar tierra, desde la muralla de fuego, surgió un Orbe de Hielo que se dirigía hacia ella, soltando múltiples saetas a su paso, al tiempo que detrás de ella se aproximaba una Bola de Fuego. La explosión resultante produjo una gran nube de vapor de agua.
El mago esperó calmado a que se disipara, pero de la nube salió un Rayo Gélido hacia él. El Vizjerei puso sus manos al frente, deteniendo el rayo, que comenzó a congelar el piso cincundante. «¿Cómo...?» pensó Valthek. El continuo flujo de escarcha condensó la nube, que cayó como nieve. En ese momento se dejó ver una figura cristalina, casi como de diamante, que era la que emitía el rayo. No alcanzó a ver más, cuando varias bolas de fuego impactaron en su espalda.

—Pero, ¿Qué...?

Una Hidra había sido invocada detrás de él, una criatura de múltiples cabezas que disparaba sin cesar bolas de fuego hacia el mago. Atrapado entre ambos ataques, se vio obligado a teletransportarse a otra ubicación. Ese pequeño momento en que tuvo que recibir el Rayo de Escarcha fue suficiente para entumecerlo, impidiéndole moverse con normalidad.
Antes siquiera de poder recuperarse, se vio rodeado por varios Ciclones Energéticos. Uno de ellos le golpeó con fuerza, deshaciendo su Escudo de Energía. Otro de los tornados alcanzó a golpearlo una vez más antes que pudiera teletransportarse a otra posición.
Con la manga desgarrada y el brazo quemado por el torrente de energía, le lanzó a la arcanista un Relámpago que la electrocutó. La joven se mantuvo de pie a pesar del dolor, aunque se vio imposibilitada de moverse durante un rato debido a la electricidad residual. En eso notó que una fina capa de hielo comenzaba a formarse en sus pies, restringiéndole totalmente el movimiento.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 08:06 PM CDT
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—No te preocupes. No morirás. Pero necesitas un escarmiento por tu terquedad y falta de raciocinio.

Valthek lanzó una enorme cantidad de saetas cargadas que se movían aleatoriamente. Sin embargo, su número era tal que sin duda muchas de ellas impactarían a la joven arcanista.
Ésta cerró los ojos y una especie de burbuja se formó alrededor de ella. En cuanto las saetas entraban en ella, su velocidad disminuía al punto de parecer estar moviéndose en cámara lenta.

—Creo que aún es pronto para hablar de escarmiento... —susurró la joven mientras abría los ojos.

Repentinamente levantó las manos, para acto seguido bajarlas con ímpetu y una Onda Expansiva fue liberada, destrozando el hielo de sus pies y deshaciendo las Saetas Cargadas cercanas. Rápidamente, llevó los brazos al frente y lanzó un impulso de energía pura de color rojo. Valthek, estupefacto por la respuesta de la arcanista, no atinó a teletransportarse, y en vez de eso activó su Escudo de Energía. El rayo golpeó con fuerza, consumiendo con rapidez el maná del mago, al tiempo que desintegraba parte de sus ropas.

—Esto no es bueno —pensó Valthek—. Ha llegado demasiado lejos.

Lanzó un golpe de Telequinesis, que derribó a la arcanista, aturdiéndola. Esto le dio al Vizjerei el tiempo suficiente para canalizar un poderoso sortilegio. Mientras, la joven trataba de ponerse de pie, intentando volver en sí. En eso, sintió un fuerte dolor y una poderosa debilidad en todo el cuerpo. Cayó de rodillas, abrazándose los brazos, mientras se inclinaba y su cabeza tocaba el piso.

—No quería hacer esto —dijo el mago con voz fuerte—. Pero tú me obligaste.
—¿Qué... me hicis... te...?
—He limitado tu capacidad de manejar la energía arcana.

Los ojos de la joven arcanista se abrieron al escuchar eso. No podía concebir que su poder fuera limitado de esa manera. Con esfuerzo se puso de pie y trató de cargar uno de sus conjuros, pero no podía canalizar de manera correcta el poder arcano.

—Como tú no eres capaz de velar por tu seguridad y la de los demás, he tenido que forzarte a hacerlo.

La arcanista levantó la cabeza y lo miró con odio. No tenía derecho a hacerle esto. A limitarla de esta forma. No era su culpa que ellos fueran unos inútiles que no pudieran manejar sus propios poderes. No tenían porqué reducirla a esto.

Enfurecida, hizo lo posible para canalizar algo de poder arcano, y en cuanto consiguió suficiente, lanzó tres Proyectiles Mágicos. Este acto tan pequeño la dejó agotada. Sin embargo, ninguno de los proyectiles acertó al mago.

—¿Ves? —dijo burlón Valthek—. Ya ni siquiera puedes usar tu poder correctamente.
—No... te estaba... apuntando a tí.
—¿Qué?

Los proyectiles impactaron contra las vigas de la estructura, debilitadas luego de enfrentar tanto el frío, como el calor y las corrientes arcanas desplegadas durante el enfrentamiento. Unas resquebrajaduras, y luego un sonido ensordecedor se escucharon mientras todo el armazón se venía abajo. El Vizjerei intentó conjurar algo para protejerse, pero la arcanista le lanzó su orbe. El Globo de Santuario, al estrellarse contra el suelo, estalló en una gran explosión arcana, que desorientó brevemente al mago, pero durante el tiempo suficiente para interrumpir su conjuro y conseguir que terminara quedando debajo de todos los escombros.

—Quédate ahí con tu conocimiento inútil —refunfuñó la arcanista.

Torpemente a causa del agotamiento, la joven subió las escaleras y se las arregló para salir del lugar. No estaba dispuesta a seguir aguantando las lecciones interminables y el aburrido parloteo sobre seguridad y precaución. Ya había aprendido suficiente de este sitio, por lo que decidió irse de Caldeum.

No había nadie en las calles a esa hora. No había tenido tiempo de recoger sus pertenencias. Había perdido su orbe. Había perdido sus poderes. Ya sólo le quedaba una varita de aprendiz. Le molestaba esta sensación de sentirse menoscabada en sus habilidades, pero una cosa era segura. A pesar de haber sido limitada, su innata aptitud para manipular el poder arcano le permitiría ir debilitando el sello del Vizjerei. No importaba cuanto demorara. Al final volvería a tener sus poderes completos. Mientras, quizás pueda aprender un par de conjuros más, y aunque no pueda manipularlos actualmente, más adelante ya podría hacerlo.

Ya fuera de la ciudad, se detuvo. No había decidido hacia donde ir. Cerró los ojos y dejó que la fuerza arcana la guiara. Los abrió y siguió la ruta que sintió era la correcta, donde su destino la aguardaba, donde el poder y la gloria esperaban.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 09:43 PM CDT
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Hay ya vas a empezar tan temprano jajaja yo ya voy a acabar y vuelvo en junio xD
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Jejeje, es que el jugar la beta me inspiró :-)

Y ya tengo material para basarme en algo, así que ya podría continuar. Al menos, me servirá hasta Junio.
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Bueno, me retrasé un poco por el fin de semana de beta de Guild Wars 2 :-P

Estuvo bastante entretenido. El mundo de juego es ENORME. Sin embargo al final de la beta no terminé tan ansioso como al final de la beta de Diablo 3. Punto a favor de Blizzard ;-)

Ya, mejor continúo, que ya va mucho tiempo sin escribir.

Acto 1: La Estrella Caída

Ya se empezaba a sentir el hedor de la muerte. Debía estar cerca de su destino.

Hace unos días, mientras intentaba recuperar algo del control arcano perdido usando a un árbol como objeto de prueba, vio en el cielo una bola de fuego que se precipitaba rápidamente a tierra. Pasados unos momentos, un ligero brillo iluminó el cielo. No era normal que una roca cayera del cielo, pero era aún más extraño que tuviera semejante aura siniestra. Eso no era una simple roca. En eso recordó algo de lo que le habían enseñado sus viejos maestros en Caldeum. Una Profecía que hablaba sobre el final de los tiempos, y que la señal de su inicio sería el caer de una estrella. En ese entonces no le daba importancia, ya que sólo lo veía como conocimiento inútil. Sin embargo, si ésta era la señal... debía investigar el lugar donde había caído.

Ya cerca de la ciudad, se empezaba a ver las consecuencias de aquel suceso. Carretones con mercancía volcados. Sus conductores inertes en el suelo, congelada en el tiempo una expresión de terror en sus rostros, con la ropa bañada en sangre y sus miembros mutilados, mientras algunos cuervos se alimentaban de sus cadáveres.

El mismo letrero de bienvenida a Nueva Tristán era una muestra de lo acaecido alrededor. Desvencijado, roto, con manchas de sangre y un cuervo dando el recibimiento a los visitantes que, excepto mercaderes desesperados, saqueadores y unos cuantos aventureros, no debían ser muchos.

Miró su varita con desdén. Su capacidad mágica era insignificante. En varias ocasiones había sentido los deseos de deshacerse de ella, pero era el único instrumento mágico que le quedaba. Afortunadamente, ya era nuevamente capaz de lanzar Proyectiles Mágicos sin esfuerzo alguno. Durante todo el trayecto desde Caldeum estuvo practicando el control arcano para recuperar sus poderes y, aunque recién había podido recuperar tan sólo una de sus habilidades, al menos le serviría más que el usar esta mediocre varita de aprendiz.

Desde este sendero podía verse desde arriba la ciudad de Nueva Tristán. Aunque en un tiempo fue un floreciente centro donde muchos mercaderes hicieron fortuna a costa de los aventureros que se sentían atraídos por las leyendas de riquezas escondidas en la vieja Catedral, ahora ya sólo era una sombra... o quizás casi un cadáver de su antigua, pero efímera, gloria. Actualmente se veía sólo un grupo de casuchas mal mantenidas. Algunas casi en ruinas. De algún modo, congeniaba bien con su entorno.

Un poco más adelante, encontró otra carreta, pero ésta tenía una figura humana moviéndose encima de uno de los cadáveres. La Arcanista, al acercarse un poco más, notó que esa figura estaba ensangrentada y parecía llevar muerto un par de días. Sin embargo, éste se levantó torpemente y se dirigió hacia ella. De algún modo, a pesar de su putrefacción, aún era capaz de seguir moviéndose, pero no sería por mucho tiempo. La Arcanista conjuró rápidamente dos esferas de poder arcano y se las lanzó como proyectiles. El primer impacto lo hizo retroceder un paso mientras que el segundo, que dio de lleno en su rostro, lo lanzó hacia atrás, dejándolo inmóvil en el suelo, manchando la carreta con su sangre coagulada.
Modificado por TswordZ#1445 el 30/4/2012 06:00 PM CDT
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Tan sólo unos metros más adelante encontró un par más de estos seres, que devoraban un cadáver tirado en medio del camino. Antes siquiera a darles tiempo a que se levantaran, les lanzó una serie de Proyectiles Arcanos. Sus cuerpos putrefactos se azotaron con fuerza contra el suelo, mientras un aura púrpura rodeaba sus restos.

Eliminó un par de Alzados más antes de alcanzar a divisar la entrada de Nueva Tristam. Se notaba que había estado siendo asediada desde hace varios días, a juzgar por el enorme número de cadáveres que se encontraba en sus puertas. El suelo estaba teñido de un rojo oscuro por la sangre coagulada derramada. Un puñado de soldados pobremente equipados mantenía la posición en las puertas, mientras un par de arqueros daban apoyo desde la relativa seguridad de la muralla de la ciudad. En cuanto la Arcanista llegó donde ellos, el guardia que parecía estar al mando de ellos daba el golpe final al último de los Alzados que atacaba el asentamiento. Se acercó donde él.

Arcanista: La Profecía me trajo aquí en busca de la estrella que cayó en esta tierra.
Capitán Rumford: Cayó en la vieja catedral. Sólo hubo una superviviente: Leah. Deberías hablar con ella.

El grito de uno de los soldados interrumpió la conversación. Se acercaba otra horda de muertos vivientes. La Arcanista se dio media vuelta y vio a un gran número de Alzados que se aproximaba hacia ellos. A diferencia de los guardias apostados, no sintió miedo. Más bien una enorme confianza y satisfacción de al fin ser capaz de desatar su poder sin que estuvieran molestándola con reprimendas y habladurías sobre seguridad.

Abrió sus palmas, cargando dos esferas de energía arcana y las lanzó hacia delante. Un par de Alzados se vieron detenidos en el instante a causa del impacto. En el momento en que iba a lanzar otro proyectil, sintió que algo pasó cerca de su oreja y vio como el Alzado que era su objetivo caía al suelo, golpeándose pesadamente la cabeza contra el suelo.

La Arcanista se volteó a ver al recién llegado.
Modificado por TswordZ#1445 el 30/4/2012 06:02 PM CDT
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Una figura esbelta se podía divisar entre los árboles. Se acercaba lentamente mientras mantenía un brazo al frente, apuntando a los muertos vivientes que, un par de instantes después, caían hacia atrás con una saeta clavada en su frente.

La arcanista lanzó un proyectil de energía más cargada que las demás al Alzado más cercano, haciéndole estallar la cabeza por el impacto. No sabía quién era, pero no perdería ante nadie. Lanzó Proyectiles Arcanos a la mayor velocidad que podía. Algunos muertos andantes retrocedían por el impacto, otros veían sus miembros mutilados, mientras los más cercanos caían de espaldas para al fin dejar de moverse. Por el contrario, la otra silueta apenas hacía leves movimientos para conseguir acabar limpiamente con la amenaza.

Uno de los Alzados cayó de bruces luego de recibir el impacto de uno de los Proyectiles Arcanos en su abdomen, pero en vez de al fin encontrar el descanso eterno, su mitad superior se desprendió del resto del cuerpo y, usando sus brazos, se arrastró hasta la taumaturga. Ésta no se había percatado inicialmente de esto, y una expresión de sorpresa vino a su rostro al ver ese torso casi a sus pies, listo para morder. Dio un paso hacia atrás mientras con su brazo describía un gran arco sobre su cabeza, para luego hacer estallar un Proyectil Arcano en la testa de la criatura, con tal fuerza que ésta rodó un par de veces por el suelo, dejando un reguero de sangre pegajosa.

Unos cuantos segundos después, de la horda de muertos vivientes sólo quedaba un montón de cadáveres inanimados. Cercenados unos, mutilados otros, pero todos al fin quietos. La figura al fin salió de las sombras. Era una mujer joven, de pelo largo y negro, con una expresión seria y segura. Vestía un ligero peto de cuero, shorts del mismo material y unas botas negras de taco alto. Una bufanda cubría su cuello mientras en su mano derecha empuñaba una compacta ballesta. Se acercó a las puertas de la ciudad, mientras el capitán Rumford aún se mostraba estupefacto por la habilidad de las aventureras.

Capitán Rumford: ¡Nunca había visto a nadie luchar así antes!
Arcanista: No es nada. ¿Qué hay de Leah?
Capitán Rumford: Claro. Encontrarán a Leah en la Posada del Becerro Muerto. ¡Guardias, abrid las puertas!

Una vez dentro, lo primero que vieron fue una carreta cargada hasta arriba de cadáveres. Uno de los soldados llevaba pesadamente los cuerpos hasta una fogata cercana, en donde eran quemados. Parecía ser el método que utilizaban para evitar se volvieran a levantar.

Los habitantes de la ciudad mostraban la desesperación de estar tanto tiempo asediados por esos horrores. Uno murmuraba sobre su arrepentimiento de haber venido a estudiar la caída del Viejo Tristán. Otro se lamentaba no haber podido proteger a su amigo, mientras un Hermano predicaba en su angustia.

Hermano Malaqui: Zakarum ha caído en desgracia... ¿Qué religión podrá salvarnos ahora?
Arcanista: Entonces deja la fe y actúa.
Hermano Malaqui: ¡Es el fin del mundo! ¿Se dan cuenta?

La arcanista se alejó de él, ignorándolo. Le molestaba la gente que era sólo palabras. Mientras, la cazadora de demonios se había adelantado y ya había entrado a la posada. Allí se encontraban varias aldeanas, al igual que bastantes enfermos que yacían en camillas improvisadas en el suelo. Una de ellas se dirigió a la cazadora.

—¿Has venido a ayudarnos? Los otros aventureros que pasaron por aquí no se veían tan mortíferos.

La cazadora se volteó levemente y asintió con la cabeza, antes de hablar con Leah.

—Leah, ¿No es así? Rumford dijo que sobreviviste al impacto de la estrella caída.
—Un momento —interrumpió la Arcanista—. ¿Cuando te dijeron eso a tí?
—Alcancé a escuchar su conversación—. respondió con calma.
—Lo hice —dijo Leah—. Pero arrastró a mi tío a las profundidades de la vieja catedral. Traté de buscarlo, pero lo muertos ya se habían levantado, así que volví a reunir a la milicia, pero...
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 08:18 PM CDT
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Unos gritos desgarradores interrumpieron la conversación. Los heridos comenzaron a convulsionarse, llevándose las manos a la cabeza, mientras sus expresiones de dolor iban cambiando a una mirada vacía. La cazadora sabía lo que significaban esos síntomas, por lo que inmediatamente inició el ataque. La arcanista reaccionó poco después lanzando sus proyectiles arcanos a los Alzados en los que se habían convertido los aldeanos heridos.

Aún a pesar de la cercanía, los muertos vivientes no fueron capaces siquiera de tocar a ninguna de las aventureras, quienes no le dieron oportunidad alguna. La cazadora se volteó hacia Leah, quien sostenía un arco, con el que las apoyó durante el ataque.

—Ese es el espíritu —murmuró la cazadora.
—Los muertos nos aplastarán a todos a menos que se haga algo —dijo Leah.
—Entonces los acabaré y aseguraré tu ciudad —respondió la Cazadora.
—Gracias. Deberían hablar con el Capitán Rumford en las puertas. El puede decirles qué hacer.

La Arcanista quedó estática un momento. Con el continuo usar de sus poderes, sintió como el sello del Vizjerei se había debilitado. Notaba que ahora era capaz de manipular una mayor cantidad de poder arcano. Debía comprobar si podía usar otro de sus hechizos. Esos muertos vivientes serían un buen objetivo.

—Tu ciudad estará a salvo —le dijo a Leah con una sonrisa.

Mientras, la Cazadora no pudo controlar sus instintos exploradores, y entró a la habitación trasera. No parecía haber nada peculiar, excepto un rincón donde había una mesa con varios textos y una sobreabundancia de velas encendidas. Un libro grueso en particular le llamó la atención y comenzó a hojearlo. Era el diario de Leah. No aguantó la tentación y lo leyó rápidamente. Lo último que había escrito se refería al asedio que estaba sufriendo la ciudad, la desesperación de sus habitantes y la desaparición de su tío. ¿Deckard? ¿Podría ser?

Dejó el libro en su sitio y salió de la habitación. Leah se encontraba hablando con el tabernero y la arcanista ya no estaba. Apuró el paso y salió de ahí.

Mientras la cazadora exploraba el cuarto de Leah, la arcanista se dirigió donde el capitán Rumford. De la conversación de unos aldeanos escuchó sobre la desastrosa campaña de la milicia. Dieciseis salieron. Sólo Rumford había vuelto.

—Más cadáveres en los que probar mis poderes —murmuró ella.

El capitán aún seguía haciendo guardia en las puertas. Al parecer no habían atacado nuevamente, ya que se veían un tanto más relajados. Se dirigió a él:
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 08:24 PM CDT
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Arcanista: ¿Qué puedo hacer para ayudarles a luchar contra los muertos vivientes?
Capitán Rumford: Admiro tu valentía, pero el Capitán Daltyn y la milicia fueron masacrados por esas cosas. Sólo yo sobreviví.
Arcanista: Gracias por la advertencia, pero no tengo pensado morir hoy.
Capitán Rumford: Bueno, te he visto luchar. Destruye a las Madres Miserables y a su reina. Ellas son las que están vomitando esos... horrores.
Arcanista: Vaya nombres que les ponen. En fin, de acuerdo.

El crujido de la barricada al norte los hizo ponerse en alerta. Una horda de muertos vivientes estaba golpeando las carretas y vigas con que habían improvisado una ligera barrera. Ésta no aguantó mucho y se derrumbó ante la presión. El capitán Rumford corrió hacia ellos. A pesar de sentir miedo en su corazón, el sentido del deber lo empujaba a evitar como fuese el que esas criaturas entren a la ciudad. Golpes desesperados conseguían producir graves heridas en esos cadáveres ambulantes, pero no por ello dejaban de atacar.

La arcanista consideró éste un buen momento para probar lo que podía hacer ahora. Reunió una gran cantidad de energía arcana en ambas manos, las puso al frente y las concentró, para luego dejar salir desde ellas un Rayo de Escarcha que ralentizó considerablemente el movimiento del primer Alzado al que golpeó. Hielo comenzó a acumularse en el putrefacto ser antes de caer hacia atrás con el cuerpo rígido por el frío.

—Je, esto está mucho mejor —rió la arcanista.

Mantuvo el Rayo de Escarcha para comprobar cuanto tiempo podía aguantar conjurándolo. Sin embargo, el capitán, en su frenesí, se ubicó delante del rayo, que le impactó en la espalda.

—Vamos, Rumford —reclamó la arcanista—. Recuerda que no estás luchando solo.

El capitán estaba tan absorto por el combate y el miedo a la muerte que no la oyó y siguió dando estocadas a mansalva. La arcanista, molesta, lanzó unos cuantos Proyectiles Arcanos antes de volver a conjurar el Rayo de Escarcha. Pero de nuevo alcanzó a derribar tan sólo un par de muertos andantes antes de que el capitán volviera a interponerse, recibiendo el rayo nuevamente.

—Haz eso otra vez y el próximo ataque lo recibirás a propósito —masculló la arcanista entre dientes.

Lanzó un par de proyectiles arcanos cuando sintió algo pasar cerca de su cabello. Miró de reojo hacia atrás y vio a la cazadora, que disparaba calmadamente sus saetas con su ballesta de mano.

—Tienes que aprender a ser más precisa —le dijo a la arcanista.
—Disparo donde deseo —le replicó—. No es mi culpa que el idiota ese esté acalorado y quiera que lo enfríe.

La cazadora se sonrió y continuó atacando. Sus flechas trazaban una trayectoria particular. Varias de ellas perforaban a sus objetivos y se dirigían hacia otro. Algunas de ellas golpeaban hasta a cinco Alzados antes de detenerse. A la arcanista le intrigó esa propiedad de las flechas. Esa pequeña ballesta no parecía capaz de lanzarlas con tanta potencia ni la cazadora parecía hacer movimientos muy elaborados con sus manos o muñecas para disparar. Pero pronto se despejó y volvió a conjurar su Rayo de Escarcha.

—¡Allí! ¡Esa es una de las Madres Miserables! —gritó Rumford al tiempo que volvía a interceptar el rayo de escarcha.
—¡No de nuevo! —gritó la arcanista—. ¡Ahora verás!

Una daga atravesó el lugar, clavándose en la frente de la Madre Desdichada, que había acabado de vomitar otro cadáver. Ésta dio un par de pasos hacia atrás antes de caer definitivamente muerta. La arcanista se detuvo por el repentino ataque de la cazadora.

—Hay más de esas criaturas en las ruinas al final del camino —dijo Rumford mientras cercenaba un brazo del último Alzado.
—De acuerdo —respondió la cazadora—. Iremos allá.

Ambas caminaron sobre los cadáveres y se dirigieron al bosque, siguiendo el sendero.

—No sé si podré aguantar mucho tiempo el combatir estos horrores —suspiró el capitán al dar el mandoble final al cadáver andante—. He sentido un escalofrío en la espalda durante toda la batalla.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 08:29 PM CDT
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Cruzaron un pequeño puente de madera y continuaron caminando por el camino hacia Viejo Tristán. Unas pequeñas farolas iluminaban tenuemente la ruta, acentuando el aspecto tétrico de aquellos árboles, con sus ramas secas y sin hojas. La atmósfera se sentía cada vez más pesada a medida se acercaban a las antiguas ruinas. El hedor de la muerte llenaba el lugar. Algo a lo que estaba acostumbrada la cazadora, pero no la arcanista, que hacía gestos que denotaban repugnancia.

—¿Te molesta esto? —inquirió la cazadora—. Por tu bien, espero que no afecte en tu desempeño.
—Me molesta —respondió la arcanista—. Porque me recuerda el olor de mis maestros.

La cazadora se sonrió. No estaba acostumbrada a la compañía, pero esta arcanista era divertida. Podría aguantarla un rato.

Pronto se encontraron con un grupo de Alzados. La arcanista les lanzó unos cuantos proyectiles arcanos, pero los cadáveres andantes cayeron inertes producto de las saetas de la cazadora antes de que los conjuros de la arcanista los alcanzaran.

—Mis flechas son más rápidas que tus proyectiles —rió la cazadora.
—Entonces veamos que te parece esto —contestó la arcanista.

Ésta puso sus manos al frente y descargó su rayo de escarcha sobre un grupo de Alzados que estaban cerca de una fogata devorando el cadáver de un aventurero. El frío hizo aún más torpe el movimiento de éstos y terminaron cayendo, con varios dardos en sus cuerpos y con una fina capa de hielo cubriéndolos por completo.

—Esta vez gané yo —rió la arcanista.
—No. Fueron mis saetas las que los acabaron —respondió con calma la cazadora.
—¿Dónde estabas mirando? Hasta tus flechas están congeladas.
—Eso demuestra que mis proyectiles llegaron antes.
—Eso fue porque se interpusieron a mi rayo de escarcha.
—Está claro que soy más rápida que tú.
—¿Quieres apostar?
—Claro. 100 monedas de oro a que llego antes que tú a Viejo Tristán.
—Acepto. No olvides mi rostro, que a partir de ahora sólo verás mi espalda.

Ambas aventureras echaron a correr. A su paso encontraron un grupo de demonios espinados que no alcanzaron ni a reaccionar ante las veloces flechas y los poderosos proyectiles mágicos. Poco más adelante se encontraba una de las Madres Miserables junto a un grupo de muertos andantes. Como lluvia cayó sobre ellos el ataque conjunto de ambas aventureras, que apuraban la velocidad para tomar ventaja una de la otra. Las saetas y los proyectiles arcanos se sucedían con rapidez mientras los muertos andantes caían rápidamente ante el embate incontenible de estas mujeres.
De camino encontraron varios cadáveres de la milicia. Al acercarse, el suelo pareció temblar bajo sus pies. Numerosas grietas se abrieron alrededor de ellas, dejándose ver brazos purulentos. Cadáveres que buscaban liberarse de sus tumbas, rodeando a las muchachas.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 08:29 PM CDT
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—¿Realmente piensan estos pútridos que así nos van a superar? —vociferó la arcanista.
—Realmente, no creo que sean capaces de pensar —respondió la cazadora.

Y diciendo esto, lanzó una daga al alzado más cercano, mientras disparaba sus flechas hambrientas a los grupos más compactos de enemigos. La arcanista mientras, confiaba en el poder de parada de sus proyectiles arcanos, pero aunque los lanzaba tan rápido como podía, no era suficiente.

—¡Abajo! —le gritó a la cazadora.

Puso sus manos al frente y conjuró su rayo de escarcha. Dio vuelta sobre si misma, congelando y ralentizando el avance de todos los muertos vivientes a su alrededor.

—!Bien hecho! —le dijo la cazadora, mientras, agachada, seguía disparando sus saetas.

Al forzarse tanto, la arcanista sintió como era capaz de controlar mejor la corriente arcana que corría dentro de ella. Quizás ahora le era posible... En vez de meditarlo, prefirió probarlo. Acumuló energía arcana en sus manos y la conjuró como electricidad, pero al lanzar el ataque, el pulso se dividió en tres descargas. Dos de ellas impactaron a alzados, mientras la tercera se perdió por el camino.

—¡Rayos! Aún no puedo controlarlos bien —pensó la arcanista.

De todos modos, al estar rodeadas, de igual modo acertaría, por lo que comenzó a lanzar las descargas de pulso hacia todas direcciones. A pesar del movimiento aleatorio de éstas, muchas impactaban a sus objetivos, dejándolos chamuscados en ocasiones.

Una vuelta más con el rayo de escarcha y unos proyectiles arcanos y todos los muertos vivientes estaban nuevamente inertes en el suelo.

—¿Qué te pareció e...?

La arcanista no alcanzó a terminar su frase, ya que su interlocutora se había adelantado y estaba acabando con otros alzados cerca del sendero.

—Maldita !@#$%... No te quieras pasar de lista conmigo —masculló entre dientes, mientras iniciaba nuevamente la carrera.

Quería descargar su rabia contra alguien, pero la cazadora ya había eliminado a todas las amenazas cercanas. Al lado del camino, había una casucha con el sótano abierto. Entró por si había algo o alguien con quien desquitarse.

La bodega era bastante grande para una casucha tan pequeña. Cerca de la entrada se hallaban varios cofres, pero habían sido forzadas sus cerraduras y vaciados sus contenidos.

—¿Dónde está todo el tesoro? Los demonios no lo habrán tomado, ¿Verdad? —dijo molesta.

Efectivamente, en la siguiente habitación habían varios demonios espinados alrededor de un cofre. Uno de ellos era más grande y parecía ser su líder. Un rayo de escarcha los impactó a todos y luego se concentró en su cabecilla. Estos dispararon sus púas, pero dado el frío resultaron un tanto más lentas y la arcanista pudo esquivar un par, aunque otro par le impactó en el abdomen.

—Argh, eso duele. Ahora verán.

Una serie de proyectiles arcanos impactaron en ellos, azotándolos contra la pared cercana antes de caer muertos. Varios montones de monedas de oro quedaron dispersao por el lugar. La arcanista se acercó y comenzó a recogerlos. Salió de ahí y apuró la marcha. Su compañera ya se le había adelantado bastante.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 08:31 PM CDT
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Afortunadamente para ella, el camino había quedado despejado, por lo que sólo tuvo que correr por un buen trecho antes de alcanzarla. La cazadora se encontraba dándole el último golpe a una Madre Miserable, antes de avanzar hacia el portón que marcaba el límite del viejo Tristán. Sin embargo, aún rondaban un par de alzados. La arcanista los acabó rápidamente con una serie de proyectiles arcanos, antes de proseguir su carrera.

La cazadora ahora caminaba más cautelosamente, atenta a cualquier movimiento o ruido. Un par de soldados de la milicia había conseguido llegar hasta aquí, más no volver.

—Creí ya eras carne de muerto viviente —le dijo a la arcanista cuando ésta se acercó.
—Ja. No me subestimes. Esas tortugas no tuvieron oportunidad contra mí. El correr me resultó más agotador que el enfrentarlos.
—Me alegro. Tendrás que acostumbrarte a correr más, pero eso es cuestión de práctica. Por cierto, me debes 100 monedas.
—¿QUEEE?
—Llegué antes que tú, ¿De qué te sorprendes?
—No me vengas con eso. Yo maté a más de esos bichos que tú.
—La apuesta era por quién llegaba antes.
—Además te salvé el c... aquí mismo, cuando te olvidaste de acabar con esos alzados.
—No lo consideré necesario ya que estaba apurada. Después de todo, siempre hay alguien más que podía hacerlo por mí.
—Tú...
—¿Y bien?

La arcanista cerró el puño con fuerza mientras la miraba furiosa. Luego soltó una bolsita que colgaba de su cinturón y se la arrojó a la cazadora, quien la cogió al vuelo.

—Vaya, así que sí tenías. Deberías comprarte algo que te proteja más. La tela no aguanta mucho.
—Esos tortugas descompuestas nunca serán capaces de tocarme. Preocúpate por tí mejor.
—Si tú lo dices, pero si vas a venir conmigo, trata de ser más cautelosa. Te evitará sorpresas desagradables.
—¿Quién dijo que te seguía? Yo sigo mi camino. Que nuestro objetivo sea el mismo es sólo coincidencia.

Y diciendo eso, avanzó hacia el sur, mandando a volar a un Alzado con un proyectil mágico cuando éste salió de entre unos árboles. La cazadora suspiró y volvió a su actitud más seria.

—Viejo Tristán... La maldad de Diablo aún persiste aquí —murmuró.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 09:46 PM CDT
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Dio un par de pasos y, repentinamente, lanzó una daga hacia su izquierda, empalando a un demonio espinado escondido entre los arbustos.

—Eso era lo que me inquietaba... pero presiento que el mal mayor está más adelante.

Efectivamente, tras avanzar unos metros, se podía ver una madre miserable junto a un grupo de muertos andantes. La cazadora disparó un par de flechas hambrientas, que rebotaron entre los cadáveres ambulantes, matando a dos de ellos. Sin embargo, desde atrás salió la Reina Miserable, quien le escupió una sustancia verdosa. La cazadora esquivó el proyectil pringoso sin mucha dificultad, para luego lanzarle una daga, que se le clavó en el pecho. A pesar de la contundencia del ataque, la reina pareció no sentirlo y siguió atacando. Los continuos esputos venenosos le impedían a la cazadora disparar sucesivamente sus flechas. Mientras, la madre miserable vomitaba más cadáveres, haciendo que el grupo creciera cada vez más. No era una situación favorable, por lo que la cazadora se escondió tras de una casa para estar cubierta de los proyectiles tóxicos de la reina, al tiempo que conseguía un mejor ángulo para atacar a los muertos andantes. Sin embargo, no contaba con la velocidad de la reina, quien rápidamente se puso frente a ella y le vomitó un cadáver. La joven dio un salto hacia atrás, al tiempo que lanzó una daga, que impactó al alzado recién regurgitado.

La cazadora dio un vistazo rápido alrededor y corrió hacia una nueva posición. En cuanto la reina se dispuso a perseguirla, la muchacha le lanzó unas boleadoras, que redujo su velocidad de manera considerable, dándole tiempo suficiente para encargarse de la madre miserable y un par de alzados. La reina se liberó pronto, por lo que le lanzó otra boleadora. Sin embargo, en esta ocasión, en vez de tratar infructuosamente de perseguirla, la reina regurgitó otro cadáver y luego se dedicó a atacar a distancia. Nuevamente la cazadora veia su velocidad de disparo disminuída severamente, ya que apenas alcanzaba a disparar una flecha antes de tener que esquivar el siguiente escupitajo.

El volar de un torso, que impactó a la reina, la hizo detener su ataque. Desde donde habían aparecido los muertos vivientes la arcanista se acercaba arrojando sus proyectiles mágicos a los alzados cercanos.

—Parece que te faltaba potencia, ¿Eh, niñita?

La cazadora aprovechó la distracción para lanzar una daga a la reina. El filo le dio de lleno en la cabeza, pero aún así no cayó, y más aún, se lanzó hacia ella. Pero en ese instante, un rayo de escarcha la ralentizó considerablemente, al tiempo que sus miembros putrefactos comenzaban a congelarse. Más segura ahora, la cazadora disparó numerosas saetas, para culminar con una daga que consiguió finalmente hacerla caer inerte.

—El oro que soltó es mío —dijo la arcanista mientras se acercaba.

La cazadora se sonrió y le lanzó unos pantalones cortos.

—Toma esto. Te hace falta cambiarte de ropa —le dijo la cazadora.
—¿Ah? ¿Crees que YO voy a usar ropa de un muerto? ¡Ni loca!
—La encontré en un cofre. Además, te servirá más a tí que a mí, que la que usas no te proteje nada prácticamente.

La arcanista miró la ropa unos instantes, no dijo nada y la guardó. Oteó el lugar para comprobar no quedaban más muertos vivientes y vio una extrañas baldosas circulares en el suelo. Se acercó a ellas y las runas de éstas empezaron a brillar, dejando un aura azulina. Recordó que en Tristán se encontraba uno de estos portales. Por sus estudios sabía que los Horadrim habían construído numerosos portales de este tipo. Los secretos para producirlos se habían perdido, pero aún podían utilizarse los ya creados. Afortunadamente, los demonios no podían usarlos, o al menos eso parecía, ya que de lo contrario hubiesen invadido Nueva Tristán desde dentro.

—Eh, chica-flecha, ya no queda nada que hacer aquí. Volvamos —le dijo mientras un brillo azul la envolvía antes de desaparecer. Una flecha voló justo después.

—No me digas qué hacer —murmuró la cazadora, visiblemente molesta.

Ya en Nuevo Tristán, las cosas parecían haberse calmado. El capitán Rumford estaba frente a la posada, visiblemente más aliviado.

Capitán Rumford: Gracias por tu ayuda, pero, ¿Podrías hacer entrar en razón a Leah? Ella no deja la idea de rescatar a su tío.
Arcanista: No debería. La ayudaré a encontrarlo.

—Deckard Caín es el último de los Horadrim —pensó la arcanista—. Quizás podría obtener algo de conocimiento de él. Sería provechoso conocerlo.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 09:47 PM CDT
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—¿Y? ¿Por qué te enlistaste en la milicia? —preguntó la cazadora al capitán—. No pareces muy confiado de tí mismo.
—Quise ayudar porque me pareció lo correcto. Pero no soy un líder.
—Quizás eres más líder de lo que piensas.
—Eso es fácil de decir para tí. Naciste para luchar contra monstruos como los muertos andantes. Yo... yo sólo soy un granjero.
—Pero de todos modos tomaste la decisión.
—Sí. Cuando Leah nos dijo que los muertos provenían de la catedral, decidimos ponerle fin rápidamente a ello —respondió, mientras su voz comenzaba a entrecortarse—. Al principio estábamos triunfando, pero... pero ellos seguían viniendo. Nosotros... Nos sobrepasaron. Tanto el capitán Daltyn como sus hombres lucharon valientemente.

El capitán comenzó a temblar mientras relataba lo acaecido. el simple hecho de recordar lo que había ocurrido le hacía volver a la desesperación. De perder lentamente la esperanza.

—Ellos me protegieron —continuó con voz temblorosa—. No soy un soldado. Soy... Era... un granjero. No debía haber salido con ellos.

Apretó con fuerza su brazo derecho con su otra mano mientras agachaba levemente la cabeza. Se notaba en su rostro el sufrimiento y la desesperación de aquel día.

—No sé... no sé como logré volver... volver aquí. Ninguno de los otros lo logró. Ninguno... Ahora... Ahora, de algún modo... Ahora debo liderar la milicia...

Había perdido el control de sus emociones. No se podía hablar con él en ese estado. Mientras, la arcanista había ido donde Leah.

—Vamos. Busquemos a tu tío —le dijo de forma amable, cosa rara viniendo de ella.
—Necesitamos abrir la catedral primero —respondió de manera seria—. Los guardias la cerraron antes de que fueran emboscados. Rumford me dijo que se abrieron paso a la vuelta hacia la cabaña de Adria. La llave debe estar todavía ahí.
—¿Y para qué necesitamos una llave? ¿No podemos reventar la puerta?
—Esas puertas son bastante gruesas. ¿Crees que puedas lograrlo?

La arcanista bajó la mirada y se miró las manos. Si ese mago no hubiera sellado sus poderes, esto hubiese acabado hace mucho. Con sus poderes completos, no habría puerta, muerto, monstruo o demonio que la detuviera. Se habría ahorrado todo esto.

—En marcha —dijo firme la cazadora al pasar al lado de ellas, interrumpiendo los pensamientos de la arcanista—. Vamos a esa cabaña que mencionaste —añadió sin detener sus pasos.

Leah la siguió mientras la arcanista le daba una mirada de desaprobación. Estaba acostumbrada a ser el centro de atención por ser una niña prodigio. Le molestaba que alguien más se diera importancia. Cerró sus puños y avanzó decidida, dispuesta a demostrarle quien era mejor.

La cazadora, sin embargo, entró a la taberna y luego a la pieza trasera.

—¿Y... Qué hacemos en mi pieza? —inquirió una extrañada Leah.
—Sentí unos susurros proviniendo de aquí —respondió la cazadora mientras inspeccionaba el lugar.
—Vaya, te gustan bastante los libros —comentó la arcanista.
—Sí, con mi tío investigábamos sobre las antiguas profecías, los textos de los Horadrim...

Leah dejó de hablar al ver que la arcanista se había puesto cómoda a leer uno de los textos.

—Este... ¿Podríamos ir a buscar a mi tío, por favor? —preguntó algo molesta.
—Hmmm, claro. Tienes buenos libros. Podrías prestarme alguno luego —respondió la arcanista.

Mientras, la cazadora había encontrado nuevamente el diario de Leah, y lo abrió disimuladamente. Había una nueva entrada:

«¡Ha ocurrido un milagro! ¡Unas heroínas como las de las historias del tío Deckard aparecieron y salvaron la ciudad! Mi corazón me dice que mi tío aún sigue con vida, y rezo para que las heroínas puedan traerlo a casa sano y salvo.»

Esbozó una sonrisa y cerró el libro. Luego se dirigió a Leah.

—No perdamos más tiempo. Vamos en busca de tu tío.

Algo más aliviada, Leah las acompañó mientras salían de la taberna. No estaba acostumbrada a recibir extraños. Menos a que entren a su pieza.

—Y está escrito: «Un fuego tallará un surco en el cielo, y éste será un signo de que el final se ha acercado» —gritó el Hermano Malaqui al verlas pasar.
—Sí, ya lo sé. Ese fuego marca el final de esos demonios —contestó la arcanista, molesta por su actitud fatalista.

Se dirigieron al portal del centro del pueblo y, una a una, fueron desapareciendo dejando una breve aura azulina.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 09:48 PM CDT
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Bien Tswordz sigue así; a quiero pedirte un favor; podrías agregarle al título de Hilo de Rol de D3 Precuela y en tu primer post el título de “Haborym El Demonio de Fuego” ya que tú fuiste quien creo el post y yo personalmente ya le he dado un fin y no voy a volver a postear en él y no creo que alguien más postee en él.
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Gracias. Ya hice el arreglo que pediste al Hilo de rol. Te quedó muy bien la historia. Y sí, cierto que de hilo de rol pasó a ser una historia tuya, pero eso le da más mérito. A propósito ¿Le agrego al título "(Terminado)2? Aunque dudo que alguien más vaya a postear historias ahí, quizás alguien piense que continúa.

Volviendo a la otra historia, nunca pensé que de una beta tan corta pudiera sacar tanto material xD Creo que mejor continúo. La idea es terminar la historia antes que salga la expansión xDD


Leah se apresuró a abrir el portón que les daba acceso al camino de Vieja Tristram. Siguieron el sendero mientras ella contaba parte de su pasado.

Leah: Adria era mi madre, pero no sé mucho de ella. Murió cuando era muy pequeña. Me crió el tío Deckard.
Cazadora: ¿Qué sabes de tu padre?
Leah: Dicen que era un gran guerrero que desapareció cuando los demonios tomaron Tristram.
Cazadora: Una vida difícil ha sido la tuya.
Leah: Sí, pero con mi tío nos las hemos arreglado para continuar.

Luego de unos cien metros llegaron a la cabaña de Adria. Tenía cimientos relativamente sólidos, lo que le había permitido soportar el abandono en el que se encontraba. En el interior habían varias frascos pequeños, unos cuantos libros y un par de milicianos muertos. Por algún motivo no se levantaban aún como muertos vivientes. Mientras la cazadora los miraba atenta, Leah encontró un sótano oculto en una esquina. Ésta última entró primero, seguido de la arcanista. La cazadora dio una última mirada a su alrededor, confirmando que no había enemigos antes de bajar por la escalera de madera.

El interior del sótano era mucho más espacioso de lo que se hubiese pensado. Tenía varias veces el tamaño de la cabaña. Del techo colgaban las raíces de los árboles cercanos. Varios barriles y estantes con libros se apoyaban en las paredes, mientras en el suelo una fina capa de polvo había formado una costra.

Arcanista: Creo que tu madre escondía más de lo que sabes.
Leah: La gente decía que era una bruja, pero nunca les creí.
Cazadora: A veces es mejor ocultar ciertas verdades.

Continuaron revisando el lugar. Más adelante el sótano se agrandaba en forma de círculo, ubicándose en medio una gran marmita de metal, rodeada de numerosos escritorios y manuscritos varios apegados en la pared. En cuanto se acercaron más, la cazadora sintió unas ligeras vibraciones en el piso. Detuvo su marcha y preparó su ballesta.

Cazadora: ¡Aquí vienen!
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Cuatro nubes de polvo se levantaron mientras los cadáveres se incorporaban y salían de su entierro. Uno de ellos parecía más grande y armado y Leah pareció reconocerlo.

Leah: ¡¿Capitán Daltyn?!
Arcanista: ¿Y quién se dio el trabajo de enterrarlos?
Cazadora: Eso no importa. De todos modos, ya se alzaron nuevamente.

Leah rápidamente equipó su arco y comenzó a lanzar flechas al capitán. La cazadora usó sus boleadoras para atrapar a los muertos vivientes, haciendo que se muevan más lento, para luego disparar sus saetas hambrientas contra el capitán. La arcanista conjuró su rayo de escarcha y dio un barrido con el que consiguió entumecerlos, ralentizándolos aún más. Asegurada la distancia, lanzó un par de proyectiles arcanos a los Alzados, eliminándolos. Del tercero se encargó una de las flechas hambrientas de la cazadora.

Ahora sólo quedaba el capitán. De algún modo, la muerte le había afectado en menor manera, ya que se recuperó rápidamente del frío y las chicas comprobaron que su velocidad era muy similar a la de un humano normal.

Cazadora: ¡Mantengan la distancia!

Unas boleadoras se enredaron en los pies de Daltyn, haciendo más torpe su movimiento.

Arcanista: Eso no será suficiente.

La taumaturga puso sus manos al frente y conjuró el rayo de escarcha, que cubrió de hielo rápidamente la piel putrefacta del capitán, pero éste no cejaba en su intento de alcanzarlas. Leah y la cazadora retrocedieron a una distancia más segura, pero la arcanista se mantuvo firme en su posición.

Leah: ¿Qué haces? Ven para acá.
Arcanista: Aún no estoy en mi límite. Quiero saber cuánto puedo aguantarlo.
Cazadora: No es momento para eso, idiota.

Daltyn quedó al frente de ella y, aunque en varias partes su piel había sido completamente congelada, levantó su brazo para atacar a la testaruda joven. En eso, dos flechas se clavaron en el brazo en alto, dando a la arcanista tiempo para dar un par de saltos hacia atrás.

Cazadora: No vuelvas a hacer algo tan estúpido.
Arcanista: No fui capaz de comprobar mi potencial. Maldición.

La taumaturga lanzó con rabia un par de proyectiles arcanos, que hicieron estallar el cuerpo congelado del capitán, repartiendo sus restos putrefactos por todo el lugar. La cazadora se acercó al cadáver, mientras Leah se apresuró a revisar los textos y la arcanista suspiraba de brazos cruzados, visiblemente frustrada.

—¡Aquí! —llamó Leah poco después.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 09:36 PM CDT
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La arcanista se acercó donde ella, esperando ver algo que la animara.

Leah: Toma la llave... y el diario de mi madre. Lo que leí en él es perturbador. Quiero saber más de ella, pero no es urgente. ¡Debemos salvar al tío Deckard cuanto antes!
Arcanista: Exploraré la catedral. Quédate aquí e indaga lo que puedas.
Leah: Gracias. En verdad.

La arcanista se alejó y comenzó a hojear el diario. Se detuvo en seco al leer una de las hojas. Hacía alusión a Aidan. En uno de los manuscritos que había leído se decía que uno de los hijos de Leoric se llamaba así ¿Realmente se refiere al mismo Aidan? ¿Entonces Leah era hija de ellos dos? Esa parte de que el Infierno lo seguirá donde vaya... debe ser él. Sin embargo...

—Maga, ven aquí —interrumpió sus pensamientos la cazadora.
—No soy maga, sino una arcanista —replicó algo molesta.
—Bueno, quizás te interese esto.

La taumaturga se acercó donde su compañera. Ésta le extendió la mano, mostrándole una esfera de cristal.

—Parece algo que te puede ser útil.
—¿Dónde lo encontraste?
—En el cadáver del capitán Daltyn. No es ropa, así que no creo que tengas problemas en usarlo, ¿O no?
—...
—Ya veo. No sabía que te afectaban tanto los muertos.
—De acuerdo. Supongo que con limpiarla estará bien.

La cazadora se sonrió y le entregó la esfera. Luego de eso, se encaminó a la salida y subió por la escalera. La arcanista la siguió poco después.
Arriba, se dieron cuenta que un grupo de muertos vivientes las había seguido y se encontraban en la puerta. La cazadora les lanzó unas boleadoras y luego comenzó a disparar sus flechas hambrientas. Antes que la arcanista atacara, unos golpes fuertes en la pared de madera la detuvieron. Segundos después, ésta cedió y tres cadáveres ambulantes se apresuraron a entrar. Sin embargo, con la misma rapidez con la que ingresaron terminaron saliendo ante el embate de los proyectiles arcanos. La cazadora había terminado con los que estaban en la puerta y apuntó a los que estaban del otro lado de la pared derruída. No les costó mucho acabarlos. Sin embargo, cuando salieron por el agujero recién hecho, la tierra comenzó a vibrar y varios muertos vivos emergieron.

—Ya comienzo a pensar que éstos se entierran solos. ¿Qué hacen aquí dispuestos en semicírculo? —dijo la arcanista, algo molesta.
—Tal vez sentían frío... —rió la cazadora.

La arcanista hizo un barrido con su rayo de escarcha. Unos momentos después, todos los alzados yacían inertes, con una fina capa de hielo envolviéndolos.

—Pues si era por frío mejor se hubieran quedado ahí abajo —sentenció la taumaturga.
—Entonces descartamos esa teoría —respondió sonriendo la cazadora.

Ésta avanzó por el claro del bosque y poco después la arcanista ls siguió. Cruzaron un pequeño puente de madera que atravesaba un riachuelo. A lo lejos vieron varios cuerpos colgando ahorcados de las ramas de un gran árbol y en el suelo, un aldeano muerto.

—Otro poblador desafortunado —susurró la cazadora con un ligero tono de tristeza.

Unos gemidos las pusieron en alerta y, de las grietas del gran árbol, surgieron tres muertos vivientes, moviéndose torpemente. Lo siguiente que se oyó fue el golpe seco de esos cadáveres azotándose contra el fondo al recibir el impacto de los proyectiles arcanos y saetas.

—Otro muerto viviente desafortunado —rió la arcanista.

Continuaron avanzando por el sendero y pronto vieron la silueta de la Catedral, que se erigía imponente en el horizonte. Un aura de maldad provenía de ella y el olor de la muerte se hacía más profundo mientras más se acercaban. A pesar de los años, había aguantado bien el paso del tiempo y el impacto de la estrella. Aparte de daños en el techo y cristales rotos, la mayor parte de la estructura seguía firme en pie. Sin embargo, al entrar se percataron que no era tan así. La estrella había dejado un gran agujero en el suelo, destrozando todo el mobiliario cercano, mientras las brasas del borde aún ardían. Ambas se detuvieron un momento a observar el lugar de la caída, pero la arcanista decidió asomarse al agujero para mirar dentro. A la cazadora no le pareció muy prudente eso, pero visto que luego de un rato no había pasado nada, se animó a avanzar. En ese momento, el suelo cedió bajo sus pies y ambas cayeron al agujero resplandesciente.
Modificado por TswordZ#1445 el 20/8/2012 07:57 PM CDT
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La cazadora, cual gata, amortiguó la caída con sus brazos y piernas y se mantuvo atenta a una posible emboscada. La arcanista en cambio, cayó mal y termino dando un salto hacia el lado por el dolor, que la hizo caerse rodando por la escala cercana.

—Arghhhh. Maldita cerda. Mira lo que hiciste —gritó la arcanista, adolorida.
—¡¿Cómo que cerda?!

La cazadora se asomó furiosa, pero tuvo que retroceder ante la lluvia de proyectiles mágicos que se le venía encima.

—¡Es tu culpa! —le gritaba la arcanista, sin dejar de lanzarle proyectiles desde abajo—. ¡El suelo aguantó hasta que llegaste tú y lo echaste abajo con tu peso!

La cazadora se asomó rápidamente y le lanzó tres saetas a su alrededor, que quedaron clavadas en el suelo cercano a ella.

—Tu imprudencia te iba a hacer caer. Además, teníamos que bajar de todos modos —le respondió a cubierto.
—¡Pero no de esta manera!
—¿Entonces? ¿Puedes continuar o te vas a quedar llorando ahí todo el día?
—¡Ya cállate!
—Tú eres la que se está quejando.

La arcanista se levantó aún adolorida. Sintió un gemido detrás suyo y con rabia se dio vuelta cargando un proyectil arcano que estrelló en el cuerpo del alzado, que estalló en pedazos, cayendo varios de estos al cráter cercano.

—Estos cadáveres no merecen la pena —refunfuñó.

Se sacudió un poco el polvo y avanzó decidida, más por la rabia que por los deseos de encontrar a Deckard Cain. Se asomó al enorme agujero y comprobó que resplandescía con un aura azulina más intensa.

—Aquí cayó la estrella. El cráter tiene vestigios de magia extraña —murmuró.
—Buena deducción —la interrumpió la cazadora—. ¿Quieres bajar por ahí?
—Hazlo tú si quieres. Sólo trata de no causar un cráter más grande que el que ya hay.

Una saeta pasó rozando su cara y se fue a clavar en la frente de un muerto vivo que había más adelante. Unos cuantos cabellos flotaron libres en la brisa. La arcanista cerró los ojos, aguantando la exasperación.

—¿Podrías... dejar de hacer eso?
—Tal vez si dejas de ponerte delante...

La arcanista avanzó molesta. Al frente había un grupo de alzados, devorando un cadáver. Iba a conjurar un rayo de secarcha cuando vio una sombra en el piso que, al mirar hacia el techo, comprobó era de un candelabro colgante. Le arrojó un proyectil arcano a la cadena que lo sostenía, que se cortó de inmediato. La pesada lámpara de metal cayó sobre el grupo, despedazándolos.

—No está mal —murmuró.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 09:41 PM CDT
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