Diablo® III

Una luz en la Oscuridad (Spoiler)

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Continuaron por los pasillos de la antigua catedral hasta llegar a una sala más grande en donde se encontraban varios muertos vivientes rodeando un miliciano malherido. Éste levantó una mano hacia las aventureras con una expresión entre desesperación y resignación en su rostro. «Creímos que los muertos no saldrían de aquí... ¡Sálvame Akarat!» alcanzó a decir antes que un manotazo de un alzado le rompiera el cuello. Los proyectiles no fueron suficientes para acabar con el grupo a tiempo. Uno entre ellos destacaba. Era inmensamente obeso y parecía haber sido cosido en varias partes. A pesar de su tamaño, el grotesco se movía rápido, por lo que la arcanista lo tomó como objetivo de su rayo de escarcha mientras la cazadora se encargaba de los demás. No aguantó mucho el frío, por lo que pronto se conmocionó y literalmente estalló en pedazos, regando el lugar con sus visceras y bañando el suelo con su sangre. Sin embargo, también salieron de él varios gusanos que se arrastraron raudos hacia las muchachas. La arcanista se sorprendió, pero reaccionó rápido y lanzó numerosas descargas pulsátiles. Aunque no podía controlar su dirección, su número fue suficiente para encargarse de la amenaza.

Rodeando la sala habían varias habitaciones pequeñas, por lo que se separaron para buscar en un área mayor. La arcanista encontró principalmente libros sin mucho valor en estantes y unos cuantos murciélagos carroñeros, que no fueron problema para sus proyectiles arcanos, mientras que la cazadora sólo encontró cadáveres y un puñado de alzados. Revisado el lugar, avanzaron por el único pasillo que quedaba por inspeccionar. Caminaron un largo trecho antes de encontrarse con un solitario grotesco quien no duró mucho, a pesar de sus gusanos.

Un poco más adelante, el pasillo se ensanchó dando espacio a una escalera que subía un nivel, y a un pasillo perpendicular. Decidieron subir primero, y arriba encontraron otro grupo que eliminaron combinando el ataque de escarcha con las flechas. Limpio el lugar, revisaron las piezas laterales y un altar de escriba, en donde encontraron un antiguo texto. Era un pergamino de un tal Lachdanan. En él se podía leer que fue él quien mató al rey Leoric. La arcanista se quedó pensativa un rato mientras la cazadora bajaba las escaleras. Sabía algunas cosas sobre Tristrán, Leoric y su caída, pero era distinto aprenderlo por maestros que ver un manuscrito de la misma persona que participó en los acontecimientos. Miró atrás y, al ver que la cazadora se había adelantado, guardó el pergamino. Quizás le fuera útil luego, y si no, de igual modo tenía un valor histórico bastante alto.

La cazadora se estaba entreteniendo con unos cuantos muertos vivos. El grotesco estaba controlado por las boleadoras, por lo que iba eliminando con calma a los demás. En eso, un rayo helado se conjuró cerca suyo, cubriendo de escarcha parte de su pelo. Miró seria hacia atrás a la arcanista, quien mantenía el haz de frío y la miraba burlona.

— Molesta, ¿No? —le dijo sonriendo.

El sonido de una explosión la hizo mirar adelante y vio la maraña de gusanos salir del cadáver del grotesco, quien acababa de estallar. Entre las saetas y la escarcha, las lombrices no tuvieron oportunidad.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 09:42 PM CDT
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Un brillo extraño en el pasillo le llamó la atención. Al acercarse vio un par de cofres, cuyas cerraduras cedieron ante el disparo a quemarropa de la ballesta. Dentro encontró algo de oro y algunas prendas. La arcanista se le acercó, luego de haber eliminado un par de muertos vivos que estaban cerca.

—No deberías dejar a esos sueltos por...

Un jubón de cuero grueso que la cazadora le tiró en la cara la interrumpió.

—¿Pero qué crees que haces?

La cazadora se quitó el calzado y se puso las botas de cuero duro que encontró en el baúl.

—Si queremos seguir vivas, necesitaremos algo más que piel para protegernos —le respondió con calma.
—¿Ah? ¿Y cuánto tiempo crees que tiene esto?
—Bastante, pero se ve bastante bien conservado. No seas quisquillosa. Con un par de sacudidas le sacas el polvo.

La arcanista miró la prenda y la sacudió un poco, pero aún no se veía convencida.

—¿Y bien? ¿Te lo vas a poner o nos vamos así?
—Vale, dame un minuto.

La taumaturga se apoyó tras un pilar y se quitó la túnica de tela que llevaba. Desde hace un tiempo que quería deshacerse de ella, pero no era esta la manera en que había pensado hacerlo. Dio un suspiro y se puso el jubón. Era algo más pesado, pero en cierto modo se sentía un poco más segura. Guardó la túnica y se reunió con su compañera. Ésta estaba preparando unos pequeños objetos y los guardó en una bolsa aparte.

—¿Lista?
—Vamos.

Apuraron el paso y cruzaron una sección destrozada unida por unos tablones viejos que alguien había dispuesto ahí quizás desde hace cuando. Un puñado de muertos vivos las esperaban al otro lado, pero terminaron desparramados inertes por el suelo. Revisaron un par de habitaciones contiguas, encontrando poco más que algo de oro escondido y textos sin importancia. Bajaron una escalera derruída, para luego entrar por un pórtico cuya hechura era más elaborada que la de las habitaciones que habían revisado anteriormente.

Luego de avanzar un buen trecho, llegaron a un balcón. Desde ahí se podía ver que el cráter de la estrella continuaba hacia abajo y había atravesado este piso igualmente. Mientras trataban de figurarse cuánto más abajo podía estar la estrella, una voz gastada se escuchó tras una puerta cercana al cráter. Cuál fue su sorpresa al ver a un viejito saliendo angustiado de allí, perseguido por unos guerreros esqueléticos.

—¿Cain? —se preguntó la arcanista.
—Debe ser él. Vamos —respondió la cazadora, apresurándose a bajar las escaleras.

El anciano alcanzó a cruzar el delgado borde antes que un derrumbe del techo lo destruyera, llevándose a los esqueletos hasta el fondo. En ese instante, un aura verde se materializó cerca de donde había salido Cain y un fantasma se apareció. "El poder de la estrella caída me ha despertado" se escuchó en toda la sala. «¿El Rey Esqueleto?» murmuraron la arcanista y Cain al unísono. «Pronto todos sufrirán mi aflicción. ¡Guardias! ¡Tráiganme sus huesos!» terminó de decir antes de desaparecer y un par de proyectiles arcanos y flechas impactaran la piedra, sin acertarle.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 09:50 PM CDT
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Al momento de desaparecer, cuatro esqueletos se ensamblaron al lado del anciano. Éste trató de defenderse, pero los golpes de su báculo no parecían afectarlos.

—¡Atrás! —trataba de ahuyentarlos Deckard.
—¡Cain, te salvaré! —le gritó la cazadora mientras se lanzaba a la carga, disparando sus flechas.

Numerosos esqueletos comenzaron a ensamblarse por toda la sala. La cazadora lanzó sus boleadoras a los más cercanos a Cain y concentró sus disparos en ellos. La arcanista, mientras bajaba la escalera, lanzaba sus proyectiles arcanos a los recién llegados, pero eran demasiados. Para evitar alcanzaran al anciano, la taumaturga barrió el área con su rayo de escarcha. Sin embargo, el número de enemigos era tal, que muchos de ellos no se veían afectados y avanzaban hacia Deckard.

—¡Eso no es suficiente! —gritó la cazadora mientras se metía la mano a la bolsa, para luego llenar la zona alrededor de ella de abrojos.

Esto le daba apenas unos segundos para continuar lanzando sus flechas famélicas a los esqueletos más cercanos, pero el grueso del grupo se acercaba demasiado. La arcanista dejó de lanzar su rayo gélido y corrió hacia el grupo, mientras cargaba la mayor cantidad de energía arcana que podía. Esquivó un par de esqueletos rezagados y se metió en medio de ellos, para en ese momento liberar la energía acumulada como una nova gélida, que congeló a todos los enemigos. Viendo la oportunidad, ambas aprovecharon la momentánea ventaja para atacar indiscriminadamente. Los restos óseos congelados se acumularon en el suelo con rapidez, mientras el número de esqueletos disminuía rápidamente. Finalmente, tres consiguieron descongelarse, pero fueron rápidamente abatidos.

Antes de poder cantar victoria, cinco nuevos esqueletos se ensamblaron, pero uno de ellos era notoriamente más grande y se veía más resistente. La arcanista notó que no podría lanzar la nova pronto, por lo que utilizó su rayo de escarcha para ralentizarlo. La cazadora, mientras, arrojó unos cuantos abrojos alrededor, antes de entorpecer el caminar de los esqueletos restantes con sus boleadoras y empalarlos con sus flechas. Sin embargo, Tajacabezas resultó ser un rival más duro, por lo que la arcanista tuvo que detener su rayo gélido y tomar distancia. Las boleadoras de la cazadora le dieron el tiempo suficiente para escapar y luego continuaron atacándolo a dos bandas. En un principio indeciso sobre a quién atacar, el esqueleto finalmente decidió ir por Cain, pero no alcanzó a llegar y cayó hecho pedazos.

Deckard Cain: Gracias. Pero, ¿Por qué arriesgaste la vida por mí?
Arcanista: ¡Estás bien! La fortuna te sonríe, anciano. Vengo para regresarte con Leah.
Cazadora: Eh, que no estás sola.
Deckard Cain: Oh... Es maravilloso saber que Leah está a salvo. Temí lo peor.

El anciano se acercó a uno de los estantes de libros y movió algunos. Con un ruido sordo, uno de los estantes se movió y dejó al descubierto un pasillo.

Deckard Cain: Descubrí este pasadizo secreto en unos viejos mapas que hallé.

Deckard entró y subió las escaleras. Las dos aventureras se quedaron mirando.

Arcanista: Pues, no es como que le hubiese costado mucho salir después de todo.
Cazadora: A mí lo que me intriga es cómo sobrevivió por casi una semana aquí.
Arcanista: Cierto. Con todos esos muertos vivientes rondando...
Cazadora: Me refería al agua. Alguien como él no hubiese durado más de tres días.
Arcanista: Además recibió varios golpes de los esqueletos... se las arregló para escapar de los monstruos de aquí y fue el único superviviente de la vieja Tristram... Definitivamente, o tiene una suerte tremenda o es mucho más de lo que aparenta.
Cazadora: Supongo que tendremos que preguntárselo luego. Vamos.

Entraron por el pasadizo secreto y subieron las escaleras. Luego de un rato, llegaron a la superficie, saliendo desde una cripta. Ambas miraron alrededor extrañadas. En parte en busca de posibles peligros y en parte por el repentino contraste de estar batallando en la catedral y salir al exterior tan de repente.

Deckard Cain: Debemos hablar de la estrella caída. Acompáñenme a Tristram.

Se volteó a mirar y vio que las muchachas estaban más interesadas en un cofre que había cerca de un mausoleo que de lo que él decía.

Deckard Cain: Ehhh, creo que me adelantaré.

Y diciendo eso, desapareció por un portal que había al final del empedrado.

Mientras, las chicas se repartían el botín. El cofre estaba lleno de prendas, oro y un par de armas. Se cambiaron las prendas, pero como las armas no eran de utilidad para ellas, las guardaron. Luego de eso, cerraron el cofre y se dirigieron al portal, desapareciendo en el acto.
Modificado por TswordZ#1445 el 29/7/2012 04:41 PM CDT
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Grande mini historia , grandes y extravagantes personajes caracterizando a su propia clase , de seguro a todos nos encantaria que siguieras con esta historia en los demas actos con estos personajes tan peculiares , sinceramente un "Aplauso" , Felicidades :)!
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Gracias. Esa es la idea, aunque al paso que voy creo que terminaré después que salga la primera expansión XDDD Pero siempre que tenga tiempo continuaré añadiendo capítulos :-)

Ya de vuelta, vieron complacidas como Leah saltaba de alegría al fin poder encontrarse con su tío. Sin embargo, la arcanista estaba algo apurada por llegar donde la Estrella Caída, así que no les dio mucho tiempo y se acercó donde ellos.

Leah: ¡Tío, estás vivo!
Deckard Cain: Gracias a tí y a tus amigas.
Arcanista: Se nos acaba el tiempo, ¿Qué puedes decirme de la Estrella Caída?
Deckard Cain: No mucho, me temo; aunque la Profecía de los Últimos Días lo augura como una señal de que ha comenzado el fin...
Leah: Por favor, tío, basta de historias. Lo único que importa es que regresaste.
Deckard Cain: Pero es ella quién quiere saber al respecto.

Leah dio un suspiro. Se veía que estaba un tanto harta de las historias de su tío. Sin embargo, muy a su pesar, la arcanista se veía interesada en esos relatos.

Arcanista: ¿Qué puedes decirme del Rey Esqueleto, entonces?
Deckard Cain: El Rey Esqueleto fue nuestro querido Rey Leoric. La perversidad de Diablo lo enloqueció. Perdió ambos hijos y su propia alma antes de ser derrotado. Ahora, parece que ha despertado para asolar esta tierra una vez más.
Arcanista: Ya veo. Un relato triste, pero debo alcanzar la Estrella Caída y el Rey Esqueleto se interpone en mi camino.
Deckard Cain: La clave para destruirlo está en su antigua corona. Edrig, nuestro herrero, sabe dónde encontrarla. Búscalo.
Arcanista: ¿Sólo en la corona? ¿Tan poco se requiere para revivir un rey no-muerto?
Deckard Cain: Gran parte de las energías oscuras que se usaron para reanimarlo yacen en esa corona. Por sí sola no sería suficiente, mas ahora que el Rey Esqueleto ha despertado nuevamente, bastará ponerle la corona para revivirlo.
Arcanista: Entiendo. Muchas gracias. Voy en busca de Edrig.

La arcanista se volteó, pero se extrañó al ver que la cazadora había desaparecido. Miro alrededor, pero no la vio por ninguna parte.

—Supongo que ya partió en su busca —suspiró.

Mientras, podía oir como Leah y su tío discutían sobre los textos y la Profecía. Leah en cierto modo parecía verlo como simples historias mientras Deckard Cain las tomaba muy en serio.

Se dio vuelta a mirarlos. Aunque la situación ameritaba prisa, la oportunidad de encontrarse y poder hablar con Deckard Cain era única. No creyó apropiado irse así sin más. Quizás pueda obtener algo más de conocimiento de él.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 09:58 PM CDT
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Arcanista: Separando las leyendas de la realidad... ¿Quién eres?
Deckard Cain: Soy el último de los Horadim. No pude afirmar esto siempre. De hecho, si hubiese regresado a las doctrinas horádricas antes, podríamos haber evitado el reinado de terror de Diablo.
Arcanista: No puedes dar crédito a eso.
Deckard Cain: Cuando apareció la primera señal no hice nada. No les presté atención a las historias... como si fuesen fantasías. Y Tristram, no, el mundo, ha pagado mucho por mi arrogancia.

La arcanista le dio una mirada a Leah. Ahora era ella quien no tomaba en cuenta los relatos. Sin embargo, Nueva Tristram no estaba sola. Había quienes estaban dispuestas a enfrentar cualquier amenaza que pudiera traer la estrella.

Deckard Cain: Traté de compensar mis errores. Leah y yo hemos pasado toda la vida explorando el mundo, buscando fragmentos de la Profecía de los Últimos Días. Si la interpreto, tendremos la clave para vencer a los Señores del Infierno.
Arcanista: He leído un poco sobre ello. Fragmentos, nada más. ¿Qué me puedes decir sobre lo que has encontrado?
Deckard Cain: La Profecía de los Últimos Días aparece en los tomos horádricos que me legó mi antepasado, Jered Cain. Es una advertencia para quienes puedan interpretarla. Habla de la última invasión infernal al mundo y la escribieron muchas personas de diferentes tierras durante la historia. Sin embargo, todas las versiones de la Profecía están incompletas. Pasé gran parte de los últimos veinte años tratando de completarla. Estimo que tiene la clave para vencer a los Señores del Infierno.
Arcanista: Quizás sea más una advertencia de cuándo sucedan esos acontecimientos que una forma de acometerlos. Por cierto ¿Cuál es la verdad sobre el Rey Leoric?
Deckard Cain: Diablo trató de poseer a Leoric, pero él se resistió. Tal esfuerzo lo dejó exánime y apabullado. Cuando su hijo Albrecht fue capturado para ser el nuevo poseso, Leoric perdió por completo la razón.
Arcanista: ¿Qué pasó cuando se convirtió en el Rey Esqueleto?
Deckard Cain: Comandó un ejército de muertos desde las profundidades de la catedral, para servir al Señor del Terror, que tanto resistiera. Muchos trataron de asesinar al Rey Esqueleto y fallaron. Aidan, el hijo mayor, cumplió con la misión de eliminar al monstruo que antes fuera su padre.
Arcanista: ¿Su propio hijo? Había leído que había sido un guerrero que había sido enviado a la Marca del Oeste.
Deckard Cain: Así es. Durante mucho tiempo se ignoró la identidad de aquel valeroso guerrero. Sin embargo, investigando numerosos manuscritos, logré averiguar que realmente fue su hijo Aidan quien cargó con el peso de eliminar al Rey Esqueleto.

Aidan, ese nombre le sonaba. ¿No era el que mencionaba el diario de Adria? Eso corroboraría el parentezco de Leah con el linaje del Rey Leoric...

Sacudió la cabeza. No era momento para pensar en eso. Debía encontrar al herrero. Se despidió del anciano y fue donde el capitán Rumford a preguntarle sobre su ubicación. Éste le respondió que estaba cuidando a los que podrían convertirse por haber sido heridos por los alzados. También mencionó que la esposa de Edrig estaba ente los heridos y que su abuelo, el canciller del Rey Leoric, cayó muerto cuando el primer mal se propagó sobre Tristram, veinte años atrás.

Iba a partir en su busca, cuando vio a Leah algo más desanimada. Le causó extrañeza considerando que recién estaba saltando de júbilo. Se acercó a preguntarle. De primera no dijo nada malo, pero al recordar su vida con Cain, se hizo notar que ella estaba un tanto decepcionada que su tío siguiera con la investigación sobre el final de los tiempos y la Profecía. Para cambiar de tema, le preguntó sobre su madre. No fue muy distinto. También tenía esa obsesión con los ángeles y demonios, además de lo arcano. No sacó mucho en claro sobre su muerte, pero según dijo, Deckard Cain creía que terminó pagando el precio de una vida llena de locura y horror.

Se alejó pensando que quizás ahora la había dejado más aproblemada, aunque al menos ya había conseguido devolverle algo importante. Su tío. Ahora faltaba salvar Nueva Tristram.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 10:00 PM CDT
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Caminó hacia las puertas de Nueva Tristram, pero al no verlo por ahí, se devolvió hacia la taberna. Desde ahí, pudo ver como un camino que anteriormente estaba tapado con una carreta ahora estaba libre. Inicialmente había pensado que era una barricada, pero al comprobar que el pueblo continuaba más allá, se dirigió ahí. Un hombrecito calvo y barbón se quejaba al lado del carromato.

Arcanista: ¿Sabes dónde se encuentra el herrero?
Prefecto Holus: ¿Cómo te atreves a hablarme así? ¡Soy Holus, el prefecto de este pueblo!
Arcanista: Por lo visto no lo sabes. ¿Por qué te lamentas tanto?
Prefecto Holus: Sacaron mi carreta del camino, pero ¿Para qué? No se puede reparar. Tendría que cavar un pozo y echarme a morir.
Arcanista: Si eso te hace sentir mejor, quizá deberías hacerlo.

Mientras la arcanista hablaba con Cain, la cazadora se dirigió a la taberna a conseguir información. Los pobladores hablaban sobre lo ocurrido. Algunos sobre los crímenes que Leoric había hecho en vida, como mandar decapitar a su esposa. Otros se preguntaban sobre su alma sin descanso, mientras el tabernero creía que todo era culpa del nombre de la ciudad.
Sin mucha información útil, se dirigió a la pieza de Leah, dónde encontró una nueva entrada en su diario. Éste hablaba sobre la vuelta de su tío Deckard y su alegría por ello. Además, ponía el punto de la preocupación ante la confirmación de que el Rey Esqueleto había despertado.

Cerró el libro y se quedó pensativa unos momentos. ¿Cómo escribió eso si recién habían llegado de vuelta? ¿Era sólo una entrada sobre lo que deseaba o tenía algún tipo de poder clarividente? Como fuera, no encontró nada sobre el herrero, por lo que decidió buscarlo por su cuenta. Salió raudo de ahí y comenzó a recorrer la ciudad. Acostumbrada a estar atenta a cualquier ruido que pudiera alertarla sobre una amenaza, era capaz de escuchar las conversaciones de la gente mientras corría. Algunos debatían sobre Leah y de dónde sacaba la fuerza que la impulsaba a ayudar a todos. Ciertos soldados se quejaban sobre los recortes en las raciones, mientras otros pobladores no veían con buenos ojos a las recién llegadas a la ciudad.
Dando miradas rápidas, vio a un hombre con cara de preocupado que aún sostenía un pesado martillo en su mano derecha. Debía ser él, por lo que se dirigió allí.

Cazadora: Herrero, Deckard Cain dijo que podrías ayudarme a encontrar la corona de Leoric.
Edrig: Déjame. Es mi mujer... Está encerrada en el sótano con todos los que fueron mordidos. Debo matarlos. Pero, ¿Como asesinaré a mi propia esposa?
Cazadora: A veces la muerte es la única misericordia que podemos dar. Te ayudaré.
Edrig: Te lo agradezco. Sígueme.

Edrig encabezó la marcha y ambos se dirigieron hacia un sótano que había sido cerrado. Abrió la pesada puerta de madera y entraron al sótano de los condenados. Era un pasillo bastante espacioso. Había varias camillas para transportar a los heridos, y mesas y sillas para que pudieran comer mientras aún estuviesen estables. Sin embargo, actualmente estaban todos encerrados tras una puerta tapiada suficientemente resistente para contenerlos cuando se transformaran.

Edrig: Aquí es...
Cazadora: Llegó la hora de poner fin a su sufrimiento...
Modificado por TswordZ#1445 el 28/5/2012 07:09 PM CDT
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Una enorme bola de poder arcano impactó contra la puerta, destrozándola. Edrig, asustado, miró hacia atrás mientras la cazadora tan sólo se sonrió.

—No vuelvas a dejarme atrás, chica-flecha —le dijo la arcanista, algo molesta.
—Pensé habías dicho que no me seguirías —contestó, aguantando el fastidio de que la llame de esa forma
—Se necesita potencia para cosas así. Con tus flechas, esos alzados se hubiesen terminado de descomponer antes de que pudieras entrar.
—Vale. Recordaré llamarte cuando necesite demoler cosas. De las presas me encargo yo.

Antes que la taumaturga le respondiera, saltó hacia delante y clavó una saeta en la frente de los dos muertos vivientes más cercanos. Los demás ya estaban terminando su transformación entre gemidos de dolor.

Edrig: Amigos míos... perdónenme.
Arcanista: No es tu culpa Edrig. Ellos así lo hubieran querido.

La cazadora comenzó a limpiar el lado izquierdo, usando su tiro enredante para ralentizarlos y luego finiquitarlos con sus flechas famélicas, mientras que la arcanista barrió el lado derecho con su rayo gélido para luego lanzar a los grupos un par de inmensas bolas de energía arcana, que giraban alrededor de sí mismas dejando pequeñas partículas a su paso. Aunque de movimiento lento, la explosión al impactar fue tal que destrozó el mobiliario y mandó a volar a los muertos vivientes, quienes se azotaron contra la pared antes de caer inertes. Edrig sólo pudo dar el golpe final con su martillo a un par de alzados, tanto por el ataque de las aventureras como por el sentimiento de culpa que lo aquejaba.

Al final quedó tan sólo su esposa que, aunque aún humana, evidenciaba notorios signos de dolor y agonía, producto de las mordidas.

Edrig: Maira, mi amor, perdóname...
Maira: ¡Ahhhh! ¡Edrig! ¡Ayúdame!

La esposa de Edrig se agachó por el dolor y vomitó una sustancia verdosa. Al incorporarse, sus ojos estaban cristalinos y tenía la mirada perdida. Iba a dar un zarpazo al herrero, pero una flecha la interrumpió. La arcanista concentró su rayo gélido en ella. Sin embargo, ésta en vez de tratar de perseguirla, le escupió esa misma sustancia viscosa. La arcanista se agachó, deteniendo su rayo. Un tiro enredante le entorpeció los pasos a Maira cuando se disponía a atacar a la arcanista. Ésta concentró su energía en su mano y le arrojó un orbe arcano, cuya detonación hizo retroceder al cadáver andante. Ésta lanzó una especie de rugido cuando una cuchilla se le clavó en la frente. El impacto la hizo retroceder un poco, pero se mantuvo en pie.

—Descansa en paz, amor —murmuró Edrig al darle un martillazo en el cuchillo clavado, haciendo que finalmente cayera inerte.
Modificado por TswordZ#1445 el 14/7/2012 10:02 PM CDT
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Ambas aventureras se quedaron observando en silencio la escena. Difícil era enfrentarse a la realidad para que además el herrero tuviera fuerzas para darle el golpe final.

Edrig: No podría haberlo hecho sin ustedes. Estoy en deuda con ambas. Mi nombre es Edrig Eamon.
Arcanista: Bueno, Edrig. Cain me dijo que sabes dónde está la corona de Leoric.
Edrig Eamon: Puedo ayudarte con eso. Está enterrada con su canciller... mi abuelo. Encontrarás su tumba en el cementerio del Valle Dolido.
Cazadora: Gracias.
Edrig Eamon: A ustedes. Ah, y si ves al imbécil de mi aprendiz, dile que regrese enseguida al taller.

El grupo salió del sótano, pero se separó afuera. Edrig se dirigió al centro de la ciudad, mientras que la arcanista se sintió atraída por el llamado de un mercader.

Radek: Oye, acércate aquí. Conseguí unas cosas nuevas que tendrías que ver.
Arcanista: Veamos qué es lo que tienes.
Radek: Aquí nadie aprecia el trabajo que conlleva adquirir estos objetos tan finos. Te aseguro que no es fácil.
Cazadora: Ciertamente. No es fácil entrar a robar en las casas de otros.
Radek el perista: Yo no robo a nadie. Yo... sólo me dedico a vender.
Cazadora: Aún a pesar de estar asolados por demonios, los humanos aportan aún más desgracia al mundo.
Arcanista: Un perista es un problema menor en tiempo como estos, además que no tiene nada útil. Vamos mejor por la corona.

Se alejaron de él y fueron hacia la salida noroeste. Pidieron a los guardias les abrieran las puertas, pero en cuanto el paso estubo libre, un grupo de criaturas se apresuró en lanzarse hacia el pueblo. El par de milicianos apuntaron con horror sus arcos hacia la manada, mientras la arcanista dejó entrever una sonrisa y la cazadora ajustó su ballesta.

Un enorme orbe arcano hizo explosión en las criaturas que encabezaban la estampida, haciéndolos estallar en pedazos y retumbar el puente de madera que cruzaba el riachuelo. Una segunda detonación se dejó oir antes que un torrente de flechas impactara a los carroñeros. La arcanista alcanzó a lanzar un tercer orbe arcano antes de percatarse del disparo rápido de su compañera. Entre la multitud de flechas y la explosión del orbe, acabaron con toda la manada. Los guardias dejaron salir un pequeño suspiro de alivio, aunque aún temblaban, ahora más por el poder de las aventureras que por la amenaza de los carroñeros.

—A ver, ¿De cuántas saetas es el cargador de tu arma? —le inquirió la arcanista, con un tono desconcertado.
—¿Hm? Es sólo un disparo rápido —le contestó tranquila.
—Entiendo que puedas apretar el gatillo rápidamente, ¿Pero de dónde sacas todas las flechas?
—¿Podrías explicarme cómo haces para conjurar esas magias?
—Sí, pero no creo que entiendas. Se requiere mucha inteligencia para ello.
—Y para hacer funcionar estas ballestas se requiere mucha destreza, así que paso de explicarte.

La arcanista se molestó ante la respuesta. La cazadora no le hizo caso y cruzó el puente, pasando entre los cadáveres de los carroñeros. La arcanista no se quedó ahí mucho rato y también se dirigió al Valle Dolido, en busca de la corona de Leoric.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 04:57 PM CDT
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La gente pide mas , me encanta leer jaja.
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Un post pequeño, que ando algo corto de tiempo :-P

El número de muertos andantes aquí era más abundante que en la vieja Tristram, por lo que la marcha fue un tanto lenta. La mayoría de ellos estaban en pequeños grupos aislados, por lo que no suponían gran dificultad. Aún así, llevaba tiempo encargarse de todos los alzados cercanos. Ya un par de veces habían dejado a un par "vivos" para ganar tiempo, pero terminaron emboscándolas por la espalda mientras atacaban a unos carroñeros. Entre tanta matanza, terminaron alejándose un poco del sendero. Un numeroso grupo les llamó la atención.

—¿Esos cadáveres de ahí no se parecen a las madres miserables que eliminamos camino a vieja Tristram?
—No niego el parecido. Podrían ser la causa de la cantidad de muertos andantes del lugar.

Se acercaron, pero al hacerlo, esas criaturas comenzaron a regurgitar más cadáveres.

—Así que después de todo lo eran. Hay que eliminarlas, por la seguridad de Nueva Tristram —dijo la cazadora, mientras cargaba su ballesta.
—Y están mejorando. Ahora vomitan de a dos cadáveres. Acabemos con esto ya —respondió algo asqueada la arcanista.

Un par de saetas volaron y se clavaron en el primero de los cadáveres regurgitantes. Un orbe arcano les siguió, pero terminó estrellándose contra uno de los muertos, estallando y derribando a cuatro de ellos.

—Apunta mejor para la otra —dijo sonriendo la cazadora.
—Cállate.

La arcanista, molesta, conjuró otro orbe, pero nuevamente la enorme bola de energía arcana fue interceptada por un cadáver andante y estalló antes de llegar a su objetivo, liquidando a tres muertos voraces.

—Gracias por despejarme el campo de visión —rió la cazadora.

La taumaturga no contestó y lanzó otro orbe. Sin embargo, éste impactó en los cadáveres que había vomitado la tercera criatura. La detonación lanzó hacia atrás al no muerto, aunque no fue suficiente para eliminarlo. Un par de saetas que se clavaron en su frente inmediatamente después dieron el golpe final.

—No eres muy buena en eliminaciones selectivas —aseveró la cazadora.
—No tengo por costumbre limitar mi poder, más bien al contrario —refunfuñó la arcanista.
—Nadie dice que te limites. Sólo que te concentres en un sólo objetivo.
—De todas formas era mejor eliminarlos a todos.
—Sí, pero puede que en ocasiones necesites enfocarte en uno o dos oponentes.
—Puedo enfocarme, pero prefiero acabar con la masa completa.
—¿Sí? Pues elimina a una sola criatura de ese grupo de allí.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 05:01 PM CDT
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No muy lejos se encontraba un gran número de muertos andantes. Como se movían en todas direcciones, hacía difícil lanzar un orbe sin impactar a otros cadáveres, por lo que esperó a que alguno de ellos quedara solo. Pronto el grupo pareció dividirse en dos y un par de grotescos quedaron a la vista.

—¡Ahora! —se dijo la arcanista.

Lanzó su orbe, pero en ese momento uno de los grotescos se acercó al otro. Aunque el orbe arcano impactó en el objetivo, la explosión los alcanzó a ambos. Ondas se produjeron en sus barriga nauseabundas y varias heridas se abrieron, dejando salir un pus amarillento. Sin embargo, no fue suficiente para acabarlos. Para colmo, la detonación atrajo a todo el grupo, que se lanzó sobre la arcanista.

—¡Suficiente!

Conjuró un rayo gélido contra el grotesco que iba adelante. Éste comenzó a congelarse y a caminar más lento. Poco después, se vio azotado por fuertes convulsiones para finalmente estallar. La onda expansiva mató a tres muertos andantes y alcanzó a los otros dos grotescos. Uno de ellos se estremeció para luego explotar, destrozando a dos cadáveres regurgitantes junto a un par más de muertos vivos. Este segundo estampido fue suficiente para hacer estallar al tercer grotesco, que desmembró los no muertos restantes y mandó a volar las lombrices que salieron de los cadáveres putrefactos de sus compañeros.

—No hay caso contigo.. —dijo la cazadora, mientras se llevaba la mano a la cara—. Aunque te enfoques en uno, terminas destrozando a todos.

Con rabia, la arcanista lanzó un orbe arcano a las lombrices restantes, enviándolas a volar con la explosión, que terminaron cayendo sobre los árboles.

—Perdona por no ser cazadora de demonios como tú —respondió enfadada—. Tengo otro estilo para luchar contra mis oponentes. Si no te gusta, te aguantas.

Y diciendo eso, marchó decidida hacia el cementerio. La cazadora la seguía desde atrás, observando pensativa como la arcanista lanzaba orbes y proyectiles arcanos a todo monstruo que pasara frente a ella. Más adelante, reventó unos barriles usando un orbe arcano, haciendo que las prendas que contenían trazaran un arco de varios metros en el aire. La cazadora se acercó a ellos, suspirando.

—Si sigue rompiendo todo así, dará igual el estado en que se encuentre la ropa que podamos hallar —murmuró dejando caer las muñequeras de cuero rajadas.

Un movimiento en los árboles cercanos la alertó. Apenas alcanzó a apuntar con la ballesta cuando cuatro torsos famélicos salieron de entre los arbustos, arrastrándose donde ella. Retrocedió rápidamente, pero de entre el bosquecillo cercano salieron cuatro torsos más. Disparó un par de saetas, eliminando a uno de ellos. Empaló a otro con una cuchilla antes de quedar rodeada. Mientras se preparaba para disparar a un tercero y aguantar los mordiscos de los demás, una bola de poder arcano estalló en medio. El impacto arrojó a la cazadora de espaldas, dando ésta una voltereta antes de caer de pie. Los torsos, en cambio, rodaron por el pasto como si fuesen canicas, antes de quedar inmóviles, con un aura violácea envolviéndolos.

—A veces es bueno golpear en masa —manifestó triunfante la arcanista.

La cazadora movió la cabeza como diciendo «No tienes remedio», antes de incorporarse y continuar la marcha.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 05:06 PM CDT
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Genial!
Tswordz ya te salio competencia jajaja y creo que voy a meter mano en esa nueva historia, aunque tengo ideas para otro historia, que sera en honor Diablo I, tu que me recomiendas
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Hmmm, sería interesante una historia sobre el Diablo 1. Personalmente, ese no lo jugué, y me gustaría conocer un poco más del lore de ese. Y de hecho, el dos sólo lo jugué una vez (Traté de pasármelo de nuevo, pero llegó el 3 antes que pudiera alcanzar el acto 4 en el Diablo 2 xD)

Hmmm, la verdad, tengo curiosidad en saber hasta cuantas páginas puedo hacer llegar esta historia, por lo que la continuaré hasta el final. Si tienes una idea para la historia del Diablo 1 dale con esa, así tenemos más hilos en el Archivo Horádrico, que está muy pelado XDDDD

Ya, es hora de que las chicas sigan su viaje, que se están tomando mucho tiempo en ello XD

Un poco más adelante vieron los restos de una fogata junto a una casucha. Cerca de una grieta en el suelo, se encontraba un bulto. Al acercarse a él, comprobaron se trataba de un cuerpo. Al registrarlo, encontraron un martillo de herrero junto a una espada que parecía haber sido forjada hace poco.

—Demasiado tarde. El aprendiz del herrero está muerto —dijo la cazadora, dando un suspiro.
—Le informaremos luego. Debemos seguir —le contestó una apresurada arcanista.

Sin embargo, numerosas vibraciones en el suelo las pusieron en alerta.

—Les encantan las emboscadas, ¿No? ¡Salgamos de aquí! —avisó la cazadora.

Ambas aventureras se apresuraron en alejarse del pequeño campamento, al tiempo que numerosos cadáveres abandonaban la fría tierra para volver a andar de nuevo. «Suficiente de correr» exclamó la arcanista antes de detenerse y lanzar un orbe arcano a un grupo de resucitados que escalaban por la grieta. La explosión los mandó de vuelta hacia las profundidades, dejándose oir un sonido sordo pocos segundos después.
La cazadora, en tanto, había dejado caer unos abrojos durante la huída, lo que le permitió ralentizar y reunir a un grupo de muertos voraces, a los cuales comenzó a castigarlos con su disparo rápido. Sin embargo, un orbe arcano hizo explosión al medio del grupo, despedazando los cadáveres y desparramando sus restos putrefactos por todo el lugar. La cazadora miró molesta a su compañera.

—¿Pasa algo? —preguntó la arcanista.
—... No me gusta me arrebaten mis presas —contestó seria la cazadora.
—Te estaba llevando mucho tiempo. De esa manera era más rápido.
—De todos modos no vuelvas a hacerlo.

Siguieron avanzando hasta encontrar otro grupo, a cuya cabeza se encontraban un par de cadáveres regurgitantes. La arcanista lanzó un par de orbes arcanos, destrozando a los muertos vivientes. La cazadora sólo alcanzó a lanzar un par de dagas, lo que la enfadó bastante.

—Te divierte esto... ¿No?
—¿De que hablas?
—Te dije que no lo volvieras a hacer.
—Pensé habíamos quedado en que yo me encargaba de las masas y tú de los objetivos puntuales.
—Sí, pero aquí no es que haya un líder que acabar.
—Entonces encárgate de los aislados. Vamos, ya puedo ver algunas tumbas.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 05:10 PM CDT
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En efecto, un poco más allá de los árboles, se podían divisar las lápidas de aquellos olvidados, y no tanto, que yacían bajo la fría tierra. Pero como era de esperarse, ya varios habían visto interrumpido su sueño eterno.

Afortunadamente para la cazadora, dispersos como se encontraban, no sería favorable para la arcanista usar sus orbes, por lo que, desde la distancia, comenzó a disparar sus flechas famélicas. La arcanista corrió un poco más antes de iniciar el ataque con sus proyectiles arcanos. Varias de las saetas perforaban los pútridos cuerpos para impactar a más presas, mientras que los proyectiles arcanos infrigían serias heridas que hubiesen podido matar de un sólo impacto a una persona normal.
Aunque al principio no eran muchos, conforme avanzaban hacia el cementerio el número de cadáveres ambulantes aumentaba, e inevitablemente comenzaron a formarse los grupos de enemigos. Carne de cañón para la arcanista, que no dudó en conjurar sus poderosos orbes arcanos contra ellos. La detonación levantaba a esos resucitados del suelo, al tiempo que destruía las lápidas cercanas. Como si no fueran suficientes, del suelo comenzaron a emerger un gran número de muertos, famélicos luego de tantos años bajo tierra.

—¡Ja! ¿Es todo lo que tienen? —exclamó burlona la arcanista.

Hizo detonar un par de orbes arcanos sobre los recién llegados antes de continuar atacando con sus proyectiles mágicos. Sin embargo, el número de cadáveres andantes parecía aumentar en vez de menguar. La cazadora sopesó rápidamente la situación y notó que los resucitados emergían de las tumbas cuyas lápidas habían sido destruídas.

—¡Deja de usar esos ataques! —gritó la cazadora.
—¿Nuevamente con eso? —respondió molesta la arcanista.
—Si destruyes las lápidas, apareceran más de estos.
—¿Qué lógica tiene eso?
—Si destruyeran tu casa, ¿No saldrías a defenderla?
—... Igual no me convence mucho eso.
—Da lo mismo. Para eso ya.

La arcanista dio un suspiro y empezó a lanzar solamente proyectiles arcanos. Sin embargo, éstos no era los suficientemente potentes y se requerían un par de ellos impactados certeramente para acabar con un resucitado.

Éstos comenzaban a ganar terreno a las aventureras, que iban retrocediendo lentamente hasta quedar de espaldas a una profunda grieta que atravesaba el exterior del cementerio.

—Esto es tu culpa —mencionó la cazadora—. Si te hubieras contenido un poco, ya hubiésemos llegado.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 05:13 PM CDT
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En eso, una de las flechas famélicas se devolvió e impactó al alzado al cual la cazadora iba a empalar con una daga. Ésta siguió de largo y destrozó uno de las lápidas, mientras que otra saeta perforaba el torso de un muerto voraz y terminaba impactando otra losa, que cayó partida en tres partes.

—¿Ves que esto no es sólo mi culpa? —comentó la arcanista.
—...

La horda voraz se estaba acercando demasiado y ambas mujeres no podían retroceder más. Una gota de sudor frío corrió por sus frentes, mientras la arcanista tomaba una decisión.

—No es momento de limitarse. O vamos todo por el todo o llegamos hasta aquí.
—... No tienes remedio... pero tienes razón.

La arcanista comenzó a acumular poder arcano en sus manos mientras la cazadora ajustaba su ballesta. Un segundo después la arcanista liberó un rayo gélido con el cual hizo un barrido, ralentizando notoriamente a los resucitados que iban delante. La cazadora a su vez, ejecutó su disparo rápido, con el cual llenó de saetas a la vanguardia de la horda de muertos vivientes. Ambos, el rayo gélido y el torrente de flechas, ondulaban de una dirección a otra como si fuera el movimiento de dos serpientes que se entrelazaban. Aunque más losas fueron destruidas, el avance enemigo se detuvo, para luego comenzar a retroceder dada la cantidad de cadáveres que volvían a su estado inerte. Sin embargo, el esfuerzo comenzaba a agotarlas. La arcanista sentía como su poder arcano se iba agotando rápidamente, mientras que a la cazadora le comenzaba a faltar el odio necesario para disparar a esa velocidad sobrehumana. Pronto, ambas serpientes, la de hielo y la de saetas, desaparecieron, dejando en un extremo una horda de muertos vivos hambrientos y al otro, un par de aventureras agotadas al borde de un barranco.

Ambas, extenuadas, comenzaron a lanzar proyectiles arcanos y flechas famélicas, pero su impacto no era suficiente. La horda volvía a avanzar. Cerrando los ojos, cesaron el ataque por un momento. Si no podían usar sus mejores ataques, entonces mejorarían los que tenían. La arcanista se concentró más en sus proyectiles antes de volver a lanzarlos. Estos cambiaron su habitual forma redondeada por una más inestable y de un color más profundo, mostrando la mayor concentración de poder en ellos. El estallido potente que causaban era suficiente para destrozar el torso de un resucitado con un sólo golpe.
La cazadora, al cerrar los ojos, rememoró los trágicos momentos de su pasado. Aquellos en los que había perdido todo, sin poder hacer nada para evitarlo. El odio aumentó en ella haciendo que sus flechas se imbuyeran de él. Cada saeta que disparaba le recordaba ese momento, ese dolor. Le recordaba el porqué seguía luchando. Sus disparos ahora atravesaban aún más cuerpos antes de detenerse. No pararía. No mientras ellos sigan llegando.

La detonación de un orbe arcano y el sonido seco de dos dagas clavándose en los cráneos de unos muertos voraces daban por terminado el combate. Las afueras del cementerio quedaron bañadas de sangre pegajosa, con un sinnúmero de cadáveres inertes en el suelo, junto a los restos de los que antes eran sus sepulcros. La arcanista lanzó un par de orbes, cuya explosión abrió un sendero entre los cuerpos.

—Ya no me fío de estos... —murmuró

La cazadora esbozó una pequeña sonrisa. No esperaba mejorar su ánimo tan pronto luego de la experiencia reciente. Animada, siguió a su compañera a las puertas del Cementerio de los Olvidados.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 05:16 PM CDT
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Termina la historia asta el final , los IV actos y si hacen un concurso , sere el primero en apoyarte con tu historia jaja , muy buena.
Modificado por SirPhillip#1344 el 5/6/2012 06:35 PM CDT
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Debido a una gripe con runa de romadizo que me ha afligido durante este fin de semana, y en menor medida a la beta de Guild Wars 2 (Que no pude disfrutar como quería por la gripe), terminé retrasándome con la historia. Para compensar, será un texto más largo :-)

No estaba segura de si fueron los resucitados o alguna detonación de sus orbes, pero el portón del cementerio estaba abierto. Las lápidas de allí estaban mejor organizadas que las de afuera, pero aún así no dejaba de sentirse un aura lóbrega en el lugar. Avanzaron de forma más cuidadosa entre las tumbas, atentas a cualquier movimiento o vibración en el suelo. Varias criptas se podían encontrar en los límites del camposanto, mientras en el medio había una pequeña terraza de mármol.

—Bien, ya estamos aquí, ¿Pero dónde buscamos? —preguntó la arcanista.
—Tendremos que revisar cada una de las criptas, naturalmente —contestó calma la cazadora.
—¿Nos separamos entonces?
—Mejor no. Si una encuentra la corona... o problemas, no podrá comunicarse con la otra.
—Bien, entonces...

Un crujido en la base de unas escalinatas las alertó. La cazadora apuntó con su ballesta de mano hacia el lugar de donde provenía el ruido, mientras que la arcanista lanzó rápidamente un orbe arcano hacia la posición.

—¿Qué haces? —expresó desconcertada la cazadora al ver la acción de su compañera.

Como era de esperarse, la detonación reventó un par de lápidas cercanas, además de atraer a los vigilantes de la zona. Un grupo de esqueletos comandados por uno que parecía ser más resistente que los demás. Para empeorar las cosas, un par de esqueletos comenzaron a desenterrarse de las tumbas cuyas lápidas fueron destrozadas.

—No de nuevo... —se lamentó la cazadora.
—¡Deja de quejarte y dispara! —le contestó la arcanista, mientras lanzaba otro orbe al grupo.

Dos losas más saltaron en pedazos, mientras que los esqueletos que habían emergido fueron descuartizados por el ataque. Sin embargo, los del grupo de vigilantes aguantaron bien el impacto.

—Espero no tengas problemas en acertarles a estos flacuchos —comentó la arcanista— Sería por lo menos cómico que tus flechas pasaran de largo entre sus huesos.
—No cambia nada. Se sigue el método estándar —contestó seria la cazadora.
—¿Y cuál es? ¿Dispara a todo lo que se mueva?
—Apunta a la cabeza.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 05:20 PM CDT
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