Diablo® III

Una luz en la Oscuridad (Spoiler)

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Diciendo esto, lanzó dos dagas a los esqueletos más cercanos, que dieron de lleno en sus cráneos blanquecinos. El impacto los hizo retroceder un poco y pareció aturdirlos unos momentos. Tiempo suficiente para que una flecha famélica los perfore, haciendo que cayeran inertes al suelo. El otro par, en cambio, se vio detenido en su carrera por la detonación de un orbe arcano. Un segundo impacto los acabó, destrozando sus restos que terminaron repartidos por todo el camposanto.

—Con suficiente poder lo que importa es acertar simplemente —rió la arcanista.

El líder del grupo se acercó rápidamente hacia ellas, haciendo mandobles con su espada. Un tiro enredante lo ralentizó, permitiendo a la arcanista alejarse a una distancia prudencial, desde donde comenzó a lanzar su rayo gélido. El esqueleto, a pesar de verse enredado y congelado, aún conseguía moverse con relativa rapidez. Ambas se turnaban para retroceder mientras la otra continuaba su ataque. Sin embargo, repentinamente, el esqueleto literalmente desapareció. No se hizo polvo ni se destrozó. Simplemente, desapareció.

La arcanista miraba atónita como su objetivo se había esfumado cuando un grito la alertó.

—¡Detrás tuyo!

Apenas alcanzó a voltearse levemente para ver de reojo como el esqueleto desplegaba un mandoble sobre ella. La hoja dio sobre su hombro, haciendo saltar un trozo de la protección del jubón de cuero. El impacto la hizo caer al suelo, adolorida.

—¿Qué haces? ¡Muévete! ¡Sal de allí! —le gritó la cazadora, mientras disparaba sus flechas enredantes.

La arcanista, algo aturdida, lanzó un orbe arcano. La explosión tan cercana detuvo el avance del esqueleto mientras que la arcanista se vio deslizada hacia atrás. El shock la despertó, por lo que se puso de pie rápidamente y retrocedió un poco más mientras le lanzaba a su oponente una serie de proyectiles arcanos. El esqueleto recibió unos cuantos estallidos antes de volver a desaparecer.

—¡Demonios!- exclamó la cazadora al sentir una presencia detrás suyo.

Se impulsó hacia delante para alejarse rápidamente de ahí, pero al mirar de reojo hacia atrás vio como el esqueleto ya tenía la espada en alto. En ese momento un rayo gélido le impactó en el cráneo, ralentizándolo. Sin embargo, no fue suficiente para detener el ataque. La hoja raspó la bota de la cazadora, haciéndola dar una voltereta en el suelo al perder el equilibrio.

—Bastardo... ¡Toma esto!

El dolor en su tobillo la enfureció, por lo que se puso en cuclillas antes de usar su disparo rápido sobre el enemigo. El esqueleto no aguantó mucho más el castigo de ambos ataques y terminó desmembrándose, para luego ser pulverizados sus huesos congelados ante el torrente de flechas.

—Eh, ya cálmate. No es necesario que lo reduzcas a polvo —opinó la arcanista.

La cazadora jadeaba ligeramente. Cerró los ojos, dejando escapar una profunda exhalación antes de incorporarse nuevamente.

—Perdona. Ya estoy bien —y al ver el hombro de la arcanista agregó—. ¿Y qué tal tú?
—Duele un poco, pero estoy bien, aunque no creo que el jubón soporte otro golpe en esa zona.
—Te dije que necesitaríamos protección adicional.
—¿A qué viene ese comentario? Al menos en eso te hice caso.
—Es sólo para que no creas que las sugerencias que te hago son para limitarte o algo así. Las hago para aumentar nuestras probabilidades de supervivencia.
—Bueno, te doy ese punto. Ahora, ¿En cuál cripta buscamos?
—Hmmm, la verdad no hay ninguna que destaque sobre las demás...
—Entonces busquemos ahí.
—No, creo que mejor allí.
—Pues yo creo que debe estar en la cripta que te señalé.
—Tengo el presentimiento de que estás equivocada.
—Eso no es suficiente argumento.
—El tuyo tampoco.
—No empecemos de nuevo. ¿Sabes? Mejor vamos a la tercera.
—¿Hm? ¿Y ese cambio de opinión?
—Ninguna escogió esa. Así no habrá discusión. Después de todo, seguimos sin saber en cuál está.

La cazadora cerró los ojos y asintió levemente con la cabeza, esbozando una sonrisa.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 05:26 PM CDT
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Ambas se adentraron en la cripta profanada. El interior era mucho más espacioso de lo que pensaban. Más que una cripta, parecía una catacumba. El pasillo ancho presentaba algunas bifurcaciones. Aunque parte de algunas paredes y el suelo estaban derruídos, aún se podía apreciar cierto interés en que el lugar no sea un mero lugar de entierro más. Pequeños detalles en según qué sarcófa gos y arcos moldeados se podían encontrar casualmente. La cazadora se acercó a apreciar el grabado de un ataúd pétreo que se encontraba curiosamente apoyado en una pared. Estaba en eso cuando un proyectil arcano hizo estallar el ataúd. La cazadora quedó paralizada por unos momentos y luego, lentamente, se volteó a ver a la arcanista, que lanzaba proyectiles arcanos a todos los sarcófa gos y vasijas que estaban en el pasillo. Furiosa, le lanzó una daga que le cortó un mechón de pelo. La arcanista se detuvo en seco, mientras se acariciaba el cabello en la parte donde había sido cortado.

—¿Por qué... hiciste... eso? —murmuró la arcanista.
—No vuelvas a destruir algo que esté examinando —contestó seria—. Eso es algo que me molesta mucho.

La cazadora se volteó y continuó su marcha por el pasillo, pero intuyó algo y se lanzó al suelo, justo a tiempo para evitar una bola de energía mágica que pasó sobre su cabeza. Le dio una mirada furiosa a la arcanista, quién estaba de pie con una esfera de poder arcano puro contenido sobre su palma izquierda.

—No te vuelvas a meter con mi cabello —susurró furibunda la arcanista—. O este lugar también será tu tumba.
—¿Quieres comprobarlo?
—No. Lo que me importa es llegar donde la Estrella Caída. Nada ni nadie me lo impedirá, y eso te incluye a tí.

Diciendo eso, comenzó a avanzar. Pasó al lado de la cazadora, mientras ésta se incorporaba con cautela. Ante la ausencia de movimientos hostiles, continuó junto a ella.

Unos leves lamentos hacían eco más adelante. Al poco de avanzar, vieron un grupo de figuras fantasmagóricas que se lanzaron sobre ellas al verlas. La arcanista lanzó un par de proyectiles arcanos potenciados mientras la cazadora usó sus flechas famélicas. Los espíritus se desvanecieron al recibir los impactos, dejando nuevamente el lugar en silencio.

—No creí que tus flechas fueran a afectarles.
—Nuestro entrenamiento nos permite enfrentar todas las formas de corrupcíón.

Continuaron avanzando, eliminando en el camino a varios grupos de muertos voraces, murciélagos carroñeros y fantasmas. Un par de grotescos igualmente cooperaron en la matanza con sus explosiones.

Luego de avanzar un poco más se vieron emboscadas por un grupo de esqueletos que aparecieron reventando una de las baldosas del piso. Aprovechando su cercanía, la arcanista hizo detonar un par de orbes arcanos sin darles tiempo siquiera a reaccionar, mientras la cazadora esquivaba los cuchillos que le lanzaban un par de asesinos fantasmales, para finalmente devolverles su propio par de dagas, que los hizo desvanecerse en el aire al ser empalados.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 05:42 PM CDT
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Siguieron recorriendo los pasillos hasta que llegaron a una intersección abierta. En el centro había una gran cantidad de esqueletos. La cazadora calibró su ballesta antes de usar su disparo rápido sobre la masa ósea. La arcanista no quiso arruinarle la diversión esta vez, por lo que sólo usó sus proyectiles arcanos. Estaban en eso cuando sintieron un crujido detrás de ellas. Al voltearse vieron a tres esqueletos armados con espadas. Ambas saltaron hacia los lados, lanzando una daga una y un proyectil mágico la otra, destrozando los cráneos de dos de los no muertos. Antes de que lanzaran otro ataque, tres esqueletos comenzaron a materializarse con un aura oscura que provenía del grupo. La arcanista, al observar mejor, advirtió que habían tres guardatumbas entre los esqueletos, y que eran éstos los que conjuraban los nuevos enemigos.

—Vamos. Hay que encargarse del grupo del medio —ordenó la arcanista.
—Tú ocúpate de la masa. Yo los entretengo —contestó la cazadora.

Y así, ésta comenzó a correr en derredor, disparando sus saetas. La arcanista en tanto, a sabiendas de que sus proyectiles potenciados podían eliminar un esqueleto de un golpe, los lanzó selectivamente para poder abrir un espacio libre hacia los guardatumbas. Éstos continuaban conjurando nuevos esqueletos, pero la cazadora se encargaba rápidamente de ellos, y de algún otro que se alejaba del grupo mayor. El número de estos disminuía notablemente, y en cuanto hubo un espacio abierto, uno de los guardatumbas le lanzó una bola de poder mágico a la arcanista. Ésta se molestó por el reducido tamaño y la calmosa velocidad del proyectil.

—¡Así es cómo se lanza un proyectil arcano!

Conjuró un orbe arcano que lanzó hacia la apertura. Éste colisionó con el proyectil del guardatumbas, absorviéndolo en su rotación. La detonación dio directo en el objetivo, que soltó un alarido espectral al esfumarse el poder oscuro que lo mantenía con vida. La explosión además acabó con cinco esqueletos más, dejando al descubierto a los otros dos guardatumbas. «¡Ahora!» exclamó la arcanista, al tiempo que lanzaba dos orbes más a los creadores, que no pudieron evitar su destrucción ante tamaño estallido. Los pocos esqueletos restantes fueron eliminados rápidamente, dejando el lugar cubierto de trozos de huesos de diversos tamaños.

—¡La tumba espera! —gritó la arcanista mientras le daba una patada a un cráneo.

Éste dio bote por el pasillo y rodó por un buen rato antes de detenerse, aún intacto. La arcanista se molestó un poco. Quería ver cómo el cráneo estallaba en pedazos. Así que se dirigió hacia él.

—¿Adónde vas? —le inquirió la cazadora.
—Creo que aún no hemos pasado por aquí —contestó la arcanista.

Aunque era verdad, su verdadera intención era jugar un poco con ese cráneo. Pensaba patearlo una vez más y reventarlo en el aire con un proyectil mágico, pero al llegar a él vio al frente una enorme sala con una sola vasija al medio. Se le ocurrió otra idea y volvió a patear el cráneo, esta vez en dirección al recipiente.

—¿Y ahora qué estás haciendo?

La calavera dio directo en el jarrón, despedazándose con el impacto.

—¡Siiii, se rompió!
—No es momento de jugar. Tenemos que...

Las puertas tras de ellas se cerraron repentinamente, al tiempo que la vasija se elevaba en el aire con un aura azulina alrededor.

—No me lo creo. ¿Activé una trampa así?
—No te gusta la quietud, ¿No?
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 06:03 PM CDT
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Parte del aura se separó del jarrón y se dirigió a cuatro puntos en el suelo. El empedrado se agrietó en esas zonas y comenzaron a salir esqueletos desde ahí. Apenas alcanzaron a poner un pie en la superficie cuando terminaron cayendo de espaldas por los ataques de las aventureras.

—Decepcionante —comentó la arcanista.

Las grietas se agrandaron, dejando salir dos esqueletos desde cada uno de los puntos. No tardaron en caer. Otra rotura más y salieron tres de cada punto. Ahora ambas muchachas comenzaban a utilizar su velocidad de ataque normal. Pronto, numerosas baldosas comenzaron a estallar y una horda de esqueletos surgía sin cesar desde los agujeros.

—Debemos destruir ese jarrón —sugirió la cazadora.
—No consigo acertarle. Hay demasiados esqueletos alrededor.
—Abre camino entonces.

La arcanista lanzó un par de orbes arcanos cuya detonación acabó con varios esqueletos. La cazadora corrió hacia la apertura pero, al haber más enemigos en medio, usó su disparo rápido para abrir un paso por el que la arcanista avanzó hasta llegar al jarrón. En cuanto subió al altillo en dónde se encontraba, lo impactó con un orbe arcano. Sin embargo, a pesar de la potencia del ataque, la vasija resistió como si nada.

—No puede ser...
—¡Déjame a mí!

La cazadora le lanzó un par de dagas mientras corría donde su compañera. Las hojas rebotaron en el cántaro, por lo que la cazadora usó su disparo rápido a quemarropa. Todas las saetas rebotaron sin conseguir dañar el jarrón, que era protegido por el aura que lo envolvía.

—¿Y ahora qué?
—Sólo nos queda resistir.
—Supongo. Esta magia se agotará en algún momento.

Miraron alrededor y se vieron completamente rodeadas. Juntando espalda contra espalda, ambas aventureras usaron sus ataques para repeler a la horda esquelética que se aproximaba a ellas. La cazadora se separó y dio una vuelta alrededor del altillo dispersando abrojos por las escaleras para luego volver al centro.

—Creo que puedo ralentizarlos más, pero necesito un poco de tiempo —le dijo a la arcanista.
—Veré que puedo hacer...

El número de esqueletos era tal que sin importar donde lanzara un conjuro éste acertaría, por lo que cargó sus manos con estática y lanzó descargas pulsátiles en todas direcciones, tan rápido como podía. A pesar de su movimiento aleatorio, el hecho de que sean tres aceleraba un poco las cosas, aunque no lo suficiente. Los esqueletos ya habían pisado las trampas y, si bien ralentizados, se acercaban peligrosamente.

—No es por ponerte presión, pero ¿Te falta mucho?
—Ya casi...

La cazadora terminó de ajustar las últimas saetas con un hilo delgado, para luego insertarlas en su ballesta.

—Listo.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 06:05 PM CDT
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Disparó su ballesta al esqueleto más cercano y la saeta consiguió una cadena de presos al enredar a cuatro de ellos. Siguió disparando en derredor ralentizando a todos los objetivos de la vanguardia, entorpeciendo a su vez a los que estaban más atrás.

—Genial, ahora dame a mí unos segundos.
—¿Eh?

La arcanista cerró los ojos y juntó sus manos, concentrándose. Un aura eléctrica rodeó sus palmas, para unos segundos después lanzar tres descargas. Aunque su número no había aumentado, sí parecía haberlo hecho su voltaje ya que emitían un aura de un celeste más profundo. La primera ronda no pareció causar un daño mayor a los objetivos al golpearlos, pero con la segunda, unas explosiones de electricidad surgieron de los esqueletos afectados, aturdiendo a los más cercanos. Con el ataque continuo, numerosas detonaciones surgieron en toda el área despedazando los restos óseos y haciéndolos saltar por los aires al compás de las descargas explosivas.

Sin embargo, a pesar del mayor número de ralentizados y de las abundantes detonaciones, los no muertos seguían avanzando. En un último intento, la arcanista lanzó tres orbes arcanos mientras que la cazadora usó su disparo rápido para finiquitar a los enemigos que las acosaban. No obstante, a pesar de que esos ataques acabaron con un gran número de oponentes, seguían apareciendo más, por lo que pronto se vieron acorraladas nuevamente. Volvieron a las descargas y los tiros enredantes, pero los esqueletos se acercaban cada vez más.

—Tengo una idea... —susurró la arcanista.
—¿Sí? Pues adelante. No hay mucho tiempo.
—Salta lo más alto que puedas cuando te diga.
—¿Eh?

La arcanista volvió a cerrar los ojos y se arrodilló, concentrando la mayor cantidad de energía que pudiera reunir en sus manos. Pasados unos segundos, y con los guerreros esqueléticos casi tocándolas, abrió los ojos.

—¡Ahora!

La cazadora saltó en su sitio flexionando las piernas. La arcanista saltó más alto, impulsada por el poder arcano. Levantó ambos brazos antes de bajarlos con ímpetu durante la caída, liberando todo el poder como una onda expansiva. El suelo vibró con fuerza, liberando todo el polvo acumulado por décadas, al tiempo que los esqueletos impactados por la onda de energía salían despedidos hacia atrás con una fuerza tal que destrozó sus huesos. De golpe, una gran área alrededor de las aventureras había quedado libre de enemigos.

—Tu turno... —susurró la arcanista, agotada por el esfuerzo realizado.

La cazadora le sonrió y luego procedió a disparar sus flechas enredantes a los enemigos restantes, para luego calibrar rápidamente su ballesta e iniciar su disparo rápido, con el cual acabó con los últimos esqueletos que quedaban.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 06:08 PM CDT
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Ambas aventureras miraron el jarrón y vieron que el aura que la rodeaba y protegía ya no estaba. La cazadora apuntó su ballesta hacia ella y jaló el gatillo, al tiempo que la arcanista le lanzaba un proyectil arcano. El jarrón estalló liberando la poca aura que le quedaba, dejando caer una gran cantidad de monedas de oro junto con varios objetos.

—Pues al menos parece que valió la pena el esfuerzo —comentó la arcanista, con un dejo de sonrisa en su rostro.
—Sí, aunque nos hemos retrasado bastante. Veamos que hay.

La arcanista recogió las monedas y le tiró un arma en la cara a la cazadora, pero ésta la recogió al vuelo. Abrió los ojos con sorpresa al ver que era un lanzaestacas.

—Supongo que con eso ahora podrás lanzar tus flechas más rápido, ¿No?

La cazadora no respondió, sino que se dedicó a revisar su nueva arma y ajustarla según sus necesidades. La arcanista siguió hurgando entre los objetos, hasta que la cazadora terminó de adaptar su lanzaestacas.

—¿Hay algo más?
—Pues sí, supongo que esta brigantina te podría servir a tí.
—¿Qué hay de tí?
—No mucho. Sólo un par de guantes de piel y un cinturón de cuero.
—Ya no te aproblema tanto usarlos, ¿No?
—... Sinceramente, aún no me gusta, pero supongo que no tengo elección si quiero continuar.

La arcanista se puso los guantes y el cinturón luego de sacudirlos por un buen rato y asegurarse que no hubiera insectos o algo raro dentro, mientras la cazadora cambió su jubón de cuero por la nueva brigantina. Ahora tenía protegida una parte mayor de su torso. Además, el cuero con el que estaba fabricado era más grueso. Luego se reunió con su compañera, que había amarrado unos pergaminos al cinturón.

—¿Y eso? ¿Es para lanzar conjuros más rápido?
—No exactamente. Es sólo porque así no se dañarán tanto, además que me quedan más al alcance si encontrarmos un claro tranquilo y me entren ganas de leer.
—Difícil veo que encontremos tranquilidad... Mejor vamos por la corona.
—Claro, revisemos por este pasillo.

Las aventureras avanzaron por el pasadizo, eliminando unos cuantos muertos voraces por el camino. Durante un buen trecho no hubo bifurcaciones ni intersecciones, hasta que al final de él encontraron unas escaleras de bajada. Descendieron hasta encontrar otro pasillo, aunque éste estaba mejor adornado.

—Parece la tumba de un canciller. La corona se encuentra cerca —manifestó la arcanista.
—También lo creo —asintió la cazadora.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 06:11 PM CDT
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Varios cadáveres se encontraban tirados en el piso. Vestían armaduras y no parecían estar muy gastadas por el paso de los años.

—Es raro que hayan llegado tan lejos —comentó la arcanista.
—Probablemente sean ladrones de tumbas que se vieron atrapados cuando los muertos vivientes se levantaron —contestó su compañera.
—Quizás.

La arcanista lanzó un par de proyectiles mágicos a unas vasijas cercanas.

—Idiota, ¿Quieres activar otra trampa?
—No, pero en ocasiones encontraba monedas de oro en ellas.
—... ¿Te parece bien robarle a los muertos?
—No soy yo quien registra los cadáveres...
—Hey, que no les saco la armadura, sólo reviso...
—¿El oro? También yo.
—Me refería a las armas...
—Da igual. Sigamos.

Recogió un par de puñados de monedas de entre los restos de las vasijas antes de entrar a una sala más grande. La arcanista se ubicó al medio y comenzó a lanzar proyectiles mágicos a los cántaros que se encontraban apoyados en las paredes.

—Me adelantaré —dijo la cazadora mientras daba un suspiro por el comportamiento de su compañera.

Mientras se acercaba al enorme portón de madera sintió unos fuertes pasos y luego un gran golpe desde el otro lado. Un segundo golpe la hizo sacar ambas ballestas, justo antes de que el portón de madera literalmente explotara ante la embestida de una enorme bestia deforme. La cazadora efectuó una acrobacia, dando una voltereta hacia atrás, alejándose rápidamente del peligro, no sin antes dejar caer unos abrojos. La gigantesca abominación los pisó pero aún así no disminuyó gran cosa su velocidad. La arcanista conjuró su rayo gélido para ralentizarlo, pero dado el enorme tamaño de la monstruosidad, el rayo no era suficientemente efectivo. La cazadora calibró ambas ballestas antes de lanzar su disparo rápido. La cantidad de saetas en ese torrente era mucho mayor que antes. Las flechas quedaban clavadas en todo el cuerpo de Mutilafauce, pero cuando éstas comenzaron a impactar su rostro, éste simplemente se cubrió con uno de sus enormes brazos, de los cuales nacían enormes púas de hueso. La criatura se acercó a la arcanista, para luego tratar de golpearla con sus enormes extremidades. La arcanista dio un salto hacia atrás, pero al detener el rayo, la bestia tomó más velocidad. La cazadora le arrojó un par de flechas enredantes, pero el monstruo rompía rápidamente las ataduras. La arcanista se puso a correr a su alrededor mientras le lanzaba proyectiles mágicos, esquivando los golpes de Mutilafauce. Sin embargo, poco a poco perdía terreno frente a la enorme bestia.

—¡Por ahí no! —exclamó la cazadora.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 06:13 PM CDT
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La taumaturga trató de perder a su perseguidor cambiando de dirección, pero terminó de frente con el enorme brazo de púas del monstruo. El golpe la mandó a volar hacia el muro, destrozando las vasijas que se encontraban ahí.

—¡Tú...! ¡Maldito!

El odio hirvió en la sangre de la cazadora, quien volvió a usar su disparo rápido sobre la monstruosidad. Éste aguantó unos momentos el torrente incesante de flechas que se clavaban en todo su cuerpo, pero luego desistió de seguir a la arcanista y se volcó contra la cazadora. Ésta no dejó de disparar aunque la abominación se le venía encima. Sus ojos llenos de odio lo miraban fijamente, sin perder ni uno de sus movimientos. A pesar del gran daño recibido consiguió quedar en frente de la cazadora. Levantó su brazo de púas, pero en el momento justo antes de efectuar su ataque, la cazadora soltó sus ballestas y reventó un pequeño recipiente en el suelo, liberando una cortina de humo. La bestia lanzó el golpe de todos modos, aunque sólo azotó el piso. Confundido, miró a todos lados sin encontrar a su objetivo.

Escondiéndose en las sombras, la cazadora fue en auxilio de su compañera. Sin embargo, antes de llegar donde ella, de los restos de las vasijas se levantó una figura cristalina. Aunque tenía forma humana, parecía ser casi de diamante. Aún no salía de su asombro, cuando grietas surgieron en la superficie diamantina, para luego romperse en trozos delgados y caer al suelo, dejando ver a la arcanista, quien parecía no haber sufrido daño.

—¡Rayos! ¡Eso estuvo cerca! —comentó.
—¿Cómo es que no recibiste daño de un ataque de semejante magnitud? —preguntó la cazadora, saliendo de las sombras.
—Piel Diamantina. Por desgracia, no puedo mantenerla por mucho tiempo.

La cazadora dio un suspiro de alivio al comprobar que su compañera estaba a salvo, y luego centró su vista en Mutilafauce, quién ya se había percatado de su presencia y se dirigía donde ellas.

—Esta vez te tocará a tí eliminarlo. Yo lo ralentizaré.
—Tu rayo no fue muy efectivo la vez anterior.
—Ahora es diferente...

La arcanista juntó sus manos frente a ella, bajándolas ligeramente mientras aire frío se acumulaba entre ellas. Pasado un par de segundos, apuntó hacia el insepulto y lanzó un rayo aún más gélido. El pasmo que le causó el haz de escarcha consiguió hacer que se moviera más lentamente, lo que le permitió a la cazadora rodearlo con facilidad mientras disparaba sus flechas famélicas. Éstas, a pesar del enorme tamaño de su objetivo, conseguían traspasarlo en su mayoría para luego devolverse en el aire y atacar nuevamente a su presa. Pronto la abominación se vio rodeada por un enjambre de saetas mientras el rayo azul oscuro de la arcanista le impedía moverse con soltura. Finalmente, la monstruosidad se arqueó hacia atrás antes de empezar a desmembrarse para terminar desarmándose por completo.

—Ese si que fue duro —mencionó la cazadora.
—Pues sí. Casi me da uno bueno.
—Bien, veamos. Me pareció ver que soltó algo útil.
—Lo que sea, quédatelo. Paso de usar algo que provenga de él.
—¿Hm? Y si...
—Da lo mismo. Hasta el oro te lo dejo a tí.

La cazadora se sonrió. Pensaba en un principio que su compañera era ambiciosa, pero parece que para eso tenía un límite bien marcado.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 06:20 PM CDT
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Mientras su amiga hurgaba entre los restos, la arcanista comprobó su propio estado. Físicamente sólo había recibido unos cuantos golpes. De los mayores se habían encargado su armadura y su magia. Pero aunque en cuerpo no había cambiado mucho, sus habilidades sí que habían mejorado notablemente. Aún no se sentía como antes del sello que le había impuesto el Vizjerei, pero ya podía manejar con comodidad una variedad de hechizos decente. Se dirigió donde su compañera cuando vio que terminó de rebuscar en el cadáver del monstruo.

—¿Encontraste algo útil para tí?
—Pues sí, aparte de oro, encontré unas botas nuevas.
—¿No deberías lavarlas siquiera antes de usarlas?
—Ya las limpié lo que pude. No creo que encontremos un manantial por aquí cerca, y guardadas en la mochila no sirven de mucho. Además, las que ya tengo están rajadas por el combate anterior.

La cazadora se sentó en un borde y se cambió el calzado. El nuevo era algo más ligero a pesar de ofrecerle una protección superior. Ya conforme con su nueva adquisición, se levantó y se dirigió hacia la puerta que había derribado el insepulto.

—Vamos. Tenemos que terminar con esto.

Ambas aventureras entraron para luego bajar una escalinata corta y volver a un pasillo largo. Al final de él encontraron una enorme sala, muy parecida a la que habían hallado dos pisos atrás. Al centro de ella, había un gran grupo de esqueletos. La arcanista miró con cuidado al conjunto.

—Sí. También hay guardatumbas aquí —comentó la cazadora.
—No me queda mucha paciencia. Ábreme un pasillo hacia ellos.
—De acuerdo.

La cazadora se agachó antes de poner ambas ballestas al frente y efectuó su disparo rápido. El torrente de flechas destrozó velozmente varios esqueletos. Mientras corría, la arcanista conjuró un orbe arcano hacia la apertura. La detonación acabó con seis esqueletos más, dejando el paso libre hacia los guardatumbas. La arcanista entonces se dirigió hacia ellos con las manos abajo, acumulando poder. En cuanto se acercó lo suficiente, dio un salto antes de liberar de golpe toda la energía acumulada en una onda expansiva que arrasó con el grupo, desperdigando los restos óseos por todo el lugar. La cazadora lanzó un par de dagas a los pocos esqueletos que habían alcanzado a conjurar los guardatumbas y que habían quedado fuera del alcance de aquella onda de energía pura.

—¡Así es cómo se hace! —exclamó triunfante la arcanista.
—Pues sí, vaya destrozo que hiciste —respondió la cazadora mientras se abría camino pateando los trozos de hueso que llenaban el suelo.
—Bueno, parece que al fin llegamos. Ese parece ser el altar.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 07:33 PM CDT
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Al final de la sala, sobre unas escaleras, se encontraba un altar con la estatua de una especie de sacerdote sosteniendo una vieja corona. Se veía llena de polvo y algo dañada, pero debía ser esa.

—Bueno, ahora supongo que sólo queda preocuparse del camino de vuelta.

En cuanto la arcanista iba a tomar la corona, una poderosa aura la envolvió y un espíritu se manifestó.

Canciller Eamon: ¡No! ¡No permitiré que regreses a ese monstruo de Leoric a este mundo!
Arcanista: Ya está en este mundo. Queremos destruirlo de una vez.
Canciller Eamon: ¡No! ¡No puedo arriesgar de nuevo a Tristram a sufrir su locura!
Cazadora: Si así lo prefieres...

La cazadora lanzó varias flechas famélicas al espíritu del canciller, que se había vuelto hostil y había empezado a atacar a la arcanista. Ésta retrocedía lentamente mientras le lanzaba proyectiles mágicos. La cazadora disparó numerosas flechas famélicas que comenzaron a repetir sus ataques como hicieron con Mutilafauce, pero luego la cazadora cambió de táctica y usó su diparo rápido. Lentamente, el fantasma parecía hacerse más transparente ante el torrente de flechas que lo traspasaban, robándole su forma corpórea. Un par de impactos de orbes arcanos aceleró el proceso. La arcanista retrocedió un poco más, pero el fantasma dirigió su mano hacia ella conjurando un rayo que la atraía hacia él.

—Maldición. Si no puedo alejarme de tí, no permitiré te me acerques.

La arcanista puso sus manos al frente y conjuró su rayo gélido potenciado. la figura fantasmagórica se llenó de escarcha, pero continuaba haciéndole daño desde la distancia. Sin embargo, repentinamente desapareció y la arcanista sólo supo su ubacación al recibir un par de heridas en la espalda. El dolor la hizo caer de bruces y antes de que el fantasma se fuera sobre ella, dando un grito liberó una nova gélida que congeló al espíritu del canciller. No duró mucho, pero fue lo suficiente para que la arcanista se alejara. Aprovechando su estado helado, la cazadora le lanzó un par de dagas que lo empalaron. Dando un alarido espectral, la figura se desvaneció en el aire, dejando caer algunas cosas.

—Descanse en paz Eamon. Nos encargaremos del Rey Esqueleto de una vez por todas —murmuró la cazadora, mientras se dirigía hacia la corona.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 07:35 PM CDT
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La arcanista, en tanto, fue a ver qué era lo que había soltado el fantasma. Recolectó el oro y los objetos y volvió donde la cazadora, que examinaba la corona. El aura que la protegía había desaparecido, pero aún no estaba segura de si había algo más.

—¿Qué pasa? ¿Qué tiene la corona? —preguntó la arcanista.
—Nada. Sólo compruebo que no tenga más trampas.
—Pues ya que estamos mirando solamente, observa esto.
—¿Sí?
—Encontré esto para tí, una capucha de cuero exploradora de focalización.
—¿No le pudiste encontrar un nombre más largo?
—No se lo puse yo.
—¿Entonces de dónde lo sacaste?
—Aquí, está en la etiqueta.
—¿Hm? ¿Lávese con agua tibia?
—No, la otra, debajo de «Made in Blizzard»
—Ah, ya veo. ¿Y qué hay de tí?
—Hallé un códice. Puedo aprender algunas cosas de él.
—Interesante, ¿Cómo qué?
—Creo que puedo aumentar la potencia de mis conjuros. Pero bueno, creo que no fue ésta la razón por la que vinimos.
—De acuerdo. Llevémosla.
—Pero apúrate o mejor la llevo yo.

Ambas aventureras tomaron la corona y la sacaron de su lugar de reposo. Una aura dorada las envolvió por un momento. Ambas se miraron confundidas. Sentían algo extraño, una sensación rara pero a la vez familiar. La arcanista recordó primero donde había sentido lo mismo.

—Oye, ¿No es esta sensación la misma de cuando usamos los portales?
—Tienes razón, ¿Pero qué significa esto?
—Trata de concentrarte en el portal de Tristram.
—¿A qué te refieres?
—Si lo que creo es correcto, podremos ahorrarnos el camino de vuelta.

La arcanista cerró los ojos y extendió sus brazos hacia los lados. Un aura azul profundo brotó de sus manos.

—Es como usar un conjuro... —susurró la arcanista—. En tu caso, sólo concéntrate en ese portal... en ir allí.

Cuando terminó de hablar, la arcanista desapareció en un destello similar al que aparecía cuando usaban los portales al poblado.

—Claro, es fácil decir para tí «Es como usar un conjuro» —se quejó la cazadora—. En fin, será como una de esas lecciones de disciplina.

La cazadora agachó la cabeza ligeramente y juntó sus manos. Sintió un aura alrededor de ellas. Mantuvo la mente enfocada en la plaza de Nueva Tristram. Pasados unos segundos, sintió una convulsión en su cuerpo y, cuando abrió los ojos, tenía el poblado frente a ella.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 07:48 PM CDT
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Salió del portal de luz blancoazulina que la rodeaba. La arcanista se había adelantado entre risitas y había ido a hablar con el herrero. Aunque hablar con Cain ahorraría tiempo, no tenía mucha paciencia para sus parloteos, por lo que prefirió seguir a su compañera. Ésta sacó la corona de la mochila y se la mostró a Edrig.

Edrig: ¿Encontraste la corona? Te soy sincero. No pensé que volverías con vida.
Arcanista: Gracias por la confianza. Debo utilizarla pero no estoy segura de que funcione en este estado.
Edrig: Ah, puedo repararla. No será muy difícil...

El herrero tomó la vieja corona de las manos de la arcanista y la puso sobre su yunque. Sacó su martillo y con él procedió a repararla dándole numerosos golpes.

Arcanista: Yo creía que al forjar una corona el proceso era algo más... delicado.
Cazadora: Sí. Es bastante hábil. Normalmente hay que poner al fuego al material antes de moldearlo.
Arcanista: Y Edrig lo está calentando a martillazos.
Cazadora: Creo que sólo le está quitando el óxido y el polvo a golpes...

Pasados unos segundos, el herrero se acercó donde las aventureras, llevando en sus manos una radiante corona.

Edrig: Toma. Resplandeciente... como el día que adornó al Rey Negro.

Las aventureras la recibieron con extrañeza. Pese a la breve y brusca operación, la corona brillaba con una luz refulgente, como si fuera más que simple metal precioso.

Arcanista: Te tomó menos tiempo del que pensaba.
Edrig: Sí, estaba bien conservada por lo que no tuve que reparar tanto.
Cazadora: Se agradece tu ayuda.
Edrig: Necesito ocupar la cabeza en algo más que forjar espadas. Quiero darle significado a mi vida.
Cazadora: ¿Qué tal arcos?
Edrig: No es eso a lo que me refería.
Arcanista: Ayúdame pues, y usaré tus habilidades para grandes proezas.
Edrig: Bueno, supongo que ayudarles a ustedes rendirá mucho más fruto que sólo forjar armas para la milicia.
Cazadora: Es verdad. Pero también necesitamos gente que luche.
Edrig: No. Este es mi oficio y soy el mejor. Te haré las armas que necesitas para matar hasta el último demonio. ¿Trato?
Cazadora: Suena bien. Una cosa más... Tu aprendiz está muerto.
Arcanista: Oye, ¿Podrías ser un poco menos directa?
Edrig: Muchacho ton to. Espera lo peor y no serás defraudado. Gracias por las noticias.

El herrero se dio vuelta y comenzó a desempacar lo que tenía en el carromato atrás suyo. En un principio tenía pensado irse cuando comezó todo el horror en Nueva Tristram, pero al final o no quiso o no pudo y quedó con todo empacado. Mientras ordenaba sus implementos, la arcanista comenzó a charlar con él.

Arcanista: Tu abuelo era el canciller del Rey Leoric, ¿No? Háblame de él.
Edrig: No hay mucho que contar. En esa época vivía en Caldeum con mi padre. Sé que mi abuelo se quedó en Tristram hasta el final para salvar gente. No sé si dio resultado, pero eso fue lo que hizo. Cuando el Rey Esqueleto cayó, mi abuelo moría a causa de una herida de espada. Tenía la corona consigo para protegerla.
Cazadora: Un acto de valor. Me alegra saber que había un cuerdo entre tantos dementes.

La arcanista se veía un poco dubitativa, hasta que luego de unos momentos se decidió a hablar.

Arcanista: Tienes mi pésame, Edrig. Desearía haber evitado la muerte de tu mujer.
Cazadora: (Susurrando) Cara tienes para decir eso luego de ayudarle a matarla...
Edrig: No tienes que disculparte. Ella estaba muriendo y tú le quitaste el dolor.
Arcanista: Es que... no puedo imaginar tu dolor. Yo nunca... amé a nadie.
Edrig: No quiero hablar de eso. Los muertos bien muertos están. ¿Me dejarás terminar mi trabajo o no?
Cazadora: Vamos. Tenemos que hablar con Cain.

Las aventureras se alejaron del herrero, que continuó desempacando todo.
Modificado por TswordZ#1445 el 20/8/2012 07:49 PM CDT
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Cazadora: El dolor que sientes al perder a alguien cercano es de los más terribles que puedes sufrir. Hiere el alma. Realmente no quieres conocerlo.
Arcanista: Pareces saberlo bien.
Cazadora: Todos los cazadores de demonios hemos pasado por eso.
Arcanista: Entonces...
Cazadora: Y como digo Edrig, no es algo agradable de recordar, así que te pido aguantes tu curiosidad. Es mejor que no pases por ello.

Se acercaron donde Leah y Cain, que aún estaban conversando fuera de la taberna, a la luz de una farola.

Cazadora: Habla tú con él, pero trata que sea breve. Tenemos que llegar a la estrella caída cuanto antes.
Arcanista: La estrella no irá a ningún lado. Ten calma.
Cazadora: ¿Eh? ¿Me lo dice la que me lanzó una bola de energía por retrasarla?
Arcanista: Eso fue por lo que le hiciste a mi cabello... y no me lo recuerdes, que aún estoy molesta por ello. Tendré que arreglarme el peinado.
Cazadora: Curioso que entre batallas contra hordas de muertos vivientes una de tus prioridades sea tu cabello.
Arcanista: En batalla me concentro en destrozar a mis enemigos. Esto es importante... pero puede esperar... aunque no mucho.
Cazadora: Como sea. Vamos, habla con Deckard.
Deckard Cain: Ah, veo que al fin has regresado.
Arcanista: Tienes buena vista, anciano. Ya tengo la corona. ¿Cómo daré con el Rey Esqueleto?
Deckard Cain: Ve al cuarto donde me rescataste y úsala para destrabar la puerta y entrar a las Criptas Reales. Cuando llegues donde el Rey Esqueleto, colócale la corona sobre su cabeza... y destrúyelo.
Arcanista: El Rey Esqueleto morirá hoy. Debo encontrar la estrella caída.

La arcanista se dio media vuelta para ir al portal, pero el bolso que llevaba ya le pesaba lo suficiente como para empezar a hacerse molesto por lo que se devolvió y fue a hablar con el mercader. Aunque éste le ofrecía una gran variedad de armas y armaduras, no había nada que encontrara útil para ella. Además, su idea era aligerar su peso y de paso, conseguir algo más de oro. Mientras hacía las transacciones, escuchaba la prédica del Hermano Malaqui: «De oriente vendrá un monarca cuyo reinado comienza en sangre y termina en huesos. A la luz de un cometa verá él su tercera y última muerte a manos de una mujer elegida». «Está en las profecías. No puedo perder» pensó la arcanista, con una sonrisa en su rostro.

Mientras, la cazadora fue a registrar las habitaciones de Leah y de Cain. Sólo encontró una entrada nueva en el diario de Deckard, que se refería a su deseo de que Leah llevara una vida más normal, pero necesitaba a alguien que continúe su labor. Algo decepcionada por el corto texto salió del lugar, donde se reunió con su compañera. Antes que se dirigieran al portal, las detuvo el Capirán Rumford: «Las noticias empeoran día a día, ¿Cómo pueden lanzarse a la lucha sin pensar ni un poco en su propia seguridad? Es una locura» les dijo. La cazadora lo miró seria y le respondió «Si no lucho, ¿Quién lo hará?» a lo que la arcanista agregó sonriente «Son ellos quienes tendrían que pensar más en su seguridad y apartarse de nuestro camino». El capitán quedó desconcertado con la confianza que se tenían ambas muchachas y se quedó mirándolas mientras desaparecían por el portal de la ciudad.
Modificado por TswordZ#1445 el 20/8/2012 07:44 PM CDT
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Empezaba a molestarle a la cazadora las risitas de su compañera, quien le daba unas miradas de reojo para luego voltearse mientras se aguantaba las carcajadas.

—Y bien, ¿Qué te pasa a tí?
(Risitas) ¿A mí? Nada...
—Desde Nueva Tristram que te vienes riendo ¿Qué es lo gracioso?
—Ah, no te causará gracia.
—¿Por qué? ¿Te ríes de mí? ¿Qué es?

La arcanista se apoyó en la pared del pasadizo que llevaba a la cripta de Leoric.

—Es que con esa capucha, ya sólo te falta la canastita para parecerte a la Caperucita Roja —soltó al fin, dando una carcajada.

La cazadora se echó la capucha para atrás, sonrojada, mientras se aguantaba la rabia. «Por cosas como ésta es que prefiero viajar sola» murmuró con el puño apretado, mientras la arcanista se descojonaba de risa.

—¡Ya! Matemos al Rey Esqueleto de una vez. Y si sigues riéndote, te abriré la panza como al lobo —expresó irritada.
—Jajajajaja, vale, vale.

La arcanista bajó las escaleras que llevaban al pasadizo de Leoric, mientras la cazadora estaba esperando afuera, acariciando una de sus dagas. «Aguántate, aguántate» se decía mientras miraba al cielo. Finalmente, se calmó, se cubrió con la capucha nuevamente y avanzó, pero luego se la quitó antes de entrar.

Abajo, la arcanista ya se encontraba frente a la Puerta Ornamentada. En el centro de ella había un pequeño compartimiento que podía contener la corona. La puso ahí y la cerradura giró, liberando un aura celestina, para después abrir lentamente las pesadas puertas. Ambas aventureras se apresuraron a entrar.

Para decepción suya, en vez de la tumba de Leoric encontraron otro inmenso pasillo que se subdividía una y otra vez. Dieron un suspiro antes de continuar. Muertos vivientes y esqueletos se asomaron y gruñeron a las recién llegadas, pero luego de unos segundos, estaban todos inertes en el suelo. Mientras se abrían paso, la cazadora registraba los barriles y vasijas entretanto la arcanista inspeccionaba los estantes en busca de conocimiento perdido o útil. En un altar de escriba encontró un segundo pergamino de Lachdanan. En él se leía que Lázaro fue el instigador del mal que aquejó al rey y quien lo convenció de que La Marca del Oeste era una amenaza. Era un buen registro histórico, por lo que guardó el pergamino.

Se reunieron en una intersección entre pasillos para decidir por dónde irían, cuando una aura negra envolvió una aglomeración de restos humanos y comenzó a reunirlos en un vórtice. Éste se volvió morado antes de dilatarse y liberar un insepulto. Recordando el enfrentamiento previo, la cazadora corrió cerca de él y le arrojó unos abrojos antes de alejarse y castigarlo con su disparo rápido, al tiempo que la arcanista lo ralentizaba con su potenciado rayó gélido. Más débil que el anterior, éste no resistió por mucho tiempo el ataque conjunto y se desmembró en un montón de restos sanguinolentos escarchados.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 08:04 PM CDT
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Ambas aventureras se miraron. En comparación al combate pasado, esto fue decepcionante. La arcanista avanzó por un pasillo en silencio, lanzando sus proyectiles mágicos mientras la cazadora registró el enorme cadáver. Luego de avanzar un poco, y de limpiar el camino de esqueletos, se encontraron con el cráter. Éste continuaba adentrándose en las profundidades por una buena distancia. La arcanista suspiró al mirar hacia abajo. Tendrían que bajar más pisos para llegar al punto de impacto. En eso, en una esquina, numerosos esqueletos emergieron desde el suelo. La arcanista, tranquila, les lanzó un orbe arcano cuya explosión los mandó a volar, haciendo que varios caigan dentro de la abertura resplandesciente.

—Pues sí que haces un buen trabajo de barredora —le comentó la cazadora al llegar junto a su compañera sin encontrarse oponentes en el camino.
—Sí, ¿Y qué tal le fue a la sepulturera? ¿Encontraste algo? Porque te tardaste su poco.
—En efecto, pero lo veremos luego. Continuemos.

Siguieron avanzando por el borde del cráter, acabando con los muertos vivos que encontraban y apreciando los variados frescos que se encontraban en algunas paredes. Luego de un largo trecho y algunos esqueletos, se hallaron con una nueva intersección en las que un grupo de insepultos comandado por uno más grande hacía guardia, por decirlo de algún modo. La arcanista lanzó una serie de orbes arcanos mientras que la cazadora usó su tiro enredante para mantenerlos en su sitio. Sólo las dos primeras esferas de energía impactaron antes que el grupo desapareciera. «¡No!» exclamó la arcanista al verse repentinamente rodeada por esas moles de púas y carne descompuesta. Antes que la azotaran con sus enormes brazos con pinchos, la taumaturga liberó una nova gélida que detuvo en su sitio a las abominaciones. Salió corriendo del centro del grupo mientras les lanzaba un par de orbes arcanos. Uno de los insepultos estalló en pedazos congelados con el impacto mientras otro lo hacía por el de una daga lanzada por la cazadora. Desde la distancia, la arcanista concentró sus proyectiles mágicos en el último insepulto esbirro. Éste trató de evitar a la arcanista teletransportándose pero una certera daga lo acabó cuando se materializó. El insepulto líder se apareció detrás de la cazadora, pero ésta se desvaneció en una cortina de humo, alejándose del peligro. Mientras, la arcanista concentró su rayo gélido en aquella aberración. Éste se teletransportó una vez más, cerca de la taumaturga, pero al aparecer fue recibido por una descarga incesante de flechas. Aprovechando la interrupción, la arcanista se alejó mientras le lanzaba proyectiles mágicos. La inmensa criatura aguantó tan sólo unos segundos más antes de compartir el mismo destino que sus esbirros, terminando convertida en un montón de restos ensangrentados.

Algo más aliviada, la arcanista revisó las habitaciones contiguas en busca de algo de valor mientras la cazadora hacía lo suyo entre los cadáveres. Era curioso. Mientras luchaba no sentía nada al ver los regueros de sangre y los cuerpos putrefactos estallando, pero una vez terminada la lucha como que comenzaba a afectarle los horrores que había combatido. Leer la relajaba, por lo que aprovechaba para ello las ocasiones en las que encontraba bibliotecas o estantes con libros, aparte de buscar algo de oro que extrañamente la gente habia decidido esconder entre tantos textos. En ocasiones aparecían esqueletos desde las terrazas que solían estar cerca de los estantes, pero no era nada que un orbe arcano no pudiera solucionar.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 08:08 PM CDT
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Ya habiendo revisado los alrededores, las muchachas se reunieron nuevamente y se pusieron en marcha al último pasillo que restaba por investigar. Luego de una larga caminata y un par de emboscadas de esqueletos, finalmente llegaron hasta unas escalinatas de bajada.
En esta ocasión, sólo había un pasillo hacia donde dirigirse. Al final de éste, un grupo de esqueletos subía desde el nivel inferior por las escaleras. La detonación de un par de orbes arcanos los lanzó de vuelta hacia abajo en pedazos. En el silencio que se creó se pudo escuchar unos murmullos: «Ave, magistros. Ave, registrus. Ave leodastus. Ave, mendaxas...» Las aventureras se acercaron a las escalinatas para cerciorarse y se encontraron de frente con un cultista que subía apresurado a ver qué había sido esa explosión.

—¡Mantengan el conjuro! Pronto se convertirá... ¿Eh?
—Saludos —dijo la cazadora antes de clavarle un virote en la frente al desprevenido, que cayó rodando por la escalera.
—¿Pero qué haces? —le preguntó la arcanista, desconcertada por el repentino ataque.
—Son cultistas oscuros. Veneran a los demonios. Son tas corruptos como ellos.

La arcanista había leído sobre ellos, pero no había visto nunca a uno. No sabía mucho sobre sus rituales. Por lo general, sus invocaciones no eran poderosas, pero con el poder de la estrella caída, podrían ser mucho más peligrosos.

Desde arriba, las muchachas vieron a un grupo de cultistas conjurando algún tipo de magia oscura sobre un hombre, que gritaba de dolor.

—¡Yo me encargo de ellos! —exclamó la arcanista mientras bajaba corriendo las escaleras.

Los cultistas no podían detener su conjuro, por lo que tampoco pudieron evitar que la taumaturga llegara hasta donde se encontraba el hombre. Ésta dio un salto antes de liberar una onda expansiva que los mandó a volar, haciendo estallar sus interiores por la onda de choque, azotándolos contra las paredes cercanas. «¡Soy libre!» alcanzó a exclamar el hombre antes de que un grupo de esqueletos se ensamblara alrededor de ellos. Apenas había sido completa su materialización cuando una flecha perforó los cráneos de dos de ellos. La cazadora bajaba lentamente la escalera mientras disparaba saetas con sus ballestas de mano. La arcanista y el hombre no se quedaron atrás y procedieron a repeler la emboscada. Pronto el lugar quedó repleto de huesos fracturados.

Guerrero: Bien, volveré a mi tarea.
Arcanista: ¿Quién eres?
Guerrero: Lo sabrás en poco tiempo. Ayúdame a buscar mis avíos. Te recompensaré.

Apenas terminó de hablar, se dirigió a las escaleras del frente.

Arcanista: Bueno, no es un simple poblador.
Cazadora: Eso se nota, pero no durará mucho sin nuestra ayuda. Vamos, quizás sepa algo útil.

Y así, las aventureras se apresuraron a alcanzar al guerrero, que parecía tener una misión lo suficientemente importante para no preocuparse de su propio estado.
Modificado por TswordZ#1445 el 7/6/2013 04:36 PM CDT
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—Dime, ¿Por qué viniste a este lugar infernal? —preguntó el guerrero mientras se enfrentaba sólo con sus puños a un grupo de esqueletos.
—Debemos eliminar al Rey Esqueleto —respondió desde la retaguardia la cazadora, mientras disparaba sus saetas.

El guerrero conseguía fracturar algunos cráneos con sus golpes de puño, al tiempo que usaba sus propios grilletes para defenderse de los ataques con espada. Sin embargo, con el apoyo de las aventureras, el grupo rápidamente fue abatido. El guerrero continuó avanzando por el pasillo hasta que llegó al boquete creado por la estrella caída.

—Los cultistas me arrastraron frente a este foso resplandesciente. ¿Qué lo creó? —preguntó mientras rodeaba el inmenso cráter.
—Eso es lo que deseamos averiguar —respondió la arcanista desde atrás.

Un grupo de cultistas se apareció desde un pasillo lateral. El guerrero, al verlos, corrió hacia ellos. Éstos se detuvieron y lo miraron sorprendidos.

Guerrero: ¡Por aquí! ¡Ahí están mis armas!
Arcanista: ¿Pero por qué no las recoges antes de atacarlos?
Cultista oscuro: ¡Está libre! ¡No lo dejen armarse!
Cazadora: Como si eso fuese a hacer una diferencia.

El guerrero cargó contra ellos, embistiendo a uno antes de lanzarle numerosos puñetazos. El cultista retrocedió aturdido, pero sólo para recibir un virote en la frente. Cuando éste cayó, el guerrero miró a su alrededor en busca del siguiente oponente, pero sólo encontró sus cuerpos inertes dispersos por el suelo. Electrocutados unos, con varias saetas otros. Por tanto, se dirigió hacia un cofre cercano y lo abrió de una patada. Éste de dio vuelta y de él cayeron varias partes de armadura y una lanza. Comprobó que estaba todo lo que buscaba y se comenzó a desvestir. El estallido potente de un proyectil mágico lo hizo dar una voltereta en el aire antes de caer semiaturdido.

—¡No te desnudes delante de nosotras, depravado! —le gritó la arcanista.

Ésta se dio media vuelta, avergonzada y comenzó a registrar los cadáveres. El guerrero se puso de pie y se colocó la coraza y los pantalones, pero no pudo equiparse los brazales pues los grilletes se lo impedían. Sintió un golpecito en su cabeza y luego el tintinear de una llave en el suelo. Aliviado, se liberó de los hierros y terminó de equiparse. La cazadora, que ahora se encontraba ajustando su ballesta y revisando sus implementos mientras miraba de reojo, se la había lanzado luego de hallarla en el cadáver de uno de los cultistas.

—Soy Kormac, guerrero de la orden templaria —proclamó el guerrero luego de ponerse su armadura—. Si deseas llegar hasta el Rey Esqueleto, deberás vencer a Jondar antes de seguir. No veo razón que nos impida cazar juntos.
—Me da igual quién se interponga —replicó la cazadora—. El Rey Esqueleto caerá de todas formas.
—Bueno, supongo que una lanza valiente a mi lado podría servir —asintió la arcanista, que volvía de registrar a los cultistas.
—Uhhh, ¿Andabas buscando a un valiente con una buena lanza? —ironizó su compañera.
—¿QUEEEE?

Una serie de proyectiles mágicos estallaron en la pared al esquivarlos la cazadora con una acrobacia. Lanzó un tiro enredante a los pies de la arcanista al aterrizar.

—Perdona, supongo que escuché mal —dijo calma—. Vamos, Kormac.

La arcanista congeló el delgado hilo para después romperlo. Miró enfadada a su compañera, mas ésta no le hizo caso y continuó su camino.
Modificado por TswordZ#1445 el 20/8/2012 07:52 PM CDT
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—Es de mala educación no presentarse ante alguien que sí lo ha hecho —expresó Kormac.

La cazadora se detuvo un momento y miró de reojo al templario antes de responder.

—Mi nombre... es Alice.

La arcanista dio un suspiro y cerró los ojos para tranquilizarse. Luego de eso contestó seria.

—Llámame Natasha.
—¿Natasha? Por tus rasgos pensé venías de Xiansai —inquirió la cazadora, extrañada.
—Me gusta ese nombre.
—¿Pero cuál es tu verdadero nombre?
—¿Qué importa? Me puedo llamar como quiera. A fin de cuentas, es MI nombre.

La arcanista no quiso perder más tiempo y se adelantó. El templario en tanto, se acercó a la cazadora.

—¿No se conocían de antes acaso? —preguntó.
—Nos encontramos en Nueva Tristram, y dio la casualidad que nuestros objetivos coincidían. Es por eso que hemos estado juntas últimamente.
—Ni siquiera se sabían sus nombres, ¿Nunca se lo preguntaron durante el camino?
—Sólo nos preocupaba nuestro objetivo. Creo que debes saber de eso, templario.

La cazadora inició la marcha, mientras Kormac hizo girar su lanza alrededor para comprobar su estado. Luego de eso, la siguió.

La arcanista en tanto, estaba batallando con un grupo de esqueletos. Como su número no era muy alto, numerosas descargas de electricidad se movían por doquier. Con una saeta incrustada en el cráneo de uno de los enemigos la cazadora hizo notar su aparición. Ante esto, la arcanista hizo estallar un orbe arcano, despedazando a los debilitados oponentes.

—¿Y por qué no habías hecho eso desde el principio? —preguntó Alice.
—Quería controlar mejor el relámpago —respondió Natasha—. Pero dado que llegaron, se me acabó el tiempo para practicar.
—Bien. Entonces en marcha.
—El Rey Esqueleto no morirá de viejo.
—Tú sí que eres rara. Cambias de apurada a serena y viceversa con una extraña rapidez.
—Ah, como sea. Vamos.
—¿Estas dos siempre se están peleando? ¿Cómo han seguido juntas? —murmuró Kormac mientras las seguía.

Encontraron varios grupos de esqueletos en el camino. Kormac apenas era capaz de darle un par de golpes a uno antes de que el grupo entero fuera aniquilado por los poderosos ataques de las aventureras. Avanzaron por un largo pasillo hasta llegar a unas escaleras cubiertas por una enorme cantidad de enormes púas.

—Magia negra cierra el camino... —manifestó Kormac.
—Eso no es problema —respondió Natasha, mientras cargaba un orbe arcano.

El templario se apresuró a correr hacia los pinchos. Dio un salto con su lanza en alto mientras gritaba «¡Pero la voluntad templaria es más fuerte!». Clavó su arma en la acumulación de púas, desarmándolas y haciéndolas desaparecer.

—Vamos —alentó Kormac—. El mal no está lejos.

El templario bajó las escaleras mientras las muchachas se quedaron mirando.

Natasha: Parece que se sentía un poco mal por no poder hacer nada.
Alice: Claro. Apenas si alcanza a llegar donde el oponente antes que lo eliminemos.
Natasha: Me dio pena. El próximo se lo dejamos a él, ¿Vale?
Alice: Tu generosidad me conmueve...
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 08:38 PM CDT
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Bajaron las escaleras, a tiempo para ver al oponente al cual se refería el templario.

Kormac: ¡Eras un templario, Jondar! ¿Cómo pudiste rendirte al Aquelarre?
Jondar: ¡El Aquelarre ahora es mi orden, Kormac! ¡Los amos a los que servimos pronto reinarán!
Natasha: ¡Pues tendrán que reinar en los infiernos!
Alice: Supongo que habrá que enviarlos allá...

El templario oscuro estaba al mando de un grupo de esqueletos, al cual se enfrentaba Kormac. Las aventureras rápidamente se deshicieron de tres de ellos para luego concentrar su ataque en Jondar. Éste, sin embargo, no se amilanó y liberó una descarga venenosa en todas direcciones. Alejadas como estaban, las muchachas no tuvieron problemas en esquivarla. No así Kormac, que estaba dándole el golpe final al esqueleto. Aún así, resistió el ataque venenoso y se lanzó contra el templario oscuro. Éste soltó una carcajada mientras conjuró rápidamente tres siervos esqueléticos más.

Alice: Nosotros nos encargamos de él. Mantén a raya a los esqueletos.
Kormac: No. Jondar es mi responsabilidad. Yo debo hacer que pague por sus pecados.
Alice: Como prefieras...

Un par de proyectiles mágicos y una cuantas saetas y nuevamente Jondar había quedado solo.

Natasha: Entonces ¿Nos quedamos mirando o qué?
Alice: No sé tú, pero no soy de quedarme quieta.
Natasha: Ni yo.

Un tiro enredante entorpeció los pasos del templario oscuro mientras un par de proyectiles mágicos lo hicieron perder el equilibrio. Kormac seguía atacándolo con su lanza, pero no conseguía hacer gran daño por la pesada armadura de Jondar. Éste liberó una nueva onda de veneno antes de volver a conjurar esqueletos.

Natasha: Bueno, al menos hace lo posible para que pasemos el rato.

Jondar luchaba con fiereza, pero sus esbirros esqueléticos no duraban mucho y Kormac se le pegaba y no dejaba de atacarlo por más que tratara de cambiar de posición. Pronto se añadió el rayo gélido de la arcanista y el disparo rápido de la cazadora, que tuvieron que interrumpir a los pocos momentos al ponerse en medio Kormac.

Natasha: Si éste va a estar igual que el capitán ese de Tristram, terminaré matándolo yo.
Alice: No creo sea necesario. Además, es un alma valiente. No sería aconsejable hacerlo.
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El templario oscuro bloqueó un par de estocadas con su escudo antes de lanzar la suya propia. La hoja impactó el brazo izquierdo de Kormac, lo que no le impidió lanzar un ataque a la apertura que había creado su enemigo. Jondar fue levantado con el golpe de lanza, que consiguió perforar su abdomen. Se estrelló contra la pared que tenía detrás, antes de caer de rodillas.

—Te pido disculpas —murmuró mientras jadeaba por el dolor—. La magia vil del Aquelarre me nublaba la vista...

Kormac avanzó decidido y orgulloso hacia él.

—La traición nunca se perdona —respondió antes de clavar su lanza en la cabeza del templario oscuro.

La arcanista hizo una mueca ante el acto del templario. La cazadora miraba impasible y luego se dirigió a su compañera.

—¿Te molestó lo que hizo?
—No sé. Me pareció un poco... bruto.
—¿Qué harías ante una traición?
—Yo... hmmm... si me traicionaras... Creo que te congelaría antes de hacerte estallar con un par de orbes arcanos.
—¿Y eso te parece más civilizado?
—Al menos no se derrama sangre.

El templario se acercó donde las muchachas, que aún conversaban entre ellas.

Kormac: Gracias por ayudarme. Las acompañaré en su cruzada contra el Rey Esqueleto, pero tengo una condición.
Natasha: ¿Eh? No recuerdo haberte aceptado aún.
Alice: Nos vendrá bien su ayuda.
Natasha: ¿Uh? ¿Estás interesada en él?
Alice: La verdad pensaba te interesaba a tí.
Natasha: ¡Hey!
Kormac: Ehhhh, si encontramos los tomos sagrados de mi orden, son míos.
Alice: Muy bien. No necesito ningún libro.
Natasha: De acuerdo. Aunque no me molestaría darles una mirada...
Kormac: Entonces vamos a enfrentar al Rey Esqueleto.

El templario se dirigió hacia las escaleras de bajada y de un golpe deshizo la conglomeración de púas que la cubrían, para luego descender al nivel inferior.

Natasha: Viene recién incorporándose al grupo y ya se cree líder.
Alice: Hombres...
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 08:41 PM CDT
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