Diablo® III

Una luz en la Oscuridad (Spoiler)

jajajaja EXELENTE!!! Abdsolutamente EXELENTE!!! no puedo esperar por mas ^^!!
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Luego de saquear el cadáver de Jondar, las aventureras bajaron las escaleras y llegaron al cuarto nivel de la catedral. Avanzaron por un corto pasillo antes de quedar frente a un balcón, a cuyos lados habían dos escalas hacia abajo.

Natasha: ¿Cuánto más habrá que bajar?
Kormac: Lo que sea necesario.
Alice: ¿Qué pasa? ¿Te está dando claustrofobia o qué?
Natasha: No, pero sí que me estoy cansando de bajar tantas escaleras.
Alice: Bueno, en el próximo cráter te puedes tirar para abajo.
Kormac: No lo recomiendo.
Natasha: Ahhhh, esto me desespera.

La arcanista liberó su impaciencia destrozando con un orbe arcano a un grupo de esqueletos que se había materializado junto a las escaleras. Bajo el balcón se encontraba una gran biblioteca, pero Natasha no estaba con mucho ánimo de registrarla, por lo que avanzó por uno de los pasillos laterales. No duró mucho su carrera antes de darse cuenta que era un camino cerrado y que al final de él sólo había un pequeño altar. Rápidamente le dio una mirada y encontró otro registro de Lachdanan. En él se refería a la ejecución del Rey Leoric tras comprobar que había perdido todo vestigio de locura. Al igual que los anteriores guardó el pergamino entre sus ropas y rápidamente volvió a la biblioteca. Tanto la cazadora como el templario se encontraban despachando esqueletos al otro extremo, ya que se habían devuelto antes.

Alice: ¿Te aburriste de buscar cuentos?
Natasha: Nah, de ahí continúo. No hay tiempo para leer.
Alice: Pero igual te demoras y luego dices que estás aburrida de estar aquí.
Natasha: Necesito algo para distraerme. Y si no hay libros, me sirven los muertos vivos.

Y diciendo eso, lanzó un orbe arcano al grupo que combatían, despedazándolos.

Alice: Te gusta lanzar ese conjuro, ¿No?
Natasha: Es el mejor para acelerar las cosas. Tenemos apuro después de todo, ¿No?
Alice: Supongo. Pues entonces apurémonos.

La cazadora corrió hacia un grupo de muertos voraces que cerraba el camino, empaló a un par y pasó entre ellos.

Natasha: ¿Eh? ¿Y el resto?
Alice: Tenemos apuro. No tengo tiempo para ellos.
Natasha: Tú...

La explosión de un orbe arcano liberó el camino. El grupo se movía con rapidez por los pasillos. Alice iba delante disparando flechas famélicas y empalando a uno que otro enemigo duro. A Natasha se le complicaba en principio conjurar proyectiles mágicos en movimiento, pero pronto pudo sincronizar su lanzamiento con sus pasos. Kormac en tanto solía quedarse atrás dando las estocadas finales a los muertos vivos que sus compañeras dejaban con vida.

Llegando a unas pequeñas escaleras de subida. la arcanista se separó del grupo.

Natasha: Revisaré arriba.
Alice: Apresúrate.
Kormac: ¿No es peligroso que vaya sola?
Alice: Quizás, aunque no estoy segura que sea ella la que esté en peligro.

Un ruido fuerte y seco resonó en el piso superior y numerosos huesos pasaron sobre sus cabezas.

Alice: ¿Ves? Rastreemos por aquí para ahorrar tiempo.
Kormac: Sorprendente.

La arcanista estaba de pie con una mano sobre su cintura, rodeada de numerosos fragmentos óseos que hace unos momentos conformaban los esqueletos que la atacaron.

—No sé para qué me molesto —exclamó con un suspiro.

Se dirigió hacia el atril, donde encontró otro pergamino de Lachdanan. «¿Y no pudo poner todas sus memorias en un sólo tomo?» pensó. En este pergamino se refería a la transformación de Leoric en el Rey Esqueleto cuando lo llevaban a su lecho final. Lo guardó y registró las habitaciones laterales sin encontrar nada interesante. Luego de eso, bajó por la otra escalera.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 08:45 PM CDT
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Mientras, la cazadora y el templario se abrían paso a través de uno de los pasillos centrales. Tras avanzar un buen trecho, llegaron a una amplia sala. En el centro, cuatro guardatumbas conjuraban algún tipo de magia sobre un gran montón de huesos.

Alice: ¿Qué magia oscura es ésta?
Kormac: Da igual. No podemos permitir que la oscuridad corrompa más este lugar.
Alice: No sé si pueda estar más corrupto, pero es claro que no saldrá nada bueno de ahí.

El templario se lanzó al combate dando una feroz estocada con su lanza al guardatumbas más cercano. La cazadora disparó sus saetas a los más lejanos para acabar más rápido. El repentino ataque interrumpió el sortilegio, pero en vez de detenerlo, hizo reconstruir una gran cantidad de esqueletos.

—No puede ser. Se suponía lo interrumpiríamos —comentó extrañada Alice.
—No importa. El mal nunca triunfará —exclamó Kormac.
—Ese no es el punto. En fin —suspiró.

Rápidamente los guardatumbas fueron eliminados, pero aún quedaba la amenaza de la horda de esqueletos, que rodearon rápidamente al templario. La armadura de éste resistía bien los ataques, pero su cantidad comenzaba a abrumar al guerrero. Éste, no obstante, lanzaba estocadas a diestro y siniestro, pensando en causar el mayor daño posible más que en mantenerse a salvo.

—Éste hombre no tiene mucho sentido de autoprotección —suspiró la cazadora mientras cargaba sus ballestas con flechas famélicas.

Un enjambre de saetas se formó sobre el grupo. Los virotes traspasaban los cráneos y omóplatos, rompían costillas y vértebras, y luego volvían a atacar a su objetivo. Rápidamente los esqueletos se iban desarticulando y el suelo se cubría con sus fragmentos.

Finalmente, Kormac quedó de pie, jadeando por el esfuerzo, con varias heridas en sus brazos y piernas, y cubierto hasta las rodillas de huesos fracturados.

—Trata de evitar quedar rodeado. Es peligroso —recomendó Alice.
—¡Es sólo un rasguño! —respondió enérgicamente Kormac.
—Sí, pero puede bastar un rasguño de un muerto vivo para volverte uno de ellos.
—Mi fe me protege.
(Suspiro) Lo que digas. Veamos si hay algo útil por aquí.

Revisaron la gran sala. Encontraron bastante monedas de oro escondidas en varios lugares. Al pasar cerca de un altar de escriba, Alice recordó que su compañera solía recoger esos pergaminos. «No sé para qué los quiere, pero mejor se lo guardo» pensó mientras tomaba el manuscrito.

—No tendríamos que estar haciedo esto. ¡Nuestra labor es liberar al mundo de la oscuridad! —se quejó Kormac.
—De acuerdo. En marcha.

Avanzaron por una de las intersecciones. Se deshicieron de un pequeño grupo de murciélagos hasta que llegaron a otra escalera de bajada. Un aura escalofriante emanaba desde allí.

—Esas deben ser las Criptas Reales —murmuró la cazadora.
—¿No iremos por tu compañera? —inquirió Kormac.
—No es necesario. Llegará acá por su cuenta.
—¿Y que tal si aún está allá esperándonos?
—Ella no es de las que tiene mucha paciencia. Terminaríamos dando vueltas por toda la catedral tratando de encontrarla. Además, si ella llegara hasta acá, tampoco nos esperaría.
—No es noble dejar abandonado a un camarada.

En eso, una enorme puerta de madera saltó por los aires. De la polvareda surgió la arcanista, con el ceño algo fruncido.

Alice: ¿Viste? Te dije llegaría acá.
Natasha: No me digan que iban a entrar sin esperarme.
Kormac: Yo insistí fuéramos en tu busca.
Natasha: No hacía falta, pero sí de que me esperaran. Sin mí estarían perdidos.
Alice: ¿Perdidos? No somos nosotros quienes llegamos tarde.
Natasha: Ustedes estaban más cerca. Por eso llegaron antes.
Kormac: Ehhh, ya que estamos todos, ¿Podemos ir ya?
Alice: Claro, si la señorita nos lo permite...
Natasha: Por supuesto, sirvientes. En marcha. Mi destino me espera.
Kormac: ¿Qué destino?
Natasha: Según la profecía soy la elegida para derrotar al Rey Esqueleto.
Alice: ¿Seguro no escribiste tú misma esa profecía?
Natasha: No sabes nada al respecto. Mantente al margen.
Alice: Bueno, como sé que te gusta tanto leer escritos antiguos, te guardé esto. Toma.

La cazadora le lanzó el pergamino a la arcanista. Ésta lo cogió al vuelo y lo desenrolló. Era la quinta parte del relato de Lachdanan. Esta vez escribía que deambulaba por el laberinto por su propia voluntad para evitar poner en peligro a Tristram. "Un acto noble" pensó.

—Bueno, en mar...

Dejó de hablar al darse cuenta que los demás se habían adelantado y la habían dejado atrás.

—Cómo se atreven... —masculló entre dientes.

Guardando aprisa el pergamino, se apresuró a bajar las escalas. No dejaría le quiten su gloria.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 08:50 PM CDT
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En cuanto llegó abajo, vio que sus compañeros estaban enfrentando a un grupo de esqueletos. El templario lanzaba golpes sin descanso, pero su lanza no parecía causar gran daño a los no muertos. La cazadora, en tanto, iba cambiando de posición mientras disparaba sus saetas. La arcanista vio que parte de la pared estaba sostenida por unos maderos. Rápidamente lanzó un proyectil mágico hacia uno de ellos, quebrándolo. El resto de los tablones no pudo con la presión y cedieron, dejando caer la estructura. La cazadora sintió la vibración en el suelo, miró de reojo detrás suyo y alcanzó a reaccionar dando una voltereta hacia atrás antes que toda la pared se viniera abajo. Las pesadas losas de piedra pulverizaron los huesos de la mayoría de los no muertos.

Alice: ¡Animal! ¡Casi me matas con la pared!
Natasha: Lo siento, pero tenía apuro.
Alice: Esa no es excusa.
Natasha: Supuse podrías esquivarlo. Ya, terminemos con esto de una vez.

La arcanista lanzó un par de proyectiles mágicos a los esqueletos que quedaban, destrozándolos.

Natasha: ¿Qué ocurre Templario? Mueves mucho esa lanza, pero no causas mucho daño que digamos.
Kormac: Quizás no tengo el poder que ostentas, pero mi voluntad me permitirá sobreponerme a mis enemigos.
Alice: Se ve que tienes paciencia al menos. En fin, sigamos.

Avanzaron un trecho más por el angosto pasillo antes de encontrar una sala. En el centro de ella, se hallaba una espada clavada en el suelo. Natasha se acercó curiosa. «¿Ésta no es la espada de Leoric?» murmuró al recordar las ilustraciones de uno de los textos que había leído sobre la historia de Tristram. Acercó la mano para cojerla, pero al tocarla, la espada se desvaneció. En ese momento cuatro figuras fantasmales aparecieron en las esquinas. Vestían como los antiguos soldados de Khanduras. Natasha cargó poder arcano en sus manos, mientras observaba alerta. Sin embargo, los fantasmas no se movieron de su posición ni se pusieron hostiles. En ese momento delante de ella se materializó, para su sorpresa, el fantasma del Rey Leoric.

Aléjate de él. Ésta es una carga que debo llevar solo —dijo una voz detrás de ella.

La arcanista dio un salto al costado y pudo ver que la voz provenía del fantasma de un soldado. «¿Lachdanan?» murmuró.

El fantasma de Lachdanan avanzó con la espada desenvainada hacia el espíritu del Rey Leoric y cuando estuvo cerca, le asestó una estocada en el abdomen.

Que la muerte traiga paz a tu locura, Leoric —exclamó mientras sacaba la hoja del vientre del rey.

Éste cayó de rodillas y se apoyó con sus manos en el suelo.

¡Traidores! ¡Hasta muertos, los ejércitos de Khanduras siguen a su rey! Aunque ustedes no lo hagan... —maldijo antes de caer de costado, inerte.

Luego de eso, todas las figuras fantasmales se desvanecieron lentamente, dejando sola a la arcanista al medio.

—Bastante poco cuidadosa eres. Eso pudo haber sido otra trampa —manifestó la cazadora, desde la entrada de la sala.
—Estaba preparada por si algo pasaba —respondió su compañera.
—No estoy segura de ello. En fin, continuemos.
—Además, estaban ustedes ahí y tampoco hicieron nada.
—Porque no había necesidad.
—Cuando la virtud flaquea, el mal se regocija —exclamó el templario.

Las compañeras lo quedaron mirando unos momentos. Luego la cazadora soltó un suspiro mientras hacía una seña con la mano para que avanzaran, mientras corría hacia el otro extremo de la sala.
Modificado por TswordZ#1445 el 15/7/2012 09:08 PM CDT
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Otro pasillo largo les aguardaba. Las débiles llamas de las antorchas de las paredes no eran capaces de alumbrar lo suficiente, por lo que apenas se podía observar qué había tan sólo unos metros más adelante. El eco de los pasos resonaba por todo el pasadizo mientras se apresuraban en llegar al otro lado. En un costado encontraron otro altar de escriba, aunque en esta ocasión no era otro de los textos desperdigados de Lachdanan, sino una entrada del mismísimo Leoric. Por su forma de escribir, aún se encontraba en sus cabales. En él se podía ver la decepción del Rey al llegar a Tristram y la confirmación de que fue Lázaro quien había insistido vinieran aquí. La arcanista guardó el pergamino, mientras la cazadora se preguntaba cómo podía leer tan traquila mientras corría pero en cambio se le dificultaba lanzar sus conjuros de los que tanto se ufanaba.
El ruido que la armadura de Kormac hacía le molestaba, por lo que prefirió hablar un poco para distraerse de él.

—¿Te criaron como templario en la orden? —preguntó, con su seriedad característica.
—No. La escritura dice: «Como el granjero cosecha trigo, la orden debe cosechar y purificar la maleza» —respondió Kormac, como si fuese un decreto.
—Eso es un poco injusto. No eres maleza —opinó Natasha.

La cazadora se sonrió con la respuesta. El templario en tanto no se inmutó y continuó hablando.

—Hay benevolencia en tus palabras, pero no lo comprendes. Cuando me llevaron, salvaron mi vida y mi alma inmortal.
—Pues yo tuve una iniciación menos formal. Me preguntaron si quería cazar demonios y acepté —añadió Alice.
—Eso sería más fácil. Pero tu orden destruye monstruos. La mía los redime —contestó serio.
—¿Por eso tardas tanto en eliminarlos? —inquirió Natasha.

El templario no contestó y siguieron corriendo. Un poco más adelante encontraron una extraña criatura. Tenía cierto parecido con los diablillos que habían enfrentado antes, pero éste cargaba una gran bolsa azul a sus espaldas. Estaba quieto en su sitio, mirando en derredor y luego echaba un vistazo dentro de su saco.

—Que raro. Éste no nos atacó al vernos —dijo extrañada Natasha.
—Como sea. Sigue siendo una criatura demoníaca —afrimó Alice, mientras levantaba su ballesta y dejaba salir una saeta.

El virote se clavó en el costado de la criatura y ésta dio un salto hacia el lado. Miró asustado a todos lados y al ver al grupo salió corriendo mientras se reía.

—Es más duro de lo que calculé -pensó Alice.
—Mira. Va soltando monedas de oro —exclamó Natasha.

Efectivamente, a medida que la criatura trataba de huir iba dejando caer varias monedas desde su saco.

—¡Es él! —exclamó Natasha nuevamente—. ¡Por culpa de él ahora no hay tanto oro en los jarrones!

El templario la miró raro mientras la cazadora ganó determinación. Quedó molesta de que la criatura haya aguantado su ataque y además, ahora estuviera riendo.

—¡A por él! —ordenó mientras iniciaba la carrera.

El grupo corrió detrás de la criatura mientras le disparaban saetas y proyectiles mágicos. La arcanista se retrasaba un poco al tratar de recoger las monedas mientras corría.

—Incluso un insepulto no hubiese aguantado tanto castigo. ¿Qué es esa criatura? —pensó Alice.

El pequeño ser continuó corriendo y pasó entre medio de cuatro pilares que se erigían hacia lo alto. Poco después que los pasara, una figura fantasmal se apareció entre medio de dos de ellos. La cazadora y el templario se detuvieron al darse cuenta que era el fantasma del Rey Esqueleto.

¿Osas traer la calidez de la vida a mi tumba? —vociferó con un tono sepulcral.
—¡Te destruiremos, engendro! —respondió un enardecido Kormac.

La figura dejó escapar una carcajada antes de desaparecer. Instantes después, los pilares comenzaron a briilar con un tono celestino, para luego materializar numerosos esqueletos a su alrededor.

—Parece que ésta es la forma del Rey Esqueleto de recibir a las visitas —murmuró la cazadora mientras descubría una ballesta a dos manos de debajo de su capa y la cargaba con unas esferas—. Tengo exactamente lo que se necesita para esto.
—¡El pigmeo del tesoro! ¡Se escapa! —exclamó la arcanista.

Efectivamente, a lo lejos, se podía ver como la pequeña criatura había conjurado un portal y miraba burlón hacia el grupo.

—Déjalo. Tenemos otros problemas de qué ocuparnos —sugirió la cazadora.
Modificado por TswordZ#1445 el 16/7/2012 09:52 AM CDT
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El templario por mientras había cargado contra los esqueletos y nuevamente había sido rodeado por ellos, mientras lanzaba estocadas desesperadamente hacia todos lados.

—Cómo ese... —añadió.

La arcanista sin embargo no le hizo caso y corrió hacia el pigmeo. Trató de alcanzarlo con un rayo gélido, pero habían varios esqueletos entre ella y él, por lo que no dio en el blanco. Apremiada por el portal, lanzó un orbe arcano para abrirse paso. La detonación mandó huesos a volar en todas direcciones y un cráneo impactó en la cabeza del pigmeo, aturdiéndolo unos momentos e interrumpiendo el portal.
A pesar de la explosión, aún habían muchos esqueletos en medio, y lo que era peor, de los pilares seguían surgiendo más de ellos. Por esto la arcanista lanzó otro orbe. Sin embargo, la distancia entre ellos no era mucha, por lo que la detonación la alcanzó a ella, arrojándola hacia atrás. Algo aturdida se levantó sólo para comprobar que se hallaba rodeada de esqueletos guerreros que tenían fijas sus cuencas vacías en ella. «¿Cómo pueden verme u oirme sin ojos ni oídos?» se preguntó.

—Es por cosas como esta que prefiero cazar sola —suspiró Alice mientras terminaba de cargar su ballesta.

La cazadora hizo un último ajuste y luego apuntó hacia donde estaba el templario. Apretó el gatillo y de su ballesta salieron unas boleadoras que se enredaron en el torso de uno de los esqueletos. Pasado apenas un segundo, éste estalló reduciéndolo a astillas junto con los no muertos cercanos.

—Trataré en lo posible no herirlos, pero me temo que tendrán que aguantar algunas quemaduras —dijo para sí la cazadora.

Disparó una segunda carga antes de lanzar un par más donde se encontraba la arcanista. Las explosiones sucesivas le dejaron un mayor espacio para actuar.

—¿Ahora se hace la campeona? ¡Ese título es mío! —masculló la arcanista.

Se dio vuelta para perseguir nuevamente al pigmeo, pero aún habían esqueletos cortándole el paso.

—¡Y ustedes siguen sstorbándome!

Concentró lo más que pudo su poder arcano y de un rápido movimiento de muñeca conjuró numerosos filos espectrales que rebanaron los huesos como si fueran de papel. Mientras los restos óseos caían, Natasha pudo ver como el pigmeo había creado otro portal y se preparaba para escapar por él.

—¡No te lo permitiré! —gritó mientras acumulaba el resto de su energía en su brazo derecho.

Mientras lo arrojaba, la esfera de poder iba ganando en tamaño y poder, hasta que cambió su característico color violeta por uno rojo oscuro. La obliteración del orbe arcano hizo azotar a la pequeña criatura en la pared, soltando la bolsa junto con todo su contenido, que se desparramó por el suelo.

—No te lo esperabas, ¿Verdad? —exclamó triunfante.

El sonido de unas explosiones la volvió a la realidad y la hizo percatarse de su entorno. Se encontraba en medio de los pilares, rodeada de un ejército de esqueletos. La cazadora había mantenido a los no muertos a raya, apoyando alternadamente tanto a la arcanista como al templario, mientras este último continuaba lanzando estocadas sin descanso.

—Ya he tenido suficiente de esto... —murmuró Natasha.

La arcanista reunió rápidamente una gran cantidad de poder arcano en sus manos, para luego dar un salto y liberarla de golpe como una onda expansiva. El impacto desarmó a la totalidad de los esqueletos cercanos. Los pilares de piedra tampoco pudieron aguantar la onda y se agrietaron por completo. Liberaron un brillo aún mayor y luego se derrumbaron, dejando el suelo cubierto de trozos de roca y huesos rotos.

Natasha: Soy tan buena que me asombro.
Alice: Sí, buena para meterte en problemas en especial.
Natasha: Pero mejor saliendo de ellos.
Alice: Y aún más destrozando cosas. Siento pena por el que tenga que limpiar acá.
Natasha: Bueno, cooperaré recogiendo las cosas que dejó caer ese pigmeo.
Kormac: Tu acción fue imprudente. La codicia te puso en peligro.
Alice: Tu fanatismo también, Kormac. Trata que no te rodeen.
Kormac: ¡La voluntad de un templario es más fuerte!
Alice: (Suspiro) Supongo. Al menos saliste con vida en ambas ocasiones.
Natasha: Como mínimo servirá como escudo de carne.
Kormac: Eso no fue muy amable. Mi labor consiste en liberar al mundo del mal.
Natasha: Sí, sí, te ayudaremos con ello. Así avanzarás en tu misión más rápido ¿Te parece?
Kormac: No esperaba menos de ustedes. Vamos. El mal aún reside en este lugar.
Natasha: De acuerdo, pero primero deja recoger lo que nos sirve.

La arcanista se alejó del templario para revisar el botín del pigmeo, pero se detuvo en seco al ver que la cazadora ya lo estaba registrando.

—¡Oye! ¡No te lleves todo el oro! —le gritó mientras corría hacia ella.
Modificado por TswordZ#1445 el 16/7/2012 09:59 AM CDT
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Un cinturón de cuero que le dio en la cara la detuvo. Lo tomó pero miró molesta a la cazadora.

—Sueles recoger bastantes pergaminos. Te servirá eso para guardarlos —le dijo con calma.

Luego, le lanzó unas botas y una bolsita de piel. Natasha alcanzó a coger el calzado al vuelo, pero la bolsita le dio de lleno en la frente, dejándole una pequeña marca roja.

—Tu parte del oro. ¡Eh, Kormac! ¡Necesitarás esto!

La cazadora lanzó al templario un redondel de metal. Al cogerla, Kormac comprobó que era una adarga, que parecía mucho más resistente que su actual escudo.

—Gracias —respondió mientras se equipaba su nueva adquisición.
—Bueno, estos brazales y guantes de cuero son para mí. En marcha...

La cazadora se detuvo al ver que su compañera estaba sobre un altar leyendo otro pergamino. En él, Leoric escribía sobre lo lúgubre que le parecía el palacete donde vivía, y de la situación de sus dos hijos.
Una saeta hizo ondear el cabello de la joven arcanista, quien cerró los ojos para aguantarse la rabia.

—Te dije que dejaras de hacer eso... —gruñó.
—Entonces deja de retrasarte. Vamos de una vez.

La arcanista le lanzó un misil mágico a su compañera, pero ésta se protegió con el viejo escudo del templario. El broquel se trizó por el impacto mientras los ojos de la cazadora miraban fijo a su compañera.

—Recuerda que estamos juntas en esto tan sólo porque compartimos el mismo objetivo —advirtió lanzando el escudo al suelo, que se fragmentó en tres partes—. Aparte de eso, nada más me fuerza a aguantar tus rabietas.
—¿Quieres que acabemos esto ahora? —amenazó la arcanista, mientras una leve aura violeta la comenzaba a envolver.
—¡Suficiente! —interrumpió Kormac—. Si siguen así, tendré que detenerlas a ambas.

El impacto simultáneo de un proyectil mágico y una daga en su coraza lo tiraron de espaldas.

Alice-Natasha: ¡Tú no eres capaz ni de detener un esqueleto! ¡No te vengas a hacer el hombretón con nosotras!

Ambas se quedaron mirando un momento y luego bajaron la mirada, algo avergonzadas.

—Vamos —murmuró la cazadora.

Ya pasados los pilares, el lugar se encontraba aún más derruido. Losas de piedra se encontraban hundidas en el suelo y no se podía saber si escondía un abismo bajo ellas. Los adornos de piedra de las puertas estaban dañados y muchos esqueletos inertes se encontraban tendidos por doquier. La cazadora dio una mirada a su compañera.

—No me mires a mí. Yo aún no había pasado por aquí —le dijo antes que preguntara nada.

Tuvieron que atravesar el lugar usando unos pasillos laterales. Algunos esqueletos se encontraban aún en movimiento, pero pronto volvían a su estado inanimado por los ataques del grupo, de cuyo impacto no se salvaban ni los jarrones de cerámica que se encontraban apoyados en las barandas.

Finalmente llegaron a una enorme puerta de metal, de diseño semejante a la que abrieron en el pasadizo de Leoric. «Mi destino me espera tras esta puerta» murmuró la arcanista mentras ubicaba la corona en la cerradura. Ésta giró al ser envuelta por un aura fantasmal y lentamente las puertas se abrieron mientras las bisagras crujían por las décadas sin uso.

Los aventureros se adentraron y se hallaron frente a unos pasillos que llevaban hacia el trono del antiguo Rey de Khanduras. El pasillo central estaba cubierto por una alfombra, majestuosa en su tiempo, pero ahora ajada por el paso de los años. Unos fuegos ardían sobre los pilares laterales, alumbrando vagamente el lugar, que se mantenía en su mayoría cubierto por la penumbra y esa sensación fantasmal.

Aún estaban comprobando los alrededores cuando el fantasma del Rey Esqueleto se apareció frente a ellos, derrumbando el pasillo central.

¡Nunca me derrotarán! —amenazó antes de desaparecer.
—¡Fuiste derrotado cuando te entregaste a la locura! —respondió furioso Kormac.
—Ya habla de derrota... Sabe que es... inevitable —sonrió la arcanista.
—En marcha —ordenó la cazadora.

El corredor de la izquierda también estaba derruído, por lo que tomaron el de la derecha. Sin embargo, su carrera fue detenida cuando un poder fantasmal selló el portón de metal que comunicaba el pasillo con la sala del trono.
Modificado por TswordZ#1445 el 16/7/2012 10:03 AM CDT
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—¡Echemos abajo esta puerta! —gritó la arcanista mientras le lanzaba un orbe arcano.

La obliteración de éste hizo tambalear el portón, mas la cerradura se mantuvo sellada.

—Creo que tenemos otros asuntos más apremiantes... —advirtió la cazadora.

Numerosas almas comenzaron a rodearlos, cortándoles toda ruta de escape. Repentinamente, éstas se estrellaron contra el suelo y se materializaron en la forma de retornados. Estos guerreros esqueléticos se movieron con rapidez, balanceando sus espadas de un lado al otro. El templario se lanzó al ataque mientras ambas aventureras esbozaron una leve sonrisa. La cazadora disparó numerosas boleadoras con su ballesta a dos manos mientras la arcanista lanzó una serie de orbes arcanos potenciados. La seguidilla de explosiones destrozó por completo la guardia real, lanzando sus huesos al vacío, fuera del camino de piedra. Una vez cayó el rezagado por un empalamiento de la lanza del templario, el sello del portón se deshizo. De una patada, la cazadora abrió la puerta. El grupo entró rápidamente y luego procedió a revisar el lugar con cautela... hasta que la arcanista se puso a destruir todos los jarrones y vasijas que encontró.
No parecía haber más trampas, por lo que el momento del enfrentamiento final debía ser éste. El templario rompió el silencio que se había formado.

—¿Alguna vez han tenido miedo en batalla?

La cazadora se detuvo a pensar un momento, mientras que la arcanista respondió soberbia:

—Me guía una profecía. No hay motivo para tener miedo.

La cazadora respondió luego, más seria de lo normal:

—Alguna vez tuve miedo, pero mi odio lo consumió.
—Pues todos hemos sido bendecidos. La fe me protege del miedo —agregó orgulloso Kormac.
—Supongo que para tí eso basta —añadió la cazadora.
—Pues que bien, porque aquí está el tío Huesos —ironizó la arcanista.

Ésta se encontraba frente al trono, observando los restos del Rey Esqueleto. Su armadura, aún a pesar del tiempo transcurrido, se veía firme y resistente. Sus huesos, bueno, eran otra historia. La arcanista le dio una patada a la pierna izquierda y ésta se separó del resto del cuerpo y rodó por el trono.

Alice: No lo rompas aún.
Natasha: ¿Por qué tanto cuidado por algo que estaremos dando de golpes dentro de poco?
Kormac: ¿No lo podemos destruir ahora?
Alice: ¿Lo ves vivo? No servirá de nada si el espíritu de Leoric no está ahí. Vamos, chica-maga, ponle la corona de una vez.
Natasha: No soy maga. Soy una arcanista.
Alice: Como sea, ¿O piensas dejártela para tí?
Natasha: No es mala idea, pero me parece poca cosa para alguien como yo, así que mejor no.
Alice: Lástima. Pensaba te podías transformar en un esqueleto si te lo ponías y así podría deshacerme de tí de una vez.
Natasha: ¡¿Qué?!

El templario, harto de la discusión, le quitó la corona de las manos a la arcanista. Dio un salto sobre el trono y la puso con fuerza en la cabeza del Rey Esqueleto.

—¡Listo! Ahora veamos qué ocurre.

Se alejó del trono al tiempo que las aventureras se preparaban para lo que pudiera venir. La arcanista sentía fluir el poder arcano por todo su cuerpo, casi haciéndolo vibrar. La cazadora ajustaba sus ballestas y comprobaba sus artilugios. El templario en tanto sólo se mentalizaba para el inminente enfrentamiento.

Pasados unos momentos, una gran cantidad de energía espectral se comenzó a reunir en torno a los restos del rey y éste se comenzó a mover. Instantes después, sus partes se empezaron a unir, incluyendo la pierna que había caído del trono. Sujetó con fuerza la gigantesca maza y se la puso al hombro. Hizo crujir su cuello antes de bajar de su poltrona, mientras reía al ver a sus oponentes.

—¡Por la Luz! —gritó el templario al cargar contra él.
Modificado por TswordZ#1445 el 16/7/2012 10:08 AM CDT
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En cuanto el Rey Esqueleto pisó el suelo, numerosos abrojos aparecieron en él. Las espinas curvadas le dificultaban el movimiento, pero eso no fue problema para lanzar un feroz ataque al templario que se había acercado a él. El golpe dio en su escudo, pero el impacto fue tan fuerte que hizo que Kormac se tambaleara. No obstante, sacando fuerzas de su fe, se incorporó inmediatamente y asestó una puñalada al rey loco. Éste apenas lo sintió y lanzó otro ataque. Kormac no tuvo problemas para esquivarlo y continuó lanzando estocadas con su lanza.

Natasha: Parece que después de todo, sí será de utilidad.
Alice: Claro. ¿Lista?
Natasha: Por supuesto.

La cazadora puso sus ballestas de mano al frente y descargó una ráfa ga incesante de su disparo rápido mientras que la arcanista conjuró su rayo de escarcha contra el óseo oponente. Ambos torrentes, el de frio y el de flechas, le impedían atacar con normalidad, mientras que los abrojos en el suelo le entorpecían el movimiento. Grietas comenzaron a aparecer en su coraza debido a los sucesivos impactos de saetas en el metal congelado. No obstante, con la pasión de la batalla, Kormac terminó poniéndose delante del rayo gélido, obstaculizándolo.

—¡No de nuevo! ¡Quítate de en medio o te mataré yo misma! —vociferó la arcanista, enfurecida.
—¡Te dije que deberías mejorar tu puntería! —dijo sonriendo la cazadora.

Natasha se movió un poco, tratando de conseguir un mejor ángulo, pero Kormac se interponía intermitentemente. La arcanista se estaba enfureciendo cada vez más con las interrupciones cuando el Rey Esqueleto tomó su maza por el extremo y comenzó a girar rápidamente. El templario levantó su escudo, pero sólo pudo aguantar tres impactos antes de ser arrojado de espaldas.

—Por lo menos ya no estorbará en un rato —dijo para sí Natasha.

No obstante, el giro continuo de la gigantesca arma parecía debilitar el rayo gélido de la arcanista y dispersar las flechas de la cazadora.

—Se viene su contraataque. ¡Atentos!

El templario lanzaba estocadas desde el suelo a las piernas del rey. Éste dejó de girar y usó el impulso para lanzar un ataque vertical. Kormac lo esquivó rodando hacia el lado, por lo que la gigantesca maza sólo golpeó el suelo de roca, detrozando las losas de piedra. Ante eso, el Rey hizo un pequeño movimiento y desapareció.

—¡Cuidado! —gritó la cazadora.

La arcanista miró hacia atrás y vio al monarca óseo con la maza en alto, listo para dar un golpe. La cazadora rápidamente cambió a su ballesta de dos manos y lanzó una boleadora en los brazos del enemigo. Éste sin embargo, no se detuvo en su ataque y golpeó a la arcanista, al tiempo que la boleadora estallaba.

—¡Demonios! —maldijo Alice.
Modificado por TswordZ#1445 el 16/7/2012 10:13 AM CDT
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De la nube negra de la explosión salió despedida hacia atrás una figura cristalina, que se incorporó usando el impulso de su caída.

—¡No me lanzes los explosivos a mí! —se quejó.
—No es momento. ¡Alrededor tuyo!

La arcanista alcanzó a ver apenas como se terminaban de formar cinco soldados olvidados cerca de ella, que se lanzaron al ataque de inmediato. No obstante, sus armas rebotaron contra la piel diamantina de la muchacha. Ésta miró al frente al escuchar una risa y vio al Rey Esqueleto que se había acercado hasta quedar frente a ella, levantando su maza para romper la protección de la taumaturga.

—No esta vez —murmuró ésta.

Abrió sus brazos con fuerza, dejando salir una nova gélida que detuvo en su sitio a todos los enemigos en derredor, incluyendo al corrupto rey.

—¡Fuera de mi vista!

La arcanista dio un salto y liberó una onda expansiva que destrozó los huesos congelados de los soldados olvidados. El Rey Esqueleto, en tanto salió despedido hacia atrás, azotándose contra la baranda de piedra cercana, rompiendo en pedazos parte de ésta. Kormac, que había corrido a socorrer a la taumaturga, también salió despedido hacia atrás, quedando tirado en medio de la sala.

—Te llegó tu final —afirmó con una sonrisa la arcanista, de pie frente al monarca.

Levantó su mano y con un gesto desplegó numerosos filos espectrales. Sin embargo, éstos no fueron suficientemente fuertes para cortar los huesos o traspasar su armadura.

—¡¡¿¿Qué??!!

Un fuerte golpe de la maza del regente la lanzó hacia atrás, al tiempo que su piel diamantina se partía en pedazos. El Rey Esqueleto se levantó y caminó hacia la arcanista con su arma apoyada en el hombro. No obstante, unas flechas enredantes rodearon sus piernas, impidiéndole moverse normalmente. Éste levantó su mano hacia la cazadora e hizo aparecer cinco soldados esqueléticos frente a ella.

—No me subestimes, Leoric —murmuró Alice.

La cazadora puso su mano bajo su capa y desabrochó un chakram, que lanzó hacia los esqueletos recién formados, formando un arco. Éstos fueron destrozados al recibir el impacto en sus torsos, rompiendo las costillas y separando las vértebras. El filo continuó girando y dio una vuelta antes de impactar en el Rey Esqueleto, que se encontraba listo para finiquitar a la aún aturdida arcanista. El chakram no fue suficiente para acabarlo, pero sí consiguió causarle daño serio, al perforar su coraza. El ataque dio tiempo suficiente a Natasha para recuperarse. Rápidamente se levantó y corrió para alejarse del monarca. Éste sin embargo, igual descargó un golpe, pero dio en el escudo del templario, que se interpuso entre ellos.

—¡No tienes honor! —gritó al tiempo que desviaba la gigantesca maza con su escudo y le clavaba su lanza al rey.

Éste no se inmutó y conjuró cinco esqueletos más detrás del templario para evitar que escape. Mas Kormac no se amilanó y continuó atacando al regente, sin importarle las estocadas que recibía de parte de los soldados olvidados. Leoric, en tanto, tomó su arma por el extremo para iniciar su ataque giratorio.

—¡Cuidado, Kormac! —gritó la arcanista.
Modificado por TswordZ#1445 el 23/8/2012 10:12 PM CDT
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Una flecha enredante juntó las piernas del templario, haciendo que cayera de bruces. En tanto, el Rey Esqueleto comenzó a girar rápidamente, destrozando a los siervos que él mismo había creado.

—No podemos continuar así —dijo la cazadora mientras agregaba un pequeño artefacto en la punta de sus ballestas.

El templario, aún en el suelo, rompió el delgado cable que amarraba sus piernas y rápidamente se incorporó, para luego lanzarse al ataque una vez más. Sin embargo, antes de que consiguiera golpear, el rey loco desapareció frente a él.

—¡Ah! —exclamó la cazadora al sentir una presencia detrás de ella.

Sin siquiera mirar hacia atrás, ésta hizo una acrobacia, esquivando apenas el duro golpe del monarca, que consiguió partir varias losas de piedra. Al aterrizar, Alice se puso en cuclillas frente al soberano, con sus ballestas apuntándole.

—Sin piedad con los malvados —murmuró.

Apretó el gatillo y de las puntas de las ballestas surgió una pequeña llama. Instantes después, comenzó nuevamente el torrente de saetas formadas por su disparo rápido. No obstante, esta vez las flechas se prendian en fuego, por lo que la multitud de éstas hacía parecer que lo que de las ballestas salía era una continua llamarada. Entre el inmenso calor y el impacto de las flechas, su coraza se fue debilitando. Además, en su espalda sintió el frío ataque de la arcanista que lanzó su rayo gélido hacia él. El inmenso contraste entre las temperaturas de ambos ataques hizo resquebrajar su armadura.
Para evitar el fuego cruzado, el regente levantó su mano hacia la taumaturga, creando cinco soldados olvidados detrás de ella. El furor de la batalla había conseguido encender los fuegos interiores de la arcanista. Sentía el poder arcano vibrar por todo su cuerpo. Los soldados esqueléticos se lanzaron contra ella apenas fue terminada su materialización, pero Natasha esquivó sus ataques con fugacidad. La energía contenida en ella le hacía posible moverse más ágil que antes y tan sólo recibía pequeños rasguños en su jubón. Luego de eludir unos cuantas estocadas más, retrocedió de un salto y lanzó numerosas descargas pulsátiles. El impacto de ellas aturdió a los atacantes, y uno de ellos explotó. La descarga explosiva produjo una reacción en cadena, haciendo estallar a todos los soldados.

La arcanista se volteó con una sonrisa maliciosa hacia el Rey Esqueleto, pero comprobó con fastidio como el templario estaba luchando nuevamente contra él, obstruyendo su ángulo de visión.

—Esta vez no, Kormac —dijo para sí Natasha.

Puso sus manos al frente y reunió el poder arcano que tenía en ellas. Un aura violácea las envolvió antes de formarse una bola de energía entre ellas. Instantes después, numerosos proyectiles arcanos fueron disparados desde ella. Éstos hicieron una curva antes de dirigirse hacia el monarca caído. Las numerosas explosiones de poder arcano detuvieron al rey e hicieron retroceder al templario. El regente daba golpes al aire, envuelto en llamas anaranjadas y púrpuras, producto del continuo ataque de ambas aventureras. Kormac, al verlo vulnerable, se lanzó al ataque una vez más.

—¡El mal nunca triunfará, Leoric! —gritó mientras saltaba sobre él.

Usando toda su fuerza, el templario clavó su lanza en la frente del rey, haciendo que éste suelte su arma. El monarca retrocedió un par de pasos antes de ser elevado por su propia energía espectral. Sus manos comenzaron a temblar, para luego sentir la vibración en todo su cuerpo. Dando un potente alarido fantasmal que resonó en toda la sala, éste no pudo mantener su cuerpo material unido y finalmente estalló en una explosión de aura celestina, dejando caer los restos de su armadura, vacías al fin.


¡Felicidades! ¡Has completado la beta de Diablo 3!

Eso fue lo que me pareció iba a salir cuando maté al Rey Esqueleto la primera vez xD
Fue sólo un fin de semana de beta abierta, pero lo jugué tanto que se me pegó esa parte :-)

Bueno, la verdad, esta historia la empecé con la idea de aguantarme las ganas hasta que tuviera el juego en mis manos. La primera parte la escribí el día siguiente a cuando se terminó la beta y planeaba terminar de escribir la parte del rey esqueleto cerca de la fecha de salida en latinoamérica. Francamente, nunca pensé se me alargaría tanto la historia, y al final, terminé bastante más tarde de lo que pensaba en un principio.

En fin, he tenido tiempo suficiente para pasarme el juego un par de veces, y dado que recuperé el gusto por escribir, continuaré con la aventura de Natasha y Alice, ahora junto a Kormac, por evitar la oscuridad cubra nuevamente las tierras de Santuario :-)
Modificado por TswordZ#1445 el 16/7/2012 10:21 AM CDT
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Bueno, luego de unos días de «descanso» me puse a revisar lo que había escrito. Tomando un post random, encontré una pequeña falta ortográfica por lo que decidí revisar toda la historia. Lo que pensé me tomaría un par de horas me terminó tomando casi dos días XD
Arreglé más que nada errores gramaticales, de puntuación o alguna que otra letra mal puesta XD Pero el grueso del texto permanece igual :-)

Una cosa que no me gustó fue la censura de algunas palabras, como «ráfa ga», que uso en especial con los disparos de la cazadora. Pero el que más me molestó fue el de «hero ína« ¿Es que los héroes tienen que ser todos hombres? Vamos, que ahora tengo que referirme a ellas como «campeonas». Bueno, detalles menores pero igual molestos ya que el foro los cambia por signos, dando a entender que son groserías o algo así.

Ya, luego de ese pequeño reporte que parecía nota de parche, continúo con un post pequeño. Ya a partir de un par de días tendré más tiempo disponible para escribir :-)

—¡Otro paso en el camino a la gloria! —exclamó Kormac al ver al Rey Esqueleto finalmente derrotado.
—Al fin podremos alcanzar la estrella caída —mencionó Alice.
—Vaya, ¿Dónde tenía guardado tanto oro? —se preguntó Natasha al ver el botín que había dejado el rey.

La cazadora miró a su compañera con extrañeza. Kormac en tanto se erguía orgulloso de haber dado el golpe final a la amenaza fantasmal.

Alice: ¿Cual era tu motivo de venir acá? ¿La estrella o el oro?
Natasha: Mi motivo original es la estrella, para acabar con el mal que asola Nueva Tristram. Pero ya que podemos conseguir algo de oro por las molestias...
Kormac: Me parece que estás siendo dominada por la codicia. Eso te llevará a la perdición.
Natasha: O me puede motivar a pelear con más empeño.
Alice: Pues yo me conformo con enviar todos estos muertos vivientes de vuelta a la tumba.
Natasha: ¿En serio? Y yo que pensaba que te gustaría este sudario mágico. ¿Te interesa, Kormac?
Kormac: Yo sólo uso los avíos de mi orden. No puedo vestirme con eso.
Natasha: ¿No puedes o no quieres?
Kormac: No puedo porque no quiero.
Natasha: ¿No quieres porque no te lo permiten?
Kormac: No puedo porque no quiero ni voy a traicionar mis votos.
Natasha: ¿O quizás...?
Alice: ¡Suficiente! Dame eso.
Natasha: Jejeje, sabía que no te aguantarías después de todo.
Kormac: Continuemos entonces en la busca de esa estrella.
Natasha: De acuerdo, pero deja terminar de recojer el resto.

La arcanista recolectó todas las monedas de oro que habían sido desperdigadas durante la desintegración del Rey Esqueleto. A su vez, también recogió dos espadas que cayeron de él.

Alice: Bueno, ¿Encontraste algo bueno para tí?
Natasha: Sí, una de estas espadas es mágica, así que puedo canalizar mi poder a través de ella.
Kormac: ¿Una maga no debería usar varita?
Natasha: Soy arcanista. No maga. Métetelo bien en la cabeza. Por eso es que no estoy limitada a usar tan sólo varitas y báculos.
Kormac: Pero eso le pega más a alguien como tú.
Natasha: Mi arma sólo me es útil para canalizar mejor mi poder... son mis conjuros los que harán caer a mis enemigos.
Alice: Déjala Kormac. Mientras no empiece a usar hachas o martillos...
Natasha: ¿Algún problema si lo hago?
Alice: Sinceramente no. Pero si es el caso, mejor empieza a usar una armadura más pesada para que combine.
Kormac: ¿Podemos ir a buscar la estrella, por favor?
Alice: Claro, en cuanto averiguemos cómo llegar hasta ella.
Natasha: Entonces por mientras me sentaré en este cómodo trono.

La arcanista se acomodó en la poltrona del otrora rey de Khanduras mientras miraba a sus compañeros con soberbia.

—Templario Kormac ¿Podría traerme la corona, por favor? —pidió con un tono señorial.
—Tal vez unas boleadoras en tu cuello se vean mejor —contestó la cazadora.
—Silencio, sirviente —respondió con soberbia la arcanista.
—¿Qué le ocurre a tu amiga? —preguntó preocupado el templario.
—Supongo que se le fueron los humos a la cabeza. ¡Ya, bájate de ahí y ayúdanos a buscar un camino a la estrella!
—Esto es para mí...

La arcanista se echó para atrás y se escuchó un «clic» bajo el trono. Seguido de eso, éste se fue hacia atrás, dejando ver un pasadizo secreto. La muchacha no alcanzó a reaccionar y cayó rodando por las escaleras.

—Felicidades. Lo encontraste —le dijo la cazadora burlona.
—Ay, ya cállate.
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Desde la base de la escalera se podía ver con más intensidad el brillo blancoazulino que provenía de la estrella.

—Al fin... ¡El cráter! —exclamó la cazadora desde el borde superior.
—Festejaremos en la posada cuando todo esto termine —comentó el templario.
—Así es. ¡Vamos su Alteza! ¡Levante su real trasero de ahí y acabemos con esto!

La arcanista estuvo tentada de lanzarle un proyectil mágico a su compañera, pero ésta ya se encontraba bajando unas escaleras que conducían a la base del cráter.
Ciertamente, desde tan cerca se podía sentir un gran poder proviniendo de ahí, pero curiosamente no se sentía como algo perverso. La adolorida muchacha se levantó disimulando los golpes que recibió durante la caída y se reunió con el resto del grupo.

Pequeñas corrientes de viento y magia se encausaban hacia el centro del cráter. La arcanista se detuvo en seco al comprobar, como sus compañeros, que lo que se encontraba en el centro de la zona de impacto era un hombre. Tenía la piel oscura y se encontraba tirado de lado, visiblemente débil. Vestía una túnica verde algo gastada y su cabeza rapada se movía levemente, mientras se quejaba por el dolor.

Natasha: ¿En serio eres tú lo que cayó del cielo?
Forastero: Yo soy... y-yo era... yo...
Alice: Así que fuiste tú quien causó todo este caos... y sin embargo se ve que no eres maligno.
Forastero: Yo... recuerdo la caída.
Natasha: ¿Entonces, quién eres? ¿Por qué viniste?
Forastero: No soy tu enemigo. Creo... sí, yo creo que... les traigo una advertencia.
Natasha: Pues vaya manera de enviar a un mensajero. ¿Qué advertencia es?
Forastero: La oscuridad...¡La oscuridad... está llegando! Debo... no recuerdo...
Alice: Tal vez Deckard Cain pueda ayudarte. Ven conmigo.

La cazadora tomó al forastero de la mano y lo ayudó a levantarse. Cerca de ahí se encontraba un portal, hacia donde se dirigieron.

Natasha: Estaba pensando...
Kormac: No me puedo creer que sólo haya sido un hombre el causante de todo esto.
Natasha: No, sino que es la primera vez que la veo tan amable. Parece que a nuestra amiga le gusta el forastero.

La cazadora, al escuchar eso, disparó con una de sus ballestas un tiro enredante a las piernas de su compañera, quien cayó de bruces.

—Tú... maldita, te voy a...

Dejó de hablar al ver que la cazadora y el forastero ya habían desaparecido al usar el portal. Cortó el delgado hilo y se puso de pie.

—En marcha —dijo mientras se dirigía hacia la salida.

Ya en la plaza de Nueva Tristram, el grupo volvió a reunirse con Deckard y Leah. La cazadora ya había comenzado las presentaciones.

Alice: Lo encontré en el centro del cráter.
Deckard: Nadie puede sobrevivir a algo así... ¿Quién eres? ¿Qué eres?
Forastero: Un guerrero... creo... Traía malas noticias, pero no recuerdo nada...
Natasha: Pues vaya, ¿Tanto costaba anotarlo en un pergamino?
Alice: ¿Tan rápido volviste?
Natasha: Claro, ¿Qué iba a estar haciendo allá?
Alice: Pensé que ya que te habías quedado a solas con el templario...
Natasha: ¡¿QUEE?!
Alice: Da igual. Ahora tenemos que encargarnos de esto.
Natasha: Sigo pensando que un pergamino nos hubiese ahorrado todo esto.
Alice: No creo que un pergamino hubiese soportado la caída.
Natasha: ¿Y cómo sus ropas? Al menos podría haberlo escrito ahí.
Alice: Ya no importa eso...
Deckard: Tu mensaje podría ser la salvación del cataclismo que se avecina. Forastero, cuéntame todo lo que recuerdas. Cada detalle.
Forastero: La caída... fuego... una espada poderosa. Era... parte de mi ser... pero se rompió en tres pedazos cuando caí.
Natasha: Pues no era tan poderosa si se rompió con la caída...
Deckard: Debemos hallar esos fragmentos con urgencia. La espada reensamblada te devolverá la memoria.
Natasha: ¿En serio? ¿Entonces si hubiese reparado mi Globo de Santuario hubiese recuperado mis poderes sellados?
Alice: No sé que te habrá ocurrido, pero no creo que funcione en tu caso.
Leah: Los faunos se han tornado muy violentos en los campos. ¿Tendrá algo que ver con la espada?
Deckard: ¡Por supuesto! Como los muertos resucitaron cerca del Forastero, los fragmentos de la espada enloquecieron a los faunos.
Natasha: Hmmm, entonces la espada debió romperse mientras caías del cielo... ¿Estabas combatiendo allá arriba?
Forastero: Lo siento... Yo... no recuerdo nada más allá de la caída...
Alice: ¿No puedes recordar nada más?
Forastero: Sólo que había ráfa gas de luz y... una especie de dolor.
Natasha: ¿Y cómo estás ahora?
Forastero: El vacío me atormenta. Es una frustración constante.
Alice: Entonces liquidaré a los faunos y te regresaré la espada. No pierdas la calma. Pronto recuperarás la memoria.
Modificado por TswordZ#1445 el 17/7/2012 12:44 AM CDT
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Las aventureras, junto a Kormac, se dispusieron a viajar hacia los Campos de Miseria. Pero la arcanista, al ver la cara de preocupación del capitán Rumford, se dirigió a él.

Natasha: ¿Quieres decirnos algo?
Rumford: Escuché que vas hacia los campos. Era un lugar hermoso antes de que los horribles khazra lo profanaran con su presencia. Mata unos cuantos por mí, ¿Puedes?
Alice: No te preocupes. Los exterminaremos.
Rumford: No es necesario tanto...
Kormac: ¡Sí lo es! ¡Nuestra labor es erradicar el mal de esta tierra para siempre! ¡No descansaremos hasta conseguirlo!
Natasha: (Susurrando) Ya le dio sus delirios a éste de nuevo...

El Hermano Malaqui se dirigió al grupo y comenzó nuevamente su prédica.

Hermano Malaqui: Lo que una vez fue uno será cuatro. Aunque los tres se vuelvan uno, los cuatro no volverán a estar enteros.
Natasha: No me gusta lo que dice ese Malaqui.
Alice: ¿A qué te refieres?
Natasha: Según lo que predica, da la impresión de que terminaremos perdiendo el tiempo buscando los fragmentos.
Alice: Puede ser, pero ¿Tienes alguna idea mejor para devolverle la memoria?
Natasha: Hmmm, me temo que no.
Kormac: Entonces no se hable más. En marcha.

Y sin demora, el templario usó el portal de la plaza de Nueva Tristram y desapareció en una bola de luz azulina. Las aventureras quedaron mirando un rato.

Natasha: Y ahí va de nuevo haciéndose el líder.
Alice: Sí, y ya veo que cuando lo encontremos, estará nuevamente rodeado de enemigos.
Natasha: (Riendo) Al menos nos ahorra la tarea de buscarlos. Él los atrae todos.
Alice: Supongo. Vamos, de lo contrario puede que lo encontremos muerto.
Natasha: Mejor vamos primero donde el herrero. Dijo que nos podría fabricar algo.
Alice: Hmmm, no tenemos tiempo que perder, pero creo que en este caso tienes razón.
Natasha: ¿Cómo que «en este caso»?

La cazadora la ignoró y se dirigió donde Edrig, quien se encontraba de pie al lado del yunque, que ya había terminado de desempacar y tenía su forja lista. Un pequeño horno hecho de piedras ya tenía material al rojo, y sobre unas sábanas tenía a la muestra algunas de sus obras: sandalias, escudos, hombreras, espadas...

Alice: Herrero. Venimos a ver qué tienes para nosotras.
Edrig: Ah, las estaba esperando. He podido forjar algunas armas y armaduras que les podrían ser útiles.
Natasha: Veo que tienes bastantes cosas aquí. También estás abasteciendo a la milicia, ¿No?
Edrig: Así es. Aunque nos faltaban hombres, no podía permitir que les falten armas.
Alice: Bien, veamos qué nos tienes.
Edrig: Actualmente, como armas tengo disponibles un par de ballestas ligeras, tres hachas anchas y una vara inferior. De vestimenta, he podido crear una selección de botas y jubones de cuero.

La cazadora tomó la ballesta y la inspeccionó cuidadosamente mientras la arcanista tomó la varita y comenzó a agitarla al tiempo que le proporcionaba su poder arcano.

Alice: Edrig, siento decirte que estoy decepcionada.
Edrig: ¿Eh? ¿Por qué dices eso?
Alice: Cierto que el funcionamiento básico de esta ballesta es perfecto, pero ese es el problema. Es un arma básica. Para los milicianos puede ser útil, pero para mí es insuficiente.
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En tanto, la arcanista lanzaba unas cuantos proyectiles mágicos hacia un árbol cercano. Sin embargo, en cuanto trató de conjurar un orbe arcano, el inmenso poder de éste hizo estallar la delgada vara.

Natasha: Detesto admitirlo, pero la chica-flecha tiene razón. Estas armas no aguantarán nuestro poder.

La cazadora apuntó a su compañera con la ballesta ligera, mostrando su molestia por el apodo. La arcanista no la tomó en cuenta y sólo puso su dedo sobre la punta de la flecha, congelándola a ésta junto con el mecanismo de disparo. Alice quedó aún más irritada, pero la arcanista siguió hablando con el herrero.

Natasha: Y me temo que la armadura que nos ofreces tampoco nos será útil. Estamos luchando contra fuerzas poderosas.
Edrig: Entiendo. Sin embargo, esto es lo único que puedo crear con mis recursos limitados. Si tuviera a mi disposición mejor material, podría forjar objetos de mayor calidad.
Alice: ¿Qué es lo que necesitas?
Edrig: En principio, oro.
Natasha: ¿Oro? ¿Vas a comprar las armas para luego revendérnolas?
Edrig: No, no. Necesito oro para comprar mejores implementos y equipo para poder forjar de manera más eficiente.
Alice: Entiendo, ¿Cuánto necesitas?
Edrig: Para conseguir un verdadero avance, me harían falta unas cuatro mil monedas.
Natasha: ¿Eh? Con eso puedo comprar bastante equipo.
Edrig: Tal vez, pero dudo que sea de la calidad que puedo ofrecerte.
Alice: De acuerdo, te daremos las cuatro mil monedas, ¿Algo más?
Natasha: Ah, bueno, si tú le vas a ayudar...
Alice: Nosotras. Dos mil cada una.
Natasha: Hey, no decidas qué hacer con el dinero de los demás.
Alice: Quieres tener equipo mejor, ¿Cierto? Pues entonces coopera.
Natasha: Vale, vale.
Edrig: Gracias por la ayuda. Sin embargo, me tomará un poco de tiempo ordenar todo y esperar a que lleguen los implementos. No obstante, aún teniendo todo eso, me harán falta materiales mágicos para forjar las armas y armaduras.
Natasha: ¿También eso? Ya sólo falta que nos des el martillo para que hagamos los objetos nosotras.
Edrig: Ésta no es una labor fácil. ¿O crees que puedo crear una espada de la nada?
Natasha: He leído sobre magia de materialización, pero creo que no serviría en este caso.
Alice: ¿Cómo podremos conseguir esos materiales?
Edrig: Eso es más fácil. Tráiganme los objetos que no ocupen o no les sirvan y yo me encargaré de desguazarlos para conseguir los materiales.
Alice: Suena bien. Trato hecho.
Edrig: Pero recuerden, deben tener alguna propiedad mágica.
Natasha: Además andas exigente.
Edrig: Sólo porque mis clientes lo son. De lo contrario, te hubieras contentado con cualquiera de estas espadas.
Alice: Muy bien. Iremos a una nueva travesía. Adiós.
Edrig: Tendré todo listo para cuando vuelvan.

La cazadora se dirigió al portal mientras que la arcanista abrió su bolso y comenzó a dejar varios objetos al lado del yunque.

—Espero que esto sea suficiente como un comienzo. Luego te traeremos más —le dijo al herrero.
—Con esto podré obtener suficiente material para unos cuantos objetos. Me pondré a trabajar de inmediato —respondió Edrig mientras recogía las piezas.

Natasha se dio media vuelta y se dirigió al portal, dispuesta a encontrar los fragmentos de la espada que devolverían la memoria al forastero misterioso.
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hace tiempo que no leia la historia , esta muy buena , sigue asi C; , tienes seguidores , yo quiero la historia completa , me deleitare con leerla jaja.

Saludos.
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Jeje, gracias. Esa es la idea. Continuaré hasta el final, sin importar cuánto me lleve :-)

—Hmmm, Leah también estaba decepcionada de que la estrella caída fuera un hombre —murmuró la cazadora—. Lástima que no escriba mucho en su diario.
—¿Eh? ¿Has estado espiando el diario de Leah? —interrumpió la arcanista.
—¿Ah? ¿Estabas aquí?
—Eso es algo personal. No deberías leer diarios ajenos.
—Ehhh, quería ver si sabía algo de la estrella caída...
—¿Por qué ella sabría más que nosotros, si ni siquiera nos acompañó?
—Este... tal vez Deckard Cain...
—Me has decepcionado.
(Suspiro) De todos modos, sirvió para saber su opinión sobre la estrella.
—¿Sí? ¿Qué decía?
—¿Uh? ¿Así que también estás interesada en lo que dice?
—No, sólo quería saber lo que pensabas de su opinión.
—Ah, pensé que querías saber lo que ella escribió sobre tí.
—¿Sobre mí? ¿Qué escribió?
—Lo siento. No puedo divulgar secretos ajenos. Tendrás que leer el diario tú misma.
—... Tal vez... No, no. No corresponde.
—Tú verás.

La arcanista se dio vuelta y se cruzó de brazos, pensando en todas las posibilidades. ¿Estará sorprendida por cómo ha mejorado la situación en Tristram desde mi llegada? ¿Le molestará alguna costumbre mía? ¿Tal vez estará celosa de mi persona? ¿Envidiará mi magnificencia? No, no es momento para esto. Debemos encontrar la espada del forastero.

Se volteó para avanzar, pero se detuvo poco después.

—Oye —le preguntó a su compañera— ¿Y dónde está Kormac?

Alice bajó la mirada y señaló con el pulgar hacia su derecha. El templario estaba luchando contra varios khazra, una especie de humanoides con apariencia de cabras. Tenían las piernas y cabezas de éstas mientras el torso y la altura eran semejantes a las de una persona. Sus brazos peludos eran una mezcla de los dos, lo que les permitía usar armas como si fuesen guerreros humanos.

—En todo este rato, sólo ha sido capaz de matar a dos de los cinco —comentó la cazadora, dando un suspiro.
—Pues... al menos aguanta bien los golpes...
—Sí, tiene ese punto. De lo contrario, ya le hubiese sugerido que siguiéramos caminos distintos.
—Si no los aguantara, ya estaría muerto, ¿No?
—... Recuérdame decirle al herrero que le forje un arma mejor cuando volvamos.
—Ya lo creo. Acabemos con esto.

La detonación doble de un orbe arcano y una boleadora hicieron que el templario se cubra los ojos. Al disiparse la polvareda, vio cómo de sus oponentes sólo quedaban los cadáveres.

—No es como que no nos interese ver cómo te apalean los khazra, pero tenemos que encontrar esa espada pronto —comentó Alice.
—Ya me preguntaba cuándo vendrían —respondió Kormac.
—¿Nos estabas esperando? Que tierno, pero para la otra trata de evitar que te azoten mientras esperas.
—¡Un verdadero templario no descansa nunca en su lucha contra la Oscuridad!
—Bueno, lo que digas. En marcha.

El grupo se puso nuevamente en marcha y comenzaron a explorar los Campos de Miseria. Dado que antes esto era tierra de labrado, se podía ver desde lejos cualquier amenaza. Sin embargo, la cazadora vigilaba atenta cada follaje y zona de árboles donde podían esconderse criaturas menores. Para ella no importaba el tamaño. Un demonio pequeño podía causar tanto daño como uno grande al poder emboscar de manera más fácil.
Un poco más adelante encontraron un grupo de portadores de plaga. Criaturas semejantes a murciélagos mutados por poderes demoníacos. Éstos estaban rodeados permanentemente por un aura venenosa, por lo que los pobladores trataban de evitarlos en lo posible. Sin embargo, no detendrían la búsqueda de la espada, por lo que luego de unas cuantas saetas y proyectiles mágicos todos yacían inertes en el suelo.

Los aventureros continuaban explorando los campos en busca de alguna señal de la espada cuando el templario, en su carrera, cortó un delgado cable que se encontraba casi a ras de piso. Esto activó un mecanismo por el cual un pesado martillo de hueso se dejó caer sobre el desprevenido guerrero. El impacto dio en su hombrera, abollándola y haciéndole perder el equilibrio. Sus compañeras se detuvieron al ver al templario de rodillas.

—Los khazra usan trampas como ésta para cazar sus presas —comentó Alice.
—Pues pudiste avisarnos antes —reclamó Natasha.
—Lo siento, fue mi error. No pensé que cayeras en esa trampa tan a la vista.
—Gracias por la advertencia —dijo Kormac—. Pero se necesita más que esto para detener la voluntad de un templario.
—¿Quizás un tronco? —estimó la arcanista.
—Mejor nos quedamos con la duda. Veo una cabaña a lo lejos. Tal vez encontremos a alguien que haya visto donde cayó la espada —sugirió la cazadora.
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Se dirigieron hacia la cabaña, pero de repente Alice sintió una leve vibración en el suelo y cerca de ella se desenterraron tres khazra, quienes blandieron sus hachas contra la cazadora. Ésta dio una voltereta hacia atrás, para luego disparar una boleadora al fauno del centro. Éste alcanzó a dar un par de pasos más antes que el artilugio explotara, decapitándolo en el acto. La explosión hizo perder el equilibrio a los otros khazra, momento en el cual un proyectil mágico y la lanza de Kormac los acabaron.

—Estos khazra pertenecían al Clan Lunar —comentó Alice.
—¿Y cuál es la diferencia con el resto? —preguntó Natasha.
—Da lo mismo. Son criaturas malignas. Por lo tanto, deben perecer ante la Luz —manifestó Kormac.
—Si lo quieren ver de forma tan simple... En fin, sigamos —suspiró la cazadora.

Luego de unos minutos y un par de emboscadas de faunos más, el grupo llegó hasta la granja. Parecía abandonada por lo descuidada que estaba. El techo del pozo estaba a medio terminar y un par de baldes rotos estaban tirados cerca de él. Unos bovinos yacían muertos cerca de un pastizal y la hierba estaba crecida. La casa en sí, aunque habitable, se veía estuvo en mejores condiciones. Entre ella y el pozo estaba tirado el cadáver de una gran bestia. La arcanista se acercó curiosa a examinarlo. Sin embargo, alcanzó apenas a dar unos pasos antes que de alrededor de los restos se desenterraran numerosas criaturas semejantes a ranas. Éstas saltaron de inmediato hacia la desprevenida joven. Un par de saetas cortaron el aire y se clavaron en el costado de los batracios, que cayeron muertos. La arcanista en tanto, por la sorpresa, lanzó un orbe arcano que estalló en el suelo, haciendo retroceder a las criaturas. Pasada la sorpresa, los aventureros contraatacaron. El templario se lanzó contra ellas, deteniendo el salto de una de con su escudo mientras empalaba a otra con su lanza, en tanto la arcanista lanzaba proyectiles mágicos mientras retrocedía y la cazadora disparaba sus saetas a los carroñeros que saltaban hacia su compañera.

En cuanto todas las criaturas habían sido eliminadas, se escuchó ruidos proviniendo del sótano de la cabaña. La cazadora apuntó sus ballestas de mano hacia allá. Para tranquilidad de ellos, al abrirse el portón de madera, salió sólo un granjero, aún aterrado. Éste se acercó ansioso hacia los aventureros, mientras miraba nervioso a su alrededor.

—¡Estos carroñeros me atraparon aquí con mi esposa por horas! —exclamó—. Estoy seguro de que ella querrá conocerles y agradecer su ayuda.
—No es necesario —aseguró Alice— Sólo hicimos lo que debíamos.
—Pero es que ella querrá conocer a nuestros salvadores —insistió el granjero.
—En ocasiones, tan sólo la presencia de alguien dispuesto a ayudar a los demás puede infundir esperanza en los corazones ajenos. Te acompañaremos —declaró Kormac.

El grupo siguió al granjero dentro del sótano, aunque Alice no entró hasta que comprobó no había hostiles en la zona ni trampas cerca.

—Amor, ellos son quienes salvaron nuestra granja.

La arcanista se detuvo en seco al ver que sentada en una silla mesedora de madera se encontraba el esqueleto de una mujer. Debía llevar al menos un par de meses muerta por lo limpio de los huesos. Miró con extrañeza al granjero, quien sonreía al mirarla.

—¿Ésta es tu mujer? Parece algo... enferma —comentó la arcanista, sin salir de su sorpresa.
—No ha comido muy bien estos días, pero sé que mi amor se pondrá bien —contestó el granjero, aún sonriendo.
—Bueno, estoy segura de que no empeorará más.

El esqueleto apenas se mecía en su silla, por lo que el granjero le dio un poco más de impulso. No obstante, fue demasiado y el cráneo se desprendió, cayendo el suelo y rodando hasta un rincón.

—Oh, se quedó dormida... —dijo el granjero, con ternura.
—Ehhh, así parece —dijo Natasha.
—Mi esposa ya no puede ayudarme con la siembra y la cosecha —continuó el granjero—. ¡Es sólo piel y huesos!
—No quiero escuchar más... —comentó Alice, quien miraba desde atrás.
—Pero no es mío todo el mérito. Mi esposa es la que se encarga de las cuentas. ¡Su cabeza está en el lugar indicado!
—¿Mmm, en serio?
—Deberías llevar a tu esposa a un lugar más seguro —sugirió Kormac.

Ambas muchachas se quedaron perplejas mirando al templario. Seguido de eso, la arcanista se apresuró a empujarlo por la espalda hacia la salida.

—Oye, deja de hacer eso —reclamó el templario.
—De veras, tenemos que irnos. Este lugar te está afectando —comentó la arcanista.
Modificado por TswordZ#1445 el 26/7/2012 07:41 PM CDT
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—No fue muy cortés irnos así —protestó Kormac.
—Estábamos perdiendo mucho tiempo —aclaró Alice—. Además, ya habíamos terminado con eso.
—Sí, después de todo, aún tenemos que hallar esa espada —añadió Natasha.
—¡Si hay una espada aquí, la encontraremos! —vociferó el templario.
—Al menos sigues animado... En fin, vamos.

El grupo continuó su marcha a través de los Campos de Miseria, buscando alguna pista que los pueda llevar hacia la espada del forastero. Las emboscadas khazra se hacían más frecuentes, pero ya estaban prevenidos. Apenas salían de sus escondrijos subterráneos, en sus cuellos quedaban enredadas las boleadoras de la cazadora, siendo decapitados sin misericordia por la explosión subsiguiente. Los que se encontraban a campo abierto ni siquiera veían venir los proyectiles mágicos y las saetas antes de caer muertos.
Sin embargo, tras una pequeña arboleda, se encontraron con una pequeña manada de bestias salvajes. Estos inmensos animales semejantes al urotauro no veían con buenos ojos a quienes traspasaban su territorio. Nada más avistar a los aventureros, el líder lanzó un bramido y pateó el suelo antes de cargar contra el grupo. La cazadora dio una voltereta, esquivando a la imponente bestia, para luego lanzarle un chakram. Éste se clavó en el lomo de la bestia, quien lanzú un aullido de dolor. El resto de la manada cargó después de eso. La arcanista dio un salto al costado, eludiendo la embestida, pero el templario se mantuvo firme en su sitio y bloqueó la acometida con su escudo. El impacto lo hizo saltar por los aires, a pesar de su voluntad de resistir el embate. Consiguió caer de pie y, blandiendo su lanza, la clavó en el costado de la bestia. La arcanista en tanto, aprovechando la cercanía entre los animales, lanzó un par de orbes arcanos al del medio afectando a todos con la detonación, para luego ralentizarlos con su rayo gélido. No obstante, dado el tamaño de estas monstruosidades, no se veían muy afectados. Alice se equipó la ballesta a dos manos y disparó sus boleadoras a las patas de las bestias, dañándoselas con las explosiones. El líder de la manada entonces cargó contra la arcanista. Ésta esperó hasta que estuviera cerca para liberar una nova gélida que lo congeló completamente, esquivándolo luego con fugacidad. Dada la cercanía, le asestó numerosos cortes con su filo espectral antes de alejarse a una distancia más segura. Al descongelarse el cabecilla, se volteó hacia la muchacha, pero sólo para recibir el impacto de la lanza de Kormac en su frente. La bestia dio un bramido y trató de cornear al guerrero, pero éste desvió su ataque con su escudo y presto le clavó la lanza en el cuello. La sangre manchó la armadura del templario, pero éste impávido continuó dando estocadas. La bestia dio un último rugido antes de caer de costado, al tiempo que otro miembro de la manada caía con una daga clavada en la órbita ocular. El último par cayó instantes después, producto de la infinidad de cortes producidas por los filos espectrales.

—¡Otro paso en el camino a la gloria! —esclamó Kormac.
—Idiota. ¿Cómo se te ocurre tratar de detener esa embestida? —lo encaró la arcanista.
—¡La voluntad templaria es más fuerte!
—Sí. Se nota por lo alto que volaste...
—Normalmente no intervengo en peleas de pareja, pero tenemos una misión que cumplir —interrumpió la cazadora.
—¡¡¿¿Qué dijiste??!!

La arcanista le lanzó un proyectil mágico a su compañera, que ésta esquivó con una voltereta. Entonces Natasha comenzó a lanzar una gran cantidad de descargas pulsátiles. Dada la cantidad y la aleatoriedad de sus rutas, Alice prefirió alejarse y seguir buscando la espada por su cuenta, pero Natasha la siguió mientras le lanzaba proyectiles mágicos. Kormac en tanto se quedó de pie un rato, confundido por lo que estaba pasando, pero luego volvió a seguir a sus compañeras.
Luego de correr por unos minutos, y eliminar en el camino a unos cuantos khazra a base de certeros lanzamientos de daga, la cazadora se encontró con una cueva desde la cual emanaba un extraño brillo azulino.

—Otra vez la extraña luz. el fragmento de la espada debe estar en la cueva —murmuró.
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Esquivando un par de proyectiles, se afirmó con una mano en un borde de la cueva y se impulsó hacia dentro. Allí, detuvo su marcha y observó el lugar en silencio. La cueva estaba vagamente iluminada por unas precarias antorchas. Abundaban las estructuras de madera adornadas con cráneos, aún manchados de sangre. Varios montones de huesos se hallaban igualmente cerca de las paredes y unas cuantas barricadas de madera entorpecían el paso a los visitantes. En cuanto escuchó que su compañera estaba cerca, se apegó en la pared de la cueva, ocultándose en las sombras. Natasha entró a toda marcha con el templario siguiéndola. A la muchacha no le importó ni los sacrificios ni las barricadas. Simplemente lanzó un orbe arcano mandando a volar en todas direcciones las estacas de las que estaba construida la barrera. Saltó unos cordeles que estaban a ras de piso, pero Kormac los cortó al pasar. La trampa se activó y un pesado tronco cayó sobre el templario.

—¡Kormac! —gritó alarmada la arcanista.

Con todo el ruido varios guerreros del clan lunar salieron desde el fondo de la cueva con sus hachas en alto, listos para enfrentar a los invasores.

—¡Ahora no!

Natasha cargó dos orbes arcanos y los lanzó, para luego conjurar un torrente arcano hacia los khazra. La obliteración del primer ataque los detuvo en su sitio mientras que la descarga incesante que vino después los terminó destrozando, dejando sólo un reguero de sangre y trozos de carne con aura violácea.
La arcanista, al terminar con la amenaza, se dirigió donde el templario, pero ésta vio con estupor como se estaba levantando casi como si nada.

—¿Te sientes bien, Kormac?
—Sí. Por suerte me cayó en la cabeza.
—¿Eh?
—No te preocupes. No temo al dolor.
—Sí, pero fue todo un árbol lo que te golpeó esta vez.
—Se necesita más que...

La arcanista se apresuró a taparle la boca con una mano.

—Cállate, que luego termina derrumbándose la cueva con tal de detenerte.
—Primera vez que te veo tan preocupada de alguien —dijo Alice mientras salía de su escondite.
—Tú... ¿Por qué no le avisaste de la trampa?
—Ya lo había hecho fuera. Además, tu también la viste y no le avisaste.
—Sí, pero...
—Además, hay gente que sólo aprende a la mala.
—De acuerdo. Tendré más cuidado de ahora en adelante —declaró Kormac.
—Bien. Ahora vengan.

La cazadora se acercó a los cadáveres de aquellos quienes la arcanista recién había eliminado. Apartó con el pie algunos restos y dejó ver los jirones de una túnica amarilla con negro.

—Ya has visto esto antes, ¿No? —le preguntó a su compañera.
—El diseño es similar al de los cultistas que encontramos en la catedral —respondió.
—Así es. Normalmente los faunos atacarían a cualquier humano que vieran.
—¿Entonces los cultistas domesticaron de algún modo a los khazra?
—Deben estarlos controlando con algún tipo de ritual. Debemos tener cuidado.

El grupo se adentró más en la cueva. La cazadora guardó bajo su capa su ballesta a dos manos y desenfundó sus ballestas de mano, atenta a cualquier movimiento. La arcanista iba algo más distraída observando las estructuras khazra. El templario en tanto tenía fija la vista enfrente, listo para atacar a cualquier enemigo que apareciera delante de ellos.
A medida que avanzaban, el tono anaranjado de la cueva, producto de la tenue luz de las antorchas, iba cambiando por uno más azul. Desde el fondo de la cueva se escuchó una voz humana:

—Debemos apresurar el ritual. Maghda llegará pronto. Está transformándose.

Un grupo de cultistas oscuros se encontraba dispuestos en semicírculo frente a un cráter resplandesciente mientras conjuraban algún tipo de rayo sobre él.

—¿Quién es Maghda? ¿Y a qué se refiere con «transformándose»? —preguntó en voz baja Natasha.
—No tengo idea, pero podemos aprovechar que están desprevenidos para atacarlos por la espalda —sugirió Alice.
—¡Soy tu destrucción! —gritó Kormac, al tiempo que se lanzaba al ataque.
—Creo que mientras él esté en el grupo tenemos que olvidarnos de las tácticas de emboscada —comentó la arcanista.
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