Diablo® III

La selección del héroe: el bárbaro

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La selección del héroe con el cual luchar contra las hordas de los Infiernos Ardientes puede resultar difícil. Para ayudarte a tomar esta decisión, hemos recopilado toda la información referente a la experiencia de juego e historia de cada clase.


El bárbaro

Los bárbaros son errantes salvajes que nunca retroceden del combate cuerpo a cuerpo. Poderosos pisotones, ataques de salto y tajos simultáneos con dos armas aniquilan a sus adversarios y obligan a los sobrevivientes a ponerse a cubierto.

Gracias a su tamaño y fuerza, los bárbaros pueden dominar una lucha con casi cualquier arma y técnica, aunque prefieren armas masivas e imponentes. Los bárbaros no son extraños a los rigores de la batalla y por lo general se desenvuelven mejor al verse rodeados de muchos oponentes —causando y recibiendo heridas— que cuando intentan perseguir a objetivos solitarios.

Los ataques del bárbaro son principalmente cuerpo a cuerpo. Sus veloces tajos diezman en segundos las filas de los enemigos más débiles, mientras los pisotones y embates que sacuden el suelo provocan que hordas de oponentes se tambaleen y revientan la armaudra de adversarios aún más poderosos.

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Experiencia de juego


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Transfondo del personaje

Caminante (Extracto)

Era un hombre, un gigante aún más alto que las cosas que le atacaban. Un hombre salpicado de sangre caliente que despedía vapor en el frío aire mañanero. Llevaba una capa de piel de oso sobre sus anchos hombros, las piernas ceñidas con piezas variopintas de armadura de malla y placas que no hacían juego, así como pesadas botas de piel de buey. Su pecho estaba descubierto y marcado con cicatrices. Sostenía la empuñadura de un arma terrible —que era de su tamaño— con manos gruesas, nudosas y encallecidas. La espada era fácilmente tres veces más grande que el hacha de Aron y estaba forjada de iracundo metal ardiente. La superficie de la hoja irregular presentaba muescas en ambas caras, era una herramienta de muerte tosca y brutal que el hombre sostenía en alto como si fuese una extensión de su brazo.

Sólo podía tratarse de un bárbaro.


Guerreros vagabundos de Arreat

Desde tiempos inmemoriales el sagrado Monte Arreat alberga la Piedra Ecuménica, un artefacto de indescriptible poder que es vital para la existencia de la humanidad. Los guardianes de este venerado lugar eran las tribus bárbaras de las Estepas del Norte, dirigidas por el enigmático y legendario rey Bul-Kathos. Abundan rumores del gran tamaño y fuerza de este bárbaro primigenio. Cuentan las leyendas que era un nefalém, protector autoproclamado de la Piedra Ecuménica. De cualquier modo, los bárbaros se hacen llamar “Hijos de Bul-Kathos” y nadie puede negar que son dignos de su talla, ni tampoco la valerosa determinación con la que llevaron a cabo su vigilia.

Su misión los transformó de simples granjeros a nómadas fervientes, guerreros leales que patrullaban las fronteras del reino en incansable vigilia. Los bárbaros cumplieron su propósito con determinación inquebrantable durante siglos y habitaban en aislamiento inmaculado. Cualquier cosa que pudiese conducir a distracciones o a debilidad era extirpado, lo que incluía política, magia, comercio y maquinaria. Las tribus que patrullaban el Monte Arreat no toleraban a los intrusos y lidiaban con ellos sin preguntas ni negociaciones. Era una existencia pura, comprometida con la espada, el hacha, la lanza, el escudo y el deber sobre todas las cosas.

Todo cambió cuando Baal y su ejército demoníaco se abrieron paso hasta la Piedra Ecuménica. El Mal Supremo corrompió el artefacto con la finalidad de diseminar su oscuridad entre toda la humanidad. En un intento desesperado por detener a las legiones infernales, el arcángel Tyrael lanzó su espada divina contra la Piedra Ecuménica, destruyéndola junto con el Monte Arreat. En un desastroso instante, la vigilia de los bárbaros llegó a su fin. La vergüenza y el sacrilegio de este profano suceso convirtió a las tribus bárbaras en un eco decadente de su devastada montaña.

Los guardianes de Arreat se encuentran esparcidos por todos lados. Aquellos que sobrevivieron deambulan por las arruinadas tierras del norte, desconsolados y sin rumbo ahora que su causa dejó de existir. Algunos han sucumbido ante la locura o cosas peores.

Ahora ha caído una estrella en el sur, en el humilde poblado de Nueva Tristram. Ahí han despertado fuerzas oscuras y la necesidad de brazos fuertes y corazones heroicos es enorme. Para los bárbaros errantes hay una esperanza de que este evento traiga una nueva misión, una nueva vigilia, y quizá un renovado propósito para su existencia.
Modificado por Luumht el 16/5/2012 08:19 PM CDT
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