Diablo® III

Balada de la Venganza

Hola a todos. Siempre tuve ganas de escribir una historia dentro del universo de Santuario, así que, acá estoy.

Quizá algunos ya me hayan leído con mi relato del Starcraft 2 "Volando contra el viento" ( que pueden encontrar en los foros de dicho juego: http://us.battle.net/sc2/es/forum/topic/2548996228 )

Espero que disfruten de la historia tanto como yo disfruto de escribirla. Perdón por cualquier falta de ortografía.
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Capítulo uno (primera parte)

La gente le había dicho a Luna que no salga de Duncraig, que extrañas cosas estaban sucediendo en los alrededores de Tristram. Pero ella tenía familia, su madre y su padre vivían en el pequeño pueblo de Andaros, no muy lejos de Dunecraig, entre Tristram y su ciudad adoptiva.

Ella sabía muy bien que fuera de las murallas de la ciudad se ofrecía poca protección, especialmente en estos días. Ya dejando de lado las oscuras historias que se dieron en el maldito lugar llamado Tristram, los reportes de extrañas y sombrías reuniones en la espesura no ayudaban mucho a la seguridad de lugar. Pero el Aquelarre no iba a impedir que ella saque a sus padres de allí. Pese a que no se escuchó noticias de Andaros hace más de una semana.

Con la protesta de su prometido (y con la compañía de este), Luna hizo el viaje de tres días a caballo desde Dunecraig hasta Andaros, sin mucho problema. Pero el pueblo de sus padres, el pueblo donde pasó su adolescencia, yacía como una carcasa calcinada.

Cadáveres carcomidos y quemados regaban el lugar. Se hubieran detenido a mirar, para corroborar que no eran los padres de Luna, si no fuera por los aullidos que se escucharon poco tiempo después. Ella se estaba arrepintiendo de su decisión, mientras él y su prometido Aidan echaban a correr. Sus pulmones quemaban como fuego, su garganta estaba seca y su nariz llena de la humareda del incendio que se desataba a su alrededor. Sus piernas la traicionaban, haciendo que cada paso costase un esfuerzo atroz de su parte.

Pero ella no cayó. Siguió, solo parando cuando escuchó el cuerpo cayendo de Aidan. Se dio vuelta para presenciar lo peor, una horda de seres saliendo de las llamas, con ojos brillantes y cuernos tan retorcidos como sus almas. Eran legión, y se le aproximaban a Aidan con cuchillas en alto. Luna no tardó en ir a su ayuda, pero algo la detuvo. Algo la agarro del brazo tan fuerte que casi cae de bruces al suelo. Alzo la cabeza esperando ver a algún personaje de pesadillas, pero lo que vio, no fue exactamente eso.

La figura llevaba una capucha negra, con un pañuelo color carmesí que ocultaba su rostro, dejando ver solo sus ojos, que centellaban con la luz de mil soles enfurecidos. Vestía una armadura de acero oscuro, adornada con pinches.

-Detrás de mí ¡Ahora! –Dijo mientras levantaba a Luna de un tirón. Los diablillos ya habían llegado a Aidan, y se proponían a tirársele en sima. El los ahuyentaba a patadas, incapaz de levantarse. Uno de ellos le atravesó el muslo con un puñal de diez centímetros, haciendo que Aidan dejase escapar un grito del mas sincero y atroz de los dolores. Los diablillos parecieron disfrutar ese sonido.

Pero no la figura encapuchada, sin tardar un segundo más, alzo la otra mano (que llevaba bajo la capa) y descubrió una pequeña ballesta. Llevó su otra mano hacia su espalda y sacó otra ballesta de similar tamaño pero de aspecto diferente. Los demonios alzaron la cabeza justo antes que el extraño empezase a disparar virotes. Tres de ellos murieron antes de que puedan moverse. Uno de ellos saltó hacia la figura encapuchada, con el cuchillo brillando con la sangre de Aidan, pero no hizo más que ser un blanco fácil para dos flechas bien puestas en el pecho. Dos de ellos al ver como caían sus hermanos sin la menor resistencia, trataron de huir. Cayeron inertes a una sola flecha que disparó el ballestero.

Aidan seguía hecho un ovillo en el suelo, agarrándose su pierna que no paraba de sangrar. Luna se quedo en el lugar, incapaz de moverse en toda la escena. Todo pasó en segundos, pero pareció que fueron horas. La figura encapuchada corrió hacia Aidan, agarrándolo por una mano y pasando su cabeza abajo del brazo. Cuando estaba por llegar hacia donde estaba Luna, desde las columnas de fuego, hasta del piso mismo, salieron quince demonios mas, algunos cortos, otros largos, gordos e incluso perros de caza salidos del mismo infierno. El tirador vio por su hombro y rápidamente le tendió a Luna su prometido.

-Tres casas y giras a la izquierda ¿Comprendido? Yo los detendré. –No le dio tiempo a Luna para que respondiera, tampoco ella necesito hacerlo. Cargo con su pareja, parando solo un momento para mirar sobre su hombro. Flechas silbaban el aire mientras el extraño se movía como una sombra.

Había llegado a la tercera casa, casi irreconocible exceptuando a sus calcinados cimientos. Giro a la izquierda y vio una choza que se mantenía en pie. Se dispuso a avanzar, pero nuevamente, algo la retuvo desde el brazo. El extraño, la tenía nuevamente agarrada. Ahora estaba agitado y cubierto con sangre, muy probablemente no de él. Con un gesto indicó hacia el suelo, apuntado a una sutil marca en la tierra. Se agachó rápidamente y con unos movimientos de manos desarmo una trampa de cuchillas que se hubiera cerrado en la pierna de Luna si ella seguía avanzando.
Modificado por Nevinirral#1683 el 26/10/2012 08:03 PM CDT
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Capítulo uno (segunda parte)

Se acercaron a la casa y ella notó que no había manera forma de entrar, todas las ventanas y puertas estaban tapiadas. Miró al extraño esperando una respuesta pero no lo encontró, tuvo que mirar de nuevo a la casa para ver que estaba trepado a un alfeizar de las ventanas superiores, mientras abría los ventanales.

-Rápido, extiéndeme su brazo –Dijo mientras se asomaba de la casa. Ella con esfuerzo levanto a su pareja lo suficiente para que el extraño alcanzase a subirlo –Ahora tú –Dijo con su mano extendida hacia afuera. Luna fue elevada casi con gracia hacia el interior de la casa. Estaba oscuro y con olor a encierro, pero seguramente esto era lo que el encapuchado deseaba.

Aidan estaba recostado, con el semblante pálido y temblando. Luna se le acerco, titubeando. Le agarro la mano con fuerza y el la miro a los ojos. Pese a que él no quería estar aquí, no dudo un segundo en seguirla. Era su mundo y no iba a dejar que nada le pasara. Hizo una forzada sonrisa que pareció sincera. Ese segundo de intimidad fue interrumpido solo por el extraño, cuando cerró la ventana y prendió una tenue vela en el centro de la habitación.

-Quien… -dijo Luna levantándose con dificultad -¿Quién eres?

-Pensé que reconocerías a un viejo conocido –Dijo el tirador, mientras se echaba para atrás la capucha, descubriendo su joven rostro y enmarañado pelo negro.
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