Diablo® III

El nacimiento de un heroe!!

Cuando falle aquella vez, la congoja y la tristeza invadieron mi existencia. Mi corazón sumido en la derrota sucumbía a las tinieblas, estaba todo más oscuro. Me sentía solo y no tenía las energías suficientes para continuar la marcha, no sentía el impulso y la fuerza de la vida en mi cuerpo. Había sido derrotado y no solo en batalla si no en la vida misma.
Estaba vació, era un alma en pena, mi apariencia, la de un campesino hambriento, lleno de ojeras, siempre triste, de caminar lento, sin motivaciones.
Había perdido el rumbo, me encontraba sin destino. Fui albergado en casa de compañeros, estimulado a seguir adelante. Pero nada de eso servia. Las cabalgatas por los montes en busca de presas de caza, algo que me llenaba el corazón no tenían gracia.

No solo había fallado y sido derrotado, si no que me abandone a mi mismo. Había discutido con mi maestro en armas, y tuve que dejarlo. Me sentía desahuciado, mas perdido que nunca. Me aleje de la buena vida y caí en los placeres. Me volví flojo, lento y poco resistente. De aquello que me convertía en un guerrero, ya no quedaba nada. Fue cuando apareció ante mi un ángel, de belleza majestuosa, de voz hermosa, que con su suavidad, dulzura y ternura fue dando calor a mi corazón, esa sensación tiempo atrás perdida, rápidamente tuve la necesidad de protegerla, acompañarla, mientras lo hacia mi propio demonio se fue alejando, dando lugar a mi luz interior que aun después de tanto tiempo de pesar existía en lo profundo de mi ser. Los colores de la vida me empezaron a parecer más brillantes y los sonidos más nítidos, fue mágico, estaba vivo y de eso no había duda.

Su nombre era Lhea y he de protegerla aunque el sinuoso camino serpentee por los confines del infierno!
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Buena intro. No dudes en seguir en cuanto te sientas inspirado. Es un buen inicio.
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Mientras las luces del día se retiran, las velas y faroles luchan por mantener alejadas las largas sombras que se asoman, la oscuridad cae y es inevitable... tiempos aciagos se avecinan.-

De la larga mesa de madera se retiran los platos de una buena cena y las sobras son tiradas a los perros, son traídos 2 candelabros, con luz cálida y muy constante como si fueran mágicos, que hacen retroceder a las sombras solo a las esquinas más distantes.

Con el crepitar del fuego a su espalda y el sonido de la puerta de la sala cerrándose al retirarse los criados, en la habitación cruzan su mirada los hombres y mujeres que en silencio se hacen entender.

Mientras una grave y seca tos resuena cuando el tabernero remueve enérgicamente el fuego para acomodar la leña antes de retirarse. Decard Caín busca entre sus alforjas una serie de libros, anotaciones y dibujos que fue recolectando en su exploración de la catedral. Leah continuaba sentada junto a la mesa, observando las figuras dibujadas por las llamas.

Interrumpí en la habitación al mismo tiempo que pedí permiso, los 2 se dieron vuelta y me miraron, solo Leah se detuvo a mostrar una leve sonrisa…

Afuera en la fría noche un carruaje se detuvo lentamente. Los corceles sin hacer ruido, retozaron en medio de la neblina mientras el cochero bajo y solicito una entrevista entre Caín y sus señoras.-

Del carro bajaron 2 mujeres elegantes, vestidas con ropas cómodas y muy finas en colores azul oscuro con un símbolo desconocido para mi bordado en plata en el centro del pecho. Ambas portan mazas de guerra de un metal brillante de idéntica forma.

No pude escuchar su vos, aunque pensé que ninguna sonaría suave y dulce como las de Leah, un aroma notable a hierva humedecida por el rocío de la noche me llego de ellas.

Caín volvió a entrar luego de deliberar con ambas mujeres, se dirigió a Leah y por lo bajo empezaron a hablar, mientras Leah con notable asombro me dirigió una mirada; después de deliberar Caín se dirigió hacia mi y brevemente me explico que esas mujeres estaban buscando a un mercenario que las escolte hacia la isla de Shartara, Caín me recomendó ya que yo estaba en condiciones de realizar dicha tarea y el pago en oro me hacia falta… El viaje no tomaría más de 3 meses y a pesar de la angustia de alejarme de Leah necesitaba el oro.-

Cain no me explico mucho sobre las mujeres, ni como las conocía... pero confié en su palabra.

Fue así como partí en el carruaje con las 2 mujeres que debía escoltar y proteger… De haber sabido que nunca más volvería a ver a Leah jamás hubiera aceptado la tarea…
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Bien. Tienes un buen estilo. Sigue así.
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