StarCraft® II

Cuando Egon Stetmann comenzó su carrera científica en un centro de investigación del Dominio ubicado en Tyrador III, sus compañeros, tan jóvenes e idealistas como él, también creían que su generación forjaría un futuro mejor para todos los terran del sector Koprulu.

Divididos por equipos en las enormes instalaciones del centro, estos ambiciosos nuevos científicos empezaron a trabajar en una gran cantidad de tareas. Stetmann e Isabella Yorin recibieron la consigna de crear un campo de fuerza portátil de gas ionizado, similar a los escudos de plasma de los protoss, pero sin ayuda de un generador de campos de energía psiónica. Creyendo que dicho dispositivo tendría usos militares y civiles, Stetmann se dedicó de lleno al proyecto y construyó un prototipo funcional en tan sólo unos meses.


Con el paso del tiempo, Stetmann descubrió que su labor no era más que una pieza en un proyecto mucho más grande, algo por completo inmoral; con propósitos puramente militares. Cuando se le concedió un nivel de seguridad más elevado gracias a su éxito con el campo de fuerza, Stetmann fue testigo de las brutales cirugías a las que se sometía a los sujetos de prueba. Durante estas macabras operaciones, se reemplazaban huesos y órganos con componentes artificiales. El objetivo era crear unidades militares de élite mejoradas a través de la cibernética. En etapas más avanzadas del experimento, se injertaría quirúrgicamente el prototipo del campo de fuerza de Stetmann en estos individuos, lo que les permitiría generar sus propios escudos protectores. Sin embargo, y lo más perturbador del asunto, los pacientes eran reos extraídos contra su voluntad de la prisión de Nueva Folsom.


Aunque Stetmann consideraba tales actos como moralmente censurables, Yorin y los demás científicos temían que sus críticas traerían problemas y pondrían en riesgo sus carreras profesionales. Confundido por la hostilidad recibida, Stetmann concluyó que la compartimentación de las instalaciones había embotado la fortaleza e idealismo moral de sus compañeros. Éstos consideraban que su labor individual era completamente benigna, ignorando la terrible naturaleza del experimento en su totalidad.


Incapaz de tolerar el estatus quo con plena conciencia, Stetmann diseñó un sofisticado virus informático para sabotear las instalaciones de Tyrador. En un acto de rebeldía más personal, Stetmann se robó el prototipo del campo de fuerza en la víspera del ataque y lo reemplazó con una copia inservible. Al momento de ejecutar el virus, el caos se apoderó de las instalaciones. Toda la información de la computadora central fue eliminada, las celdas de los sujetos de prueba se abrieron y las torretas de seguridad se volvieron contra los guardias.


Stetmann se escabulló entre la confusión, pero fue interceptado por Yorin. Su otrora compañera de investigación había tomado el control de una puerta blindada que conducía al exterior y se negó a dejarlo pasar. Aunque a éste le molestó la lealtad que Yorin tenía por el Dominio, no fue capaz de lastimarla. En lugar de eso sobrecargó el prototipo del campo de fuerza, liberando una descarga electromagnética que no sólo distrajo a Yorin, sino que desgració los dispositivos electrónicos cercanos y deshabilitó los cerrojos de la puerta que le separaba de la libertad.


Luego de salir del planeta a bordo de una nave mercante, Stetmann pasó los meses siguientes en el Puerto del Muerto, un nido de actividad criminal donde pudo evadir las garras del Dominio. Ahí se las arregló vendiendo mejoras tecnológicas hasta que algunos grupos criminales sin escrúpulos notaron su talento. Eventualmente fue acosado para que colocara dispositivos de rastreo dentro del cerebro de deudores y otros individuos que los jefes locales del crimen consideraban como de su propiedad.


Cuando Stetmann se negó, se convirtió en un hombre perseguido. Forzado a subsistir de la basura que rodeaba al puerto estelar de la ciudad, perdió toda la voluntad de vivir. Pese a sus esfuerzos por permanecer oculto, fue descubierto por una de las organizaciones criminales que rechazó. Varios matones armados se prepararon para ejecutar al joven científico a la vista de todos los que se encontraban en el puerto estelar; una manera de enviar un cruento mensaje a los demás habitantes de la ciudad.


Sin embargo, entre la multitud de curiosos había dos hombres, Matt Horner y Jim Raynor, quienes no permitirían que el injusto homicidio se llevara a cabo. Éstos, junto con otros miembros de los Rebeldes de Raynor, llegaron al Puerto del Muerto a bordo del crucero de batalla Hiperión para reabastecerse. Luego de rescatar a Stetmann y enterarse de su escape de Tyrador, Raynor lo invitó a que se uniera a su grupo rebelde como asesor científico en jefe.


Stetmann aceptó la oferta y se ha vuelto un miembro indispensable y, pese a la confrontación ocasional con algunos miembros de la tripulación debido a sus peculiaridades sociales, querido de los Rebeldes de Raynor. A través del grupo rebelde ha encontrado el modo de continuar su lucha contra la inmoralidad e injusticia del Dominio, pero, por encima de todo, su tiempo a bordo del Hiperión ha reavivado algo que creyó perdido en Tyrador: la esperanza de que puede hacer algo para cambiar las cosas en el sector Koprulu.

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