StarCraft® II

Una historia corta por

Cameron Dayton

Luz. Una blancura trepidante, abarcadora. Teredal pestañeó, no veía nada más que haces de luz que irradiaban una luminiscencia húmeda en su campo visual.

Cuánta belleza. ¿Estoy en el Khala? ¿Me mo…?

No. Había luz, pero no había voces. Silencio. Según la tradición, después de la muerte el Khala era un coro infinito de mentes entretejidas en armonía y felicidad. Pero… el zelot solo sentía dolor. Teredal se frotó la cicatriz que tenía donde había estado su ojo izquierdo con el talón de la mano; había empezado a molestarle.

¿Cuánto hace que estoy aquí tirado?

Teredal se dio vuelta.

¿Y la luz?

Estrellas. No, meteoritos. Saalok estaba atravesando una lluvia de meteoritos y la luz que caía como una cascada les daba una textura pálida y líquida a las paredes del cañón. El brillo lo había despertado y ahora Teredal sentía el dolor agónico de su cuerpo roto. Tenía dos costillas rotas en varios lugares; el brazo, una llama de dolor donde se había propagado la infección y el cráneo todavía le retumbaba por el golpe y el rugido del faro.

Pero ya no me duelen los corazones. Y estas sombras significan que todavía no amaneció.

Teredal tembló y se puso de costado. Sentía el último faro aún amarrado a la cintura.

Hasta el más diminuto de los arcos llena la circunferencia mayor.

Ahora de pie, zelot.

Se inclinó con una mueca de dolor y se arrastró para ponerse de pie. Trastabilló hacia un costado y se desmoronó contra la masa carnosa y amorfa que alguna vez había sido un amo supremo. Hacía frío sobre la arena húmeda. Teredal volvió a levantarse con esfuerzo, descansó contra esa cosa ensangrentada por un momento y después se alejó. La lluvia de meteoritos ya estaba terminando, las últimas líneas de fuego desaparecían en un horizonte cada vez más claro.

Ahora corre, zelot. Corre por Aiur.

Y Teredal corrió. Después de una decena de pasos tropezó y cayó sobre la arena. Pero volvió a levantarse y siguió corriendo. Este último tramo sería poco más que la mitad de la distancia del anterior pero los corazones ya le dolían y solo había dado unos pocos pasos. Además, no podía enfocar la vista.

Corre.

Las sombras que cubrían la base del risco que estaba siguiendo comenzaron a retroceder. Teredal se obligó a correr más rápido y las piernas entraron en ese ritmo constante, atemporal por el que los zelot eran tan conocidos. La arena se transformó en grava, que se transformó en roca, que se transformó en arena de nuevo.

Más rápido.

Corrió más rápido. El dolor se atenuó y Teredal supo que era el sabor anestésico de la muerte que se acercaba.

Más rápido.

Sus pisadas sonaban pesadas contra la arena. Retumbaban en las paredes de roca. Retumbaban y se amplificaban hasta convertirse en olas de sonido que se estrellaban contra una costa imaginaria. Ultraliscos. Chirridos que traía el aire tenue. Había zerg detrás de él, bestias hambrientas a la caza de la criatura que las había evadido durante tanto tiempo. Ahora su camino era conocido, su refugio se desvanecía a medida que el cielo se iluminaba.

Más rápido.

Caían rocas de las paredes del cañón a ambos lados de Teredal. Los zergueznos corrían en paralelo al zelot, a la misma velocidad, mientras buscaban un modo de descender y atacar. El estruendo era mayor detrás de él. Ya se veía luz coronando la cima de las montañas. El amanecer estaba cerca.

Y entonces el cañón terminó y Teredal siguió corriendo sobre una extensión abierta de grava. Su meta se aproximaba: un cráter antiguo, una marca circular sobre la cara de Saalok, discernible desde Aiur. Ya no habría dónde refugiarse. No más escondites. Solo quedaba correr.

Ahora el ruido era más fuerte. Teredal oía el repiqueteo rápido de las garras sobre la piedra, los zergueznos corriendo a toda velocidad el último tramo. Las criaturas eran rápidas.

Pero no son zelot.

Más rápido.

Una última explosión de velocidad, energía proveniente de unas reservas que Teredal ni siquiera sabía que tenía. El cráter se veía cada vez más grande y el veterano se desenganchó el faro del cinturón.

La emboscada esta ahí. Si tan solo pudiera posicionar el faro antes de…

Un ultralisco apareció en el borde del cráter. Después otro. El par que había visto patrullando durante la noche. Chocaron sus garras curvas y salieron en estampida desde el borde del cráter hacia donde estaba él. El suelo tembló. Detrás de ellos, salía el sol. Amanecía. Teredal encendió la espada y atacó.

¡Por Aiur!

La apelación de Teredal se propagó por todo el Khala, fuerte y clara y entera. Y no fue la única. Muchas voces se hicieron eco del grito de Teredal con una furia que igualaba el rugido de los ultraliscos.

¡Por Aiur!

Rayos de energía azul desgarraron el amanecer, destrozando a los ultraliscos en una lluvia de sangre y huesos. Un trío de mantarrayas del vacío irrumpió entre la sangre, seguido de una decena de exploradores. Tronaron en el cielo, lacerando el aire con una tempestad de partículas efervescentes. Teredal giró, vio por primera vez lo que lo había estado siguiendo. Era un ejército de zerg: un sinnúmero de hidraliscos, cucarachas y zergueznos. Los ultraliscos bramaban en el calor abrasador, indefensos contra el ataque aéreo. Los zerg quedaron atrapados en la tormenta de fuego y solo los que estaban más cerca del borde del cañón pudieron escapar y refugiarse.

Teredal cayó de rodillas, una oscuridad adormecedora se apoderaba de su cuerpo. No sentía dolor en el brazo ni en el pecho, que parecía vacío. El zelot se derrumbó en la arena, vio el último faro rodar de entre sus dedos inertes. Aiur se alzaba en el horizonte junto al sol. Era hermoso. Dorado y verde y perfecto.

Mientras miraba cómo Aiur trepaba por el cielo, más voces se trenzaron en el Khala que lo rodeaba.

Sí. Tenía razón, ejecutor. El zelot está aquí.

¿Está ahí?

No sé cómo pero está aquí.

Teredal luchó por responder. Su cuerpo se rehusaba a moverse y tenía la voz débil, un jadeo suave que temblaba a través del Khala.

Retire… la flota, ejecutor. Retire la flota.

Hubo un silencio y después la respuesta retumbó desde el cielo.

Hemos visto tus marcas, zelot, y el ejecutor analizará su significado. Entretanto, estamos retirando la flota. Aiur deberá esperar un día más.

En taro Adun, zelot.

Teredal asintió, la arena blanca, fría contra la mejilla.

En taro Adun..

Se imaginó por un momento que estaba de pie en Aiur, de pie junto a su maestro mientras miraban la luna en el cielo. La luz era casi cegadora.

Saalok… brilla esta noche. Brilla tanto.

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