Una historia corta por

Valerie Watrous

No había salida, los gritos se lo aseguraban. Podía sentir a los templarios oscuros apiñados, en pánico. La estructura en la que se hallaban se encontraba completamente rodeada, pero él no tenía la capacidad para intervenir. El miedo de los templarios oscuros se grabó en su mente y perforó su conciencia. Cada sensación era brillante y distinta antes de escurrir hacia el abismo. Ya conocía el desenlace, las máquinas se aproximaban…

—Comandante, nos acercamos al borde de la zona de seguridad.

Los ojos de Aldrion se abrieron de súbito y, al cabo de un breve instante de duda, el alto templario acomodó sus ideas para contestarle a la piloto a través del comunicador de la nave. —En camino, Zoraya.

Se preguntaba por qué la alarma no lo despertó a pesar de que podía sentirla resonar contra su piel. Las visiones habían sido un problema desde antes de que dejara Shakuras y su misión actual sólo parecía agregarle una mayor carga. No obstante, la Ejecutora Selendis le había confiado la toma de la decisión después de hablar con la Jerarquía. No decepcionaría a su gente.

Todavía sumido en sus pensamientos, caminó desde la pequeña cámara de meditación hasta el puente de la nave. La tripulación ya se encontraba reunida, un grupo poco común que consistía de dos guerreros de Aiur como él y la piloto, una templaria oscura. Apenas los conocía, pero no fue posible disponer de nadie más. Incluso la nave era extraña, sólo sabía que era una creación de los templarios oscuros. Aldrion levantó la vista para mirar la pantalla.

—No ha habido patrullas en esta zona durante un buen tiempo, quizá encontremos resistencia. —Para que la templaria oscura pudiera escucharle, Aldrion se estaba comunicando psiónicamente con palabras en lugar de transmitir sus emociones a través del Khala. A sus hermanos de Aiur los definía desde hace mucho tiempo el vínculo mental que les permitía comunicar sus pensamientos y sentimientos sin esfuerzo alguno. Aquellos en oposición al Khala —y que buscaban conservar su individualidad— se habían convertido en exiliados: los templarios oscuros. Su largo distanciamiento llegó a su fin con la caída de Aiur hace algunos años, pero la paz era frágil.

A diferencia de muchos protoss de Aiur de rango y experiencia similar, a Aldrion no le importaba adaptarse a los medios extraños de los templarios oscuros si la situación lo requería. En esta época ya no podía darse el lujo de la intolerancia, sin embargo, podía percibir las barreras perpetuas que rodeaban las mentes de los templarios oscuros aún cuando tocaba sus pensamientos; eran fríos.

—Activa el campo de invisibilidad, —ordenó Aldrion. Zoraya le extendió una breve afirmación, los templarios oscuros no eran conocidos por ser verbosos.

La intensidad de las luces internas se redujo al son de un leve zumbido mientras la piloto manipulaba hábilmente los recursos de la nave para ocultar su presencia. Cualquiera que estuviera viendo la nave hubiera jurado que ésta se derritió entre la inmensidad de las estrellas.

—No se preocupe, Comandante —dijo Telbrus, su segundo al mando, desde el otro lado del puente en tanto que se volvía hacia él—, los protoss de Aiur no necesitan ocultarse entre las sombras para luchar.

—De seguro tus parientes Aurigas nos han honrado en gran medida al agraciarnos con tu presencia. Replicó Aldrion con voz seca, mirando fijamente a su enorme compañero. De cierta manera, Telbrus era representativo de sus hermanos: fuerte, valiente y, quizá, demasiado orgulloso. —No obstante, no debemos traicionar nuestra misión con luchas innecesarias.

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