Una historia corta por

Kal-El Bogdanove

Ahora el viento le venía de atrás. Era un buen indicador de que tenía por delante un planeo agradable. Para Alden Moss era como una bendición, allí parado en el borde del risco, mientras cerraba los dedos de los pies y dejaba que el suelo arenoso, seco, se escapara flotando en nubecitas que se perdían en la nada a sus pies.

Alden sabía que había suelo allí abajo. Lo había caminado, había aterrizado en él y había llevado a una chica bonita del lugar para besarse un rato. Pero en las mañanas como esta, cuando la luz todavía no tocaba el pie del cañón, le gustaba imaginar que no había suelo, como si estuviera por saltar a un abismo tan infinito como el espacio y dominarlo.

El sol no había salido del todo aún, pero los primeros haces del amanecer comenzaban a filtrarse, manchando las nubes color perla y cobalto. La luz que había bastaba para un chico con buena vista. Verificó las correas de la estructura por última vez, como su padre le había enseñado hacía años, y saltó.

El silbido del viento llenó el planeador. Los picos de los riscos ahora eran dorados y parecían extenderse infinitamente en un mar fractal interminable de estratos apilados, cañones espiralados y altiplanos secos: una maravilla geológica como ninguna otra.

Alden tiró hacia arriba y voló rasante a la altura de los riscos mientras entraba y salía de la luz del sol como un pez que salta corriente arriba. Atrás quedaron las preocupaciones: la universidad, sus padres, el reclutamiento... el otro reclutamiento. Todo eso había quedado en tierra. Aquí arriba, con el viento en los pulmones, en las alas del planeador, en los oídos... Alden era libre.

El sonido, cuando le llegó, fue tan silencioso en comparación con el rugir del viento: un ruido apenas audible, distante. Sin embargo, penetró los huesos de Alden como ningún otro sonido en sus veinte años de edad.

Tekeli-li.

No podía ser. ¡El aire era suyo! Su mente debería estar despejada, su corazón, tranquilo... ¡El amo del abismo! Y, sin embargo, le llegó de nuevo, esta vez más fuerte...

¡Tekeli-li!

...detrás de él. Alden giró el cuello pero tenía el sol atrás y las alas amplias del planeador, esas alas que alguna vez sintió como parte de su propio cuerpo, ahora le parecían puntos ciegos inexorables. ¡¿Qué podría haber aquí arriba con él tan temprano?!

TEKELI-LI!

Era el sonido de una pesadilla, de algo innombrable, ancestral, que aparece en un delirio febril. Alden se zambulló hacia el risco, desesperado por caer y aterrizar en su cama, empapado de sudor y recordando apenas ese ruido inhóspito. ¡Si por lo menos pudiera verlo!

La sombra pasó por encima de Alden y él oyó el susurro furioso de alas curtidas, dientes que rechinaban y el sonido mojado de la carne que se retuerce en expectativa ansiosa.

Alden gritó cuando lo vio aparecer, cuando por fin miró la cara del terror, las fauces repugnantes de su pesadilla plagadas de cicatrices. Y su grito y el chirrido horrible de la criatura se fundieron en un sonido único...

TEKELI-LI-I-I-I-I!

...hasta que esos dientes encontraron carne y el silencio se apoderó del cañón.

Cargando comentarios…

Ocurrió un error al cargar los comentarios.