StarCraft® II

Una historia corta por

Robert Brooks

Paciente: Sargento Norwood Doakes de Antorcha Siete. Eso es el 7mo pelotón de la 4ta división de marines. Estamos a bordo del crucero de batalla Scion, en órbita de estacionamiento alrededor del planeta Vygoire. Esto es un informe general y un parte médico. La versión resumida: Doakes está en malas condiciones.

¿Qué tan malas?

Tan malas que tal vez tengamos que matarlo para obtener lo que necesitamos.

Tratemos de evitarlo. Pero, de ser necesario...

Correcto. Sigamos con el informe. Voy a darle una inyección. Lo despabilará el tiempo necesario para poder averiguar lo que pasó. Aquí vamos. Con eso bastará. Por ahora..

* * *

Caímos en Vygoire como si supiéramos a lo que nos enfrentaríamos: salimos de las naves de inserción al pie de la letra, las botas al suelo de a pares cada un segundo, al estilo Antorcha Siete. El terreno era selva, selva y más selva, con algún que otro claro o algún lodazal de meandro. Hicimos formación en uno de esos lodazales y recibimos los últimos mapas y pronósticos del clima directo del Scion. Todo perfecto. El complejo de laboratorios estaba a medio kilómetro atravesando la selva en dirección opuesta al río. "Denos la lección, sargento", me dijo uno de mis muchachos pasándose de listo..

Creo que soy el único hombre del pelotón que no tiene el cerebro frito. Los muchachos me lo echan en cara todo el tiempo, como si me hubiese metido en los marines para ver cómo vive la escoria. Una vez, estábamos en Mar Sara y empecé a hablar de historia, para pasar el tiempo. El batallón decidió empezar a llamarme "profesor" por haber leído algo además de los manuales de las armas. Pero a veces se comportan como niños. Cuéntenos esto, cuéntenos aquello, qué es esto, de dónde viene eso.

En realidad, no me molesta. Siempre que me escuchen cuando les doy órdenes... Y me escuchan. Son veintisiete y yo uno solo pero hasta el último hombre de Antorcha Siete sabe quién manda. El Sargento Doakes es el que manda, ¡carajo! y bien que lo saben.

No tenía ninguna lección para darles sobre Vygoire. Todo lo que sabía era lo que decía el informe que nos habían dado a todos. Remoto, descubierto recientemente, arrasado por el enjambre hacía tres años. Despejado dos años después. Actualmente, tiene emplazada una única instalación científica, con un personal de alrededor de cien personas. Ubicación de interés debido a que dicho laboratorio no respondió a las comunicaciones de rutina durante seis meses.

Teníamos imágenes orbitales del planeta que no mostraban rastro alguno de talo. Las cámaras satelitales también tomaron fotos más cercanas del complejo en las que se veían ciertos daños, pero parecía que habían sido causados por algún fenómeno natural. El laboratorio se encontraba en la base de una colina y la pendiente cercana a las edificaciones dañadas tenía una cicatriz grande en la vegetación. Parecía un alud y nos quedamos con esa teoría.

De cerca, no había razón para pensar otra cosa. Contra las paredes en ruinas de las edificaciones dañadas, había rocas y lodo de la colina además de troncos de árboles. Todo estaba revuelto. Llovía a cántaros. No había que ser un genio para adivinar que los aludes eran bastante comunes en las áreas selváticas de Vygoire.

El complejo de laboratorios tenía cinco edificaciones con, por lo menos, dos niveles subterráneos, según el diagrama que venía con el informe de la misión. La edificación más cercana a la colina estaba totalmente derrumbada. Otras dos estaban en pie parcialmente, los techos seguían ahí. Las otras tres estaban intactas. Toda el área estaba cercada y había un portón para el tránsito vehicular en el sudoeste. Dos huellas de camión salían del portón y se perdían en la selva. El área total sería de una hectárea. Cerca del portón había una instalación operativa de misiles y radar con una torre de comunicación anexada.

Entramos usando protocolos estándares de reconocimiento urbano, revisando el complejo de laboratorios edificación por edificación y sala por sala. Mandé a Milner y Jouvert a que lideraran dos equipos armados al frente, mientras el resto avanzábamos en formación de apoyo. No nos separábamos porque no sabíamos lo que buscábamos. En poco tiempo confirmamos que el laboratorio estaba desierto pero no hacía mucho que lo habían abandonado. Aún había electricidad y algunos de los procesos automatizados seguían funcionando. Al menos en las partes que no estaban derrumbadas. No sé qué estarían haciendo. Echamos un vistazo a las terminales centrales y encontramos algo sobre un proyecto de investigación. Se enfocaba en una planta común que producía una especie de espora psicoactiva.

Lo otro que vimos por todo el laboratorio era un grafiti extraño: dos líneas curvas que se intersecaban a dos tercios de su altura, como una equis deforme o como si un par de paréntesis se hubieran caído uno contra el otro. Estaba dibujado sobre los escritorios, rayado en las paredes... En un par de lugares lo vimos pintado con algo que parecía sangre pero en esa primera recorrida no nos detuvimos para analizarlo.

Había restos humanos en dos de las edificaciones, ambas cerca de la pendiente. Contamos cuatro conjuntos de restos, pero fue difícil porque estaban desparramados por todas partes.

* * *

Escúchalo. La inyección lo convirtió en un robot.

Está mejor así que cuando deliraba, ¿no?

Usted es la doctora, Langridge. Manténgalo vivo y hablando. Hay mucha gente interesada en los resultados de esta misión.

* * *

Había un sendero que iba del lado norte del complejo hacia la selva. Lo seguimos y descubrimos evidencia de la reciente infestación zerg en Vygoire. Aquí se había producido una batalla. Fragmentos de armaduras y un Katari estrellado se podían distinguir entre la selva crecida. Al parecer, los nuestros habían estado cortando la vegetación para hacer un sendero que atravesara la selva cuando los zerg salieron de los matorrales en todas las direcciones. Tuve una visión momentánea de lo que habría sido eso.

Jouvert avanzó para explorar y nos informó que el sendero bajaba por un desfiladero a unos cien metros más adelante del lugar de la lucha. Retrocedimos al perímetro del complejo, cerca del portón, e hicimos un llamado rápido de control al Scion. También se me ocurrió que, si el personal de laboratorio estaba escondido en algún lugar, estarían usando su propia frecuencia para comunicarse, así que le dije a Hamzi que nos conectara con la torre de comunicación. Mientras esperábamos que terminara la conexión para probarla, todos activamos nuestros visores. Nuestros Pepes (UPPNRI, Unidades Personales Portátiles de Navegación y Recolección de Información, para ustedes que no son marines) indicaban que el aire estaba bien y que no había ningún compuesto ni microorganismo de transmisión aérea peligroso. Vygoire empezaba a caerme bien. Una atmósfera respirable, sin zerg. Seguro que en esa selva se podían cultivar miles de recursos. En cien años, recuerdo que pensé, será la capital de este sector una vez que los grandes industriales traigan gente a explorar los recursos y vean lo que se estuvieron perdiendo.

—Atención, personal de la instalación científica de Vygoire: les habla el sargento Norwood Doakes del Cuerpo de Marines del Dominio —dije—. Si reciben este mensaje, respondan, por favor.

Nada. Repetí el mensaje y esperé.

—Están muertos —dijo Milner.

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