StarCraft® II

Una historia corta por

Gavin Jurgens-Fyhrie

El sargento Bayton estiró la mano y arrebató el C-14 de las manos del soldado Berry.

—No volverá a tocar esto hasta que aprenda a disparar como un hombre, soldado.

—Pero...

—Sin ofender, sargento —dijo el soldado Kell Daws, todavía arrodillado por el disparo que había recibido en la pierna—. Berry tiene el mismo sentido de supervivencia que una polilla en un incendio, y el estallido de esas granadas es una hermosura. No es su culpa.

"—Me alegra que piense así, porque acaba de ofrecerse como voluntario para ayudarlo a limpiar toda la porquería que quedó en este lugar.

—¡Uf, no, sargento!

The fourth marine raised a mechanical hand. Something goteó de ella.

El soldado Caston Gage levantó su visor justo a tiempo, antes de abalanzarse contra un muro y vomitar.

Berry levantó la mano.

—¿También tengo que limpiar eso, sargento?

—Atención, escuadrón —dijo Kell por el comunicador de su casco, fingiendo seriedad—. Transmisión prioritaria. El soldado Gage ha expulsado talo, y es posible que esté infestado.

El sargento Bayton suspiró y elevó la mirada hacia los cielos impiadosos.

—Reclutas...

* * *

Después de limpiar el lugar, los marines abandonaron sus armaduras e iniciaron el largo proceso de preparar los niveles superiores de la academia para que quedaran habitables. Pasaron diez horas. Limpiaron el pasillo de entrada de acuerdo con los estándares injustos del sargento. El gran comedor del segundo piso recibió un poco más de atención. Caston todavía no había superado su momento de debilidad.

—Perforó el neoacero —juró Kell—. Fue asqueroso. Tuve que cubrirme los ojos con un páncreas...

—Porque eres un experto en anatomía, bruto —dijo el soldado Vallen Wolfe desde la cocina. Vallen era el único en quien se podía confiar para cocinar.

—Tuve que taparme los ojos con algo que parecía un páncreas —dijo Kell, mostrándole a Vallen su dedo favorito.

Los reclutas (a quienes el sargento Bayton llamaba afectuosamente el "Escuadrón Bolsa de carne") habían sido enviados al planeta desierto para acuartelarse en la academia abandonada y pasar algunas semanas jugando juegos de guerra en los rascacielos y en las fachadas destrozadas de las tiendas. Bayton estaba feliz de tener una oportunidad real de participar en la guerra.

Los marines eran reclutas novatos, pero sus trajes estaban fuertemente blindados y equipados con monitores de alta gama capaces de focalizar, detectar amenazas y apuntar. Los piratas jamás habían tenido la más mínima posibilidad de defenderse.

—Somos los reyes de la guerra —dijo la soldado Hanna Saul, dando algunas palmadas al costado de la puerta mientras entraba.

"—Reina, querrás decir —dijo Berry alegremente. Además de ser el más joven de todos, era un estudioso de la xenobiología. Había entrado al Cuerpo para poder pagar el resto de su educación.

—Gracias —dijo Hanna, y encendió un cigarro apestoso—. Si no me lo decías tú, no lo recordaba

—¡En el comedor no se fuma, carajo! —gritó Vallen, oculto tras el vapor de la olla.

—Un momento —dijo Kell. Hanna retrocedió sobre sus pasos y miraba a Vallen con los ojos bien abiertos, sosteniendo el cigarro del lado de afuera de la puerta con insolencia—. Nos estamos alejando del tema en cuestión.

Caston, aferrado al barril del rifle francotirador Bosun FN92, alzó la mirada hacia Kell.

—Hicimos mierda a esos piratas —dijo Kell con inocencia, y luego articuló un "¿Qué?" hacia Caston.

—Los trajes hicieron todo el trabajo —dijo el soldado Dax Damen, mientras esquivaba el cigarro de Hanna. La manipulación inexperta de los piratas y la granada de Berry habían devastado dos de los tres ascensores. Dax se había pasado las últimas seis horas restableciendo los generadores, reparando los sistemas eléctricos y tratando de desbloquear la enmarañada red de seguridad de la academia.

—Estos trajes son una basura —dijo Vallen—. El Modelo 5-4 de Infantería Blindada que mi familia modificó es...

—Espera un momento —interrumpió Kell—. ¿Tu familia son los Wolfe, de Industrias Wolfe? ¿Sabías eso, Hanna?

—Sí, claro —dijo Hanna—. Creo que recuerdo haberlo oído las otras quinientas veces que habló sobre el tema.

—Ja —dijo Vallen, pero estaba sonriendo.

—Yo jamás lo oí —dijo Caston, aliviado porque había dejado de ser el blanco principal de las burlas.

—Posiblemente porque estabas ocupado vomitando —dijo Kell.

—Vallen admira tanto a Mengsk... —comenzó Hanna.

—El Emperador Mengsk —corrigió Dex desde un rincón.

—Su Majestad, su Señoría, el Emperador Eterno Mengsk Primero —dijo Hanna, haciendo una señal de reverencia—. Lo admira tanto que ha decidido abandonar su fortuna y unirse a los hombres comunes...

—Y mujeres —dijo Berry amablemente.

—Gracias, Berry —replicó Hanna—. Lo olvidé otra vez. A los hombres y, por supuesto, a las mujeres comunes, y hacerse famoso en el campo de batalla. Luego, si logra cumplir su tarea, sacrificará un planeta entero para poder llegar a... ¡Hola, sargento!

—No deje que mi presencia le impida hablar sobre su traición, soldado Saul —dijo el sargento Bayton mientras entraba al círculo de luz desde las sombras, en las profundidades del comedor. Incluso sin el traje puesto, el sargento era un hombre corpulento. Una cicatriz le dividía el poco pelo que tenía en la cabeza.

—Solo estaba bromeando, sargento —dijo Kell, con una sonrisa dibujada en el rostro.

—¿No cree que ha defendido a demasiada gente hoy? —respondió Bayton, levantando una ceja—. Además, ¿qué carajo me importa? Ella tiene que cumplir servicio toda la vida, como yo. Eso le da algunos privilegios para quejarse, siempre que tenga cuidado con la forma en que los usa.

El sargento sostuvo la mirada de Hanna durante un momento largo y sombrío. Ella asintió con la cabeza, y Bayton olfateó el aire.

—Huele a gloria aquí. Soldado Wolfe, es usted un ángel de la piedad. ¿Dónde están nuestra médica y el soldado Drumar? —Una expresión de horror le atravesó el rostro—. Espero que no estén juntos.

—No —dijo Caston—. Vi al soldado Drumar yendo a la plataforma de observación. La cabo Sawn está en su habitación.

No me gusta esa mujer —dijo Dax, y los marines, sorprendidos, se dieron vuelta al unísono. Era muy raro que Dax opinara. Había sido resocializado por un delito ignoto al finalizar su conscripción, y se rumoreaba que después de eso no había quedado mucho del viejo Dax—. Nos habla como si ya estuviéramos muertos.

—Si yo fuera ella, ustedes tampoco me agradarían —dijo Bayton, recuperándose primero—. Tener que volar con reclutas, despertarse cada vez que uno de ustedes, margaritas delicadas, se golpea el codo. Soldado Gage, vaya a ver a nuestro marine caprichoso. ¡Nadie se puede saltear una comida en esta unidad!

Caston se marchó. Se colgó el FN92 a la espalda y reflexionó. Hablarle a Bayton sobre cualquier cosa era la mejor manera de terminar como voluntario.

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