Una historia corta por

Micky Neilson

Sólo otro glorioso día en el Cuerpo.

Pese al bochornoso calor en Gamma Dorian, Isaac White permanecía fresco.

Sin importar qué ocurriera, Isaac White siempre permanecía fresco. No sólo porque llevaba una armadura con temperatura controlada, no, permanecía fresco porque, en su oficio, si no hacías eso podías despedirte del mundo.

Quizá un día, algún vato construiría una bomba capaz de sacudir la realidad de Isaac, pero ese día distaba mucho de ser hoy. Esos Kelmorianos descerebrados y malparidos ni siquiera pudieron ocultar correctamente el detonador. Isaac pensó en, al menos, quince sitios en la parte inferior del enorme puente mucho más adecuados para tal propósito. Pero no, los idiotas colocaron el dispositivo justo debajo de la saliente de una de las placas base, prácticamente a plena vista.

Descender por el terraplén sur del barranco seco tomó 30 segundos. Isaac estaba ahora acostado de lado, echando su primera mirada al sistema de detonación. La configuración no sólo era simple, sino arcaica. Un dispositivo electrónico de acción retardada detonaría múltiples cargas colocadas en intervalos bajo las vigas. Los Kelmorianos mantuvieron el control del puente y de los territorios aledaños hasta hace unos cuantos días. Pudieron haberlo volado mientras se retiraban, pero decidieron probar suerte para cargarse el puente junto con unas cuantas fuerzas Confederadas. ¿No se les ocurrió que la Confederación revisaría el puente antes de cruzarlo? Estúpido, simple y llanamente estúpido.

Tal estupidez era la razón por la cual la Confederación ganaría la Guerra de Gremios. El combate se había extendido por tres años ya, pero Isaac nunca dudó que el equipo de casa obtendría la gran “V” al final.

—¿Qué mierdas está tomando tanto tiempo, nueve?

Uno de los conductores había salido de su camión y gritaba. Los demás se encontraban sentados dentro de sus vehículos —atorados en una cola que se extendía casi un kilómetro y medio— esperando con impaciencia la señal de que todo estaba libre.

Isaac agitó la mano. Desarmar la bomba sería facilísimo. Esto era lo que Isaac hacía, lo que había nacido para hacer. Los otros agentes de desactivación de explosivos lo llamaban “robarse el trueno” y él era el mejor.

Un corte y luego de vuelta al cuartel para pasar tiempo de calidad con Kandis, o Lexa, o Dorinda…

Isaac sacó las pinzas, las colocó en el alambre adecuado y cortó.

Segundos más tarde, ya había retirado el dispositivo. Isaac se alejó del pilar y dio el visto bueno al Sargento Ruxby, quien se encontraba de pie en la cima del terraplén opuesto a la cola, ataviado en su armadura.

La tierra suelta hizo del ascenso un proceso lento. Encima de Isaac, el rugido de los camiones y de los demás vehículos en espera se hizo más intenso. El puente crujió cuando los primeros transportes comenzaron a cruzarlo.

Isaac iba a la mitad del terraplén cuando una serie de notas electrónicas resonaron en el dispositivo que tenía en la mano. ¿Qué carajos era eso?

Luego, en alguna parte del puente:

BIP…

El cerebro de Isaac se apresuró a intentar comprender lo que ocurría, identificando y eliminando causas posibles hasta que se topó con una que le heló la sangre: un repetidor digital. Pero eso significaba que la bomba era un señuelo, una trampa…

…y había caído en ella.

El sonido provenía de la parte central del puente. Los servos de la armadura potenciaron los movimientos de Isaac mientras escalaba presuroso el terraplén, agitando los brazos y gritando en la frecuencia del escuadrón. Sin embargo, avanzaba demasiado rápido y su bota resbaló en la tierra suelta.

BIP…

El rostro del Sargento Ruxby registró entendimiento. Gritó órdenes y los vehículos en el puente se detuvieron. Conforme la tierra cedía bajo los pies de Isaac, éste resbaló por el terraplén y terminó en el lecho del barranco. Mientras tanto, aumentó la duración de los agudos sonidos y disminuyó el intervalo entre uno y otro.

¡BIP!

¡BIP!

El instinto de supervivencia de Isaac se activó y éste se alejó del puente corriendo por la orilla; los servos de su armadura potenciando su velocidad.

BIIIIIIIIIIP—

Se lanzó hacia el suelo, pegándose a la tierra tanto como pudo. Tenía la esperanza de que su traje absorbería la peor parte de la explosión y que el impacto no le arrancaría el corazón. Aguardó, pero no ocurrió nada.

Entonces, el suelo se cimbró. Un tremendo rugido destruyó los sensores auditivos externos del traje y una pared de tierra pasó a gran velocidad mientras Isaac era arrollado por la onda de choque.

Empezó a llover basura, e Isaac giró sobre un costado. Un brazo enfundado en armadura CMC golpeó el suelo a unos cuantos centímetros de distancia y rebotó fuera de su campo de visión.

Isaac se tumbó de espaldas y luego se sentó, mirando la destrucción del puente; una horrible escena de humo, metal doblado, sangre, partes corporales y gritos.

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