Una historia corta por

Robert Brooks

—¡Ey! —Shane se sorprendió al notar el pánico en su propia voz—. ¡Ey!

No hubo ninguna reacción. El marine parecía tener la vista clavada en el suelo.

—¡Ey, tú! —gritó con fuerza Shane. Nada. Ninguna respuesta. Un súbito ataque de furia invadió los pensamientos de Shane. Lo supo instintivamente. Fue él. Ese marine. La desaparición de toda la gente era culpa de ese marine. Tenía que ser culpa de él. Shane nunca había estado tan seguro de algo.

Se suponía que sería un día especial para Shane. Su graduación de la instrucción básica. El comienzo de una gloriosa carrera al servicio del Dominio. La furia estalló en su cabeza. Si era necesario, le arrancaría la armadura con los dientes a ese marine..

Shane respiró profundamente y gritó: —¿Qué hiciste?

No hubo respuesta. Fue demasiado para Shane.

Avanzó a toda marcha por el pasillo central entre las filas de asientos vacíos, con los ojos fijos en el marine solitario. Ese marine.

Llegó a su lado en pocos segundos y se lanzó sobre la figura con un rugido que dejaba ver sus dientes y estirando los brazos para agarrarlo.

El marine no había hecho un solo movimiento, y no se movió hasta que Shane saltó en el aire.

En ese momento, miró hacia arriba.

La furia ardiente que quemaba a Shane se congeló en un segundo. El tiempo pareció detenerse. La presión en su cabeza aumentó hasta la agonía.

La cara que contemplaba al soldado de diecinueve años Geoff Shane era la cara desgastada por la guerra de Geoff Shane. Un Geoff Shane de más edad, con ojos inhumanos, que no reflejaban ninguna emoción.

Por el impulso, Shane cayó sobre el marine. Sobre sí mismo. Tocó la armadura con las manos extendidas. Estaba muy fría. Helada.

Shane parpadeó.

—Todos y cada uno de estos hombres y mujeres se ofrecieron como voluntarios —afirmó la imagen del Emperador Arcturus Mengsk—, y después de meses de sacrificios y un duro entrenamiento se han ganado un lugar entre los nobles Marines del Dominio. Ahora son parte de la vanguardia de la humanidad. Han elegido hacer frente a un universo implacable.

Se oyeron murmullos de aprobación en la multitud que se había congregado en el gran salón. La luz del sol entraba por los amplios ventanales que llegaban hasta el techo del lado este y resaltaba el holograma del líder del Dominio proyectado en el escenario.

A la luz del día, el holovideo de tamaño natural parecía brillar y resplandecer con fuerza. El carisma del Emperador Mengsk podía percibirse incluso a través de la imagen transparente, y dominaba el podio y las cinco hileras de reclutas que estaban formados enfrente.

El muchacho de diecinueve años llamado Geoff Shane, que estaba a punto de convertirse en el soldado de Primera Clase Geoff Shane, se mantuvo rígido y desbordado por el terror.

¿Qué era lo que acababa de suceder?

Un homicidio. Shane había intentado asesinar a alguien. Intentaste matarte a ti mismo, le susurró su mente. No. Había sido un sueño. Eso no podía haber sido real, de ninguna manera.

Se lo había imaginado todo. Había soñado que el Emperador Arcturus Mengsk visitaba en persona el acto de graduación de la instrucción básica, eso era todo. Pasan cosas irracionales en los sueños. Shane pensó que debía alegrarse de que, en su sueño, sus pantalones no hubiesen desaparecido también, junto con todas las personas.

¿Suele sucederte esto de quedarte dormido mientras estás de pie frente a cientos de personas? lo desafió su mente. Shane se impacientó.

—Aún enfrentamos amenazas muy graves. Dos razas alienígenas, salvajes y sedientas de sangre, nos observan con recelo —dijo Mengsk. Shane supuso que el discurso había sido grabado con anterioridad. ¿Cómo era posible que el líder del Dominio tuviese tiempo para ir a la ceremonia de graduación de instrucción básica?

A Shane le volvió a doler la cabeza. La presión le crecía en el cráneo como si su mente estuviese conteniendo la respiración y sintiese las primeras punzadas por la falta de aire. Ya era el dolor de cabeza más fuerte de su vida, y no disminuía.

Tragó saliva con dificultad y trató de concentrarse en el discurso del Emperador Mengsk. Después de unos minutos, se dio cuenta de que el emperador había hecho silencio. Otra vez.

Cargando comentarios…

Ocurrió un error al cargar los comentarios.