StarCraft® II

Una historia corta por

Matthew Maxwell

La lengua del hidralisco era lisa y resbaladiza al tacto. Una infinidad de músculos se relajaban y se contraían orgánicamente, describiendo ondas. Igual que el Enjambre, pensó la Dra. Loew. Una infinidad de criaturas unidas por una sola voluntad, convertidas en un solo organismo.

La punta enrolló el trozo de carne que ella sostenía entre los dedos pálidos.

—Tranquilo —le dijo con calma, sin perder el control.

La lengua tiró como un pez que muerde el anzuelo.

El hidralisco resopló por los espiráculos de las mejillas. Volvió a tirar.

En la galería de observación reinaba el aburrimiento. La jauría de científicos y ministros estaba distraída, pensando en algo, en cualquier cosa menos en el espectáculo que estaban viendo. En vez de mirar asombrados cómo la Dra. Loew jugaba al tira y afloja con semejante monstruo, confeccionaban largas listas de quejas para presentar más tarde.

—Según los registros protoss que hemos obtenido —recitó la doctora—, la Mente Suprema hizo evolucionar al hidralisco por la fuerza a partir de los slothien. Los slothien son conocidos vulgarmente como "orugas gigantes" y se parecen muy poco a sus aterradores descendientes. Debatir esa información era seguro solo entre científicos y autoridades del gobierno. Lo único que sabía el público era que había que temerle a todo lo que fuera extraterrestre y había que reportarlo a las autoridades del Dominio.

—¡Quieto! —le ordenó la doctora.

Loew miró decidida a los ojos rojos de la criatura. Esa cosa era gigantesca. Le sacaba dos cuerpos de altura. Ella contaba solo con su voz para controlarla: ahora ni siquiera precisaba la ayuda de un collar psiónico, que sí había necesitado al comienzo del entrenamiento.

Inyectando un poco de urgencia en su voz para combatir el creciente desinterés de la audiencia, la doctora continuó: —Armado con cuchillas curvas filosas en sus extremidades superiores y protegido por un conjunto de placas blindadas, el poder de lucha cuerpo a cuerpo del hidralisco es formidable...

¡Atrás! —ordenó con un rigor que le surgió desde adentro.

La lengua cedió y se retiró. El monstruo balanceó su peso hacia atrás. Los hidraliscos, más que cualquier otra criatura, eran el símbolo del poder del Enjambre zerg: todo el mundo los conocía y les temía, hasta los que nunca habían visto uno cara a cara. Aparentemente, todo el mundo a excepción del auditorio presente, que se moría de aburrimiento.

—Los hidraliscos también representan una amenaza a la distancia —entonó Loew—. Pueden lanzar espinas orgánicas a velocidades asombrosas, espinas que penetran corazas de neoacero a medio kilómetro de distancia. —No es que hiciera falta aclararlo, ningún civil se acercaría tanto a uno por voluntad propia y mucho menos para tocarlo.

Los ojos de la doctora se desplazaron de la audiencia nuevamente al hidralisco.

—Quieto. —Sonrió y cerró la clase dominando a la criatura solo con la voz y con mucha decisión—. A los hidraliscos solo pueden acercarse los soldados entrenados, preferentemente con el apoyo de un blindaje pesado.

Hizo una pausa y apuntó su sonrisa hacia la criatura.

—Muy bien, Dennis, muy bien. Ya está.

Odiaba ponerse firme con Dennis pero estaba obligada. A pesar de estar domesticado, su tamaño y corpulencia lo hacían peligroso.

Dennis tomó la carne delicadamente. Los dientes apenas rozaron la piel de la doctora. Un recordatorio de que aún estaban allí y eran filosos.

Un rato después, Dennis yacía relajado e inmóvil en una enorme mesa de acero en el centro del quirófano de demostraciones. Últimamente, los intereses del Dominio habían cambiado de los programas de control zerg a programas más directos de eliminación y exterminio de nidos residuales. La escasa concurrencia sugería que el trabajo ya estaba descartado, sin importar lo impresionante que hubiera sido la demostración.

—Como han visto, este hidralisco adulto está completamente domesticado. Y sin necesidad de usar drogas, que requieren una administración constante y un control preciso de la dosis.

La criatura yacía quieta mientras unos dedos quirúrgicos le quitaban la placa metálica del cráneo. Como una araña, una sonda con cámara ingresó en su cabeza y enfocó el puerto de acceso. —En las terminales de acceso que tienen frente a ustedes, verán un video de una estructura orgánica que hemos hecho crecer a partir de la masa encefálica del sujeto, un tercer lóbulo.

Todo lo que recibió como respuesta fue una tos seca como. Alguien encendió un cigarro.

—Este lóbulo tiene un doble objetivo.

—Este... lóbulo —interrumpió una voz fría desde la galería oscurecida—, ¿tienes que operar a todos y cada uno de los zerg que lo reciban?

Vio una sola cara iluminada desde abajo por el brillo azul de una consola remota, un rostro cuadrado y fofo, viejo, bien alimentado y demasiado acostumbrado a conseguir todo lo que quería. La brasa del cigarro resplandeció de color naranja brillante.

—¿Disculpe? —Loew frunció el entrecejo con expresión de indignación y asombro.

—¿Es necesario sedar a todos los babosos de mierda que quiere controlar? En ese caso, estoy malgastando el tiempo del emperador.

—Eso... eso sería imposible —dijo la doctora—. Hay millones de zerg.

—Entonces, ¿cómo funciona? —Él no estaba enojado; actuaba como si el trabajo de ella ni siquiera calificara para eso.

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