Diario de Viaje de Li Li

Parte 5 de 11
Entrada Cinco: El Bosque de Jade

Ha ocurrido mucho desde la última vez que escribí en este diario. Primero, el tío Chen por fin regresó a la Isla Errante, a casa, (gracias a mi ayuda). Poco después, viajamos a las fronteras lejanas del mundo en busca de Pandaria, el continente legendario. Muchos de los habitantes de la Gran Tortuga creían que ese lugar fue destruido hace mucho tiempo por la guerra o la enfermedad.

Pues, estaban equivocados.

Después de luchar contra piratas, sobrevivir una tormenta en alta mar, y superar todo tipo de peligros, el tío Chen y yo logramos lo imposible: ¡encontramos Pandaria, la tierra natal perdida de nuestros ancestros!

Sin embargo, nuestra llegada no se dio exactamente como planeamos. La Perla de Pandaria, un artefacto místico que me concedió visiones útiles para encontrar nuestro destino, fungió como nuestra guía. Solo desearía que esa perla estúpida nos hubiese avisado de lo peligroso que sería nuestro viaje.

Lo importante es que llegamos a Pandaria en una sola pieza. Recalamos cerca del Bosque de Jade, una región que se extendía a través de la costa oeste del continente. Aquí la vegetación era verde hasta donde alcanzaba la vista, con espesuras de bambú repletas de criaturas y plantas extrañas.

La carencia de un mapa no era problema. Después de examinar nuestros alrededores, escogimos una dirección al azar y comenzamos nuestro viaje como lo haría cualquier seguidor verdadero de la Vía del Errante: un paso a la vez.

No pasó mucho tiempo antes de que los nativos nos dieran la bienvenida. Gran cantidad de hombres lagarto con ojos cual perlas (más adelante aprendí que se llamaban saurok) surgieron del bosque. Hedían a cuero antiguo, remojado en cerveza pasada que posteriormente fue almacenado en un barril de paté de pescado fermentado de la abuela Mei. Esa era su mejor característica.

Despachamos rápidamente a esos caras de cuero (bueno, quizá Chen hizo la mayor parte del trabajo). El líder, un saurok enorme cubierto de cicatrices, pintura de guerra y más cicatrices, fue el único que nos causó problemas. No transcurrió mucho tiempo antes de que este terminara huyendo a través del bosque, chillando como un bebe.

No muy lejos, encontramos el rascuache campamento saurok, repleto de lo que parecía ser botín: carretas de grano, vegetales y grandes pedazos de jade puro. Mientras examinábamos nuestro hallazgo, un grupo de pandaren emergió lentamente del follaje. ¡Al percatarse de la ausencia de los saurok, se inclinaron y nos alabaron como si fuéramos héroes! Parece que los cara de cuero aterrorizaban el área y nadie había podido derrotarlos.

Cuando tío Chen les dijo que proveníamos de la Isla Errante, nuestros nuevos admiradores se asombraron. Como no habían visto a la Gran Tortuga en siglos, la gente de Pandaria creía que ya no existía. La similitud entre estos pandaren del Bosque de Jade y los de mi hogar me sorprendió. Aparte de pequeños detalles, como la vestimenta, no habían cambiado mucho a través de las generaciones.

Al enterarse de que éramos exploradores, nos hablaron del bosque y de uno de sus lugares más importantes: el Templo del Dragón de Jade. Además de ser un monumento dedicado a Shaohao, el legendario emperador pandaren, dicho templo estaba vinculado a Yu’lon, el Dragón de Jade, uno de los cuatro seres celestiales que vigilaban Pandaria.

Nos acercamos al templo, donde varios obreros esculpían una enorme estatua de jade llamada el Corazón del Dragón. Cada siglo, Yu’lon transfería su esencia vital a la escultura, dando origen a una entidad nueva. La creación de estatuas para que Yu’lon pudiese renacer era un ciclo que se había repetido por generaciones y aquellos saurok pusieron todo eso en peligro al robarle el jade a los trabajadores.

Uno de los vigilantes del templo, el Sabio Anciano Rain-Zhu, tuvo la amabilidad de mostrarnos la zona circundante. Nos llevó hacia el Arboreto al norte, un lugar hermoso que constituía el hogar de la Orden del Dragón Nimbo. A este valeroso grupo le precedía una larga historia de domado, cría, y equitación de las majestuosas bestias voladoras que ví surcar los cielos sobre el templo.

Rain-Zhu nos dijo que nos concedería cualquier cosa a modo de agradecimiento por haber derrotado a los saurok y devuelto el jade. Mi primera reacción fue pedir un dragón nimbo (los críos eran adorables), pero tío Chen lo consideró excesivo. Me contenté con la segunda mejor opción: ¡un viaje en un dragón nimbo!

Bueno, yo había volado antes en grullas gigantes, y hasta en un zepelín de manufactura goblin, pero este dragón nimbo era algo único. Se elevó hacia el cielo más rápido que cualquier otra cosa que yo haya visto. Desde tal altura me fue posible ver claramente lo que había más allá del Bosque de Jade. Hacia el oeste: Llanuras y granjas. Hacia el noroeste: montañas de altura imposible con cimas cubiertas de nieve. Pandaria era enorme y había mucho por descubrir. Caí en la cuenta de que estaba explorando un continente entero, el cual ningún pandaren de la Isla Errante había visto por generaciones.

Antes de viajar hacia otras regiones del bosque, decidimos obsequiarle la Perla de Pandaria a Rain-Zhu. Nos había tratado como familia y al ver que los pandaren veneraban el templo como fuente de sabiduría y enseñanza, no consideramos que existiera mejor hogar para la perla. Aunque fue difícil renunciar a ella, ya nos había traído a Pandaria. Era tiempo de que la perla guiara a otro a su destino.

Durante las semanas siguientes, caminamos… y caminamos… y caminamos. Viajamos a través de recónditos sagrarios pandaren aislados, ruinas ancestrales cubiertas de enredaderas y monasterios ocultos en los picos de las montañas. El Bosque de Jade parecía extenderse eternamente y cada esquina nos guiaba hacia algo nuevo y emocionante. El hecho de que mi tío se movía tan rápido como un caracol, deteniéndose cada par de minutos para sentarse y “disfrutar del paisaje”, era mi único problema.

Finalmente, llegamos a la frontera del Bosque de Jade. Adelante nos esperaban las tierras de cultivo que vi durante mi viaje en el dragón nimbo: el Valle de los Cuatro Vientos. Para este momento tenía deseos de explorar cualquier cosa que no fuera un bosque, pero no me encontraba preparada para lo que vendría en la siguiente escala de nuestro viaje.

¡Descubriríamos algo que cambaría nuestra percepción de la familia Stormstout para siempre!