La Búsqueda de Pandaria

Parte 1 de 4

—…¡Y justo cuando el tranvía comenzó a ascender por una pendiente, ese goblin verde y feo saltó hacia mí! —Li Li Stormstout dobló los dedos cerca de su rostro en su mejor, y más exagerada, impresión de un goblin gruñendo. Ella se inclinó hacia el grupo de jóvenes pandaren que se encontraban en la colina, deseosa de obtener su atención.

Una jovencita rodó sobre su espalda, roncando profusamente. Baba escurría de la comisura de su boca y manchaba el pelaje blanco en su mejilla. Otro más alzó la cabeza. Los anillos negros en torno a sus ojos se hicieron visibles por un momento y luego desaparecieron detrás del libro que leía. Alguien más bostezó con descaro. El aburrimiento era patente en la expresión de todo cachorro pandaren que estuviese lo suficientemente cerca de Li Li como para oírle. Aún Shisai, su propio hermano, se esforzaba por ignorarla mientras arrancaba tallos de pasto y los amarraba en bultos.

—Pero pateé a ese goblin en el pecho y salió volando del carrito para estrellarse con la pared. ¡Luego explotó! ¡Kaboom!

Alguien tosió.

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—Ok, explotó su poción —corrigió Li Li, alzando la voz—, pero fue ¡muy emocionante!

—Sí, Li Li, lo sabemos. —Dijo un cachorro sin interés mientras dibujaba florituras en el suelo con su dedo. —Nos lo has contado billones de veces.

—Chen, ¿por qué no nos cuentas una historia? —Suplicó otro cachorro.

—¿Hmm? —Chen levantó la vista. Estaba organizando un set de tarros de barro sobre una frazada bajo un enorme árbol de magnolias. Sus ramas permitían el paso de manchas doradas de luz que daban una apariencia moteada a la enorme reunión de pandaren en el picnic. En este cálido y perfecto día, casi todo mundo decidió pasar el tiempo caminando hasta la parte más alta del enorme caparazón de Shen-Zin Su para disfrutar del sol.

—¡Quisiera escuchar sobre aquella ocasión en la cual participaste en un concurso de bebida con cuatro enanos en Pico Nidal!

—¡Hey, estaba hablando con ustedes! —Terció Li Li, claramente molesta. —Cuando estuve en Forjaz conocí al rey Magni y…

—El cachorro puso los ojos en blanco. —¡Li Li, nunca dejas de hablar del rey Magni! ¡Estamos preguntándole a Chen!

Li Li bufó, echándole una mirada hosca, y abrió la boca para replicar.

—Hey, Li Li tiene muchas buenas historias. —Dijo Chen. —Sin embargo, te equivocaste en algo pequeño Pandawan. —El maestro cervecero lanzó una mirada de complicidad. —No fueron cuatro enanos, sino cinco. —Los cachorros rieron de buena gana y Li Li frunció el ceño. Chen pareció no darse cuenta de ello, pues continuó. —Y hablando de beber, me están distrayendo por completo de mis modales.

—Siento mucho que la cerveza no sea mejor. —Chen se disculpó ante un grupo de pandaren adultos mientras llenaba los tarros. —Por desgracia no hay gran diversidad de ingredientes en la Gran Tortuga.

—Estoy segura de que aún así está deliciosa, Chen. —Respondió una anciana mientras aceptaba la bebida con gentileza. —¡Es maravilloso tener de vuelta a nuestro mejor maestro cervecero! Te extrañábamos.

—Es muy amable, —dijo con una sonrisa.

—¡Vamos, Chen! ¡Cuéntanos una historia! —Dijo un cachorro.

—En un minuto, déjame terminar de servirles primero a tus padres. Luego les prepararé a ustedes algo de té y entonces podremos hablar de historias.

—En cierta ocasión casi fui devorada por un ogro. —Dijo Li Li. —Eso fue bastante aterrador.

¡Ya sabemos, Li Li! ¿Vas a callarte ya? —Gritó otro cachorro. —Chen tiene muchas historias que no hemos escuchado.

Ella siguió caminando pesadamente y externaba su frustración pateando guijarros sueltos en el camino, siguiéndolos mientras rodaban colina abajo. Desde que regresó de sus viajes con Strongbo, su vida se tornaba cada vez más aburrida.

—¡Bueno, como quieran! —Li Li alzó los brazos. —Sigan fastidiando a mi tío, supongo. —Ella miró a Chen de manera expectante, esperando que defiriera a sus dotes de narradora, pero éste ya se encontraba en otro lado de la colina; absorto en la conversación. Ahí fue cuando decidió cambiar de táctica. —Quizá puedas contarme algunas de tus historias. Ya sabes, sobre los días que pasas recogiendo flores en la colina y reprobando la clase de caligrafía. ¡No puedo imaginar nada más emocionante!

Varios cachorros protestaron enojados y abrieron la boca para intensificar la discusión.

—¡Hey, cachorros! —Vino la atinada interrupción de Chen. —¿Quién quiere té?

Se escuchó un coro de “¡yo, yo!” y los cachorros ignoraron a Li Li, su atención capturada por lo que ofrecía Chen. Ella aprovechó la oportunidad para abandonar la colina. Una vez fuera del campo visual de los excursionistas, suspiró y miró hacia el cielo. Suaves nubes blancas flotaban con pereza, bloqueando momentáneamente el sol para luego revelarlo una vez más; bañando con luz el panorama.

Ella siguió caminando pesadamente y externaba su frustración pateando guijarros sueltos en el camino, siguiéndolos mientras rodaban colina abajo. Desde que regresó de sus viajes con Strongbo, su vida se tornaba cada vez más aburrida. Su padre, Chon Po, estaba aliviado y furioso de verla de nuevo y los extremos de ese subibaja emocional sólo se exacerbaron cuando Chen explicó con detalle lo ocurrido con Bo.

A Li Li le pesaba el corazón cada vez que pensaba en Bo. Chen intentó convencerla en múltiples ocasiones que la muerte de Bo no fue su culpa y Li Li entendía eso a nivel intelectual. Pero los crueles susurros en la parte posterior de su mente no le permitían olvidar que si nunca hubiera decidido salir de Shen-zin Su, la Gran Tortuga, era casi seguro que Bo aún estaría con vida.