La Búsqueda de Pandaria

Parte 1 de 4

Chen prácticamente empujó a Chon Po por la puerta trasera que daba al porche. —Estás siendo completamente injusto con Li Li. —Dijo. —No es algo malo que ella tenga deseos de viajar.

—¡Es peligroso! —Replicó Chon Po. —¡Más que permanecer aquí, sin importar lo que digas! Xiu Li y Wanyo pueden ya no estar con nosotros, pero esos fueron accidentes. ¡Bo fue asesinado! ¿Quieres que ocurra lo mismo con Li Li?

—¡Deja de decir eso como si fuera inevitable! ¡No fue algo que ella pudiese predecir! Sus atacantes buscaban esa Perla de Pandaria, o cualquiera cosa que creían que Wanyo halló, y asumieron que Li Li sabría donde estaba sólo porque es una pandaren! El orco me buscaba a mí. Si yo hubiera encontrado a Bo y a Li Li antes…

—Todo lo que tu historia demuestra es que a ojos de nuestros enemigos todo pandaren es presa válida. —Chon Po iba de un lado a otro bajo las lámparas exteriores. La luz anaranjada exageraba la expresión de furia en su rostro. —¡Li Li está más segura aquí que en cualquier otro lado!

Chen negó con la cabeza.

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—No puedes forzarla a quedarse si no quiere; ya lo demostró una vez. Tampoco puedes protegerla para siempre, e intentarlo sólo saboteará tu causa.

—Bueno, ¡supongo que tú sabes como criar a mis hijos mejor que yo! —Se burló Chon Po.

—No, Chon Po, sólo digo que sé cómo se siente. Nada que nuestros padres pudieran haber dicho o hecho cuando yo tenía su edad habrían logrado que me arrepintiera. ¿Qué te hace pensar que cualquier cosa que hagas hará que ella se arrepienta? Li Li decidirá por sí misma.

—Decidirá mal. Lanzándose imprudentemente al peligro, abandonando a su familia, eludiendo sus responsabilidades… —Chon Po comenzó a contar la letanía de transgresiones de Li Li con sus dedos; una por una.

—No, Chon Po, sólo digo que sé cómo se siente. Nada que <i>nuestros</i> padres pudieran haber dicho o hecho cuando yo tenía su edad habrían logrado que me arrepintiera. ¿Qué te hace pensar que cualquier cosa que hagas hará que <i>ella</i> se arrepienta? Li Li decidirá por sí misma.

Chen frunció el ceño.

—Nunca sentando cabeza con una familia propia…

—Po, ¿cómo sabes que no hará eso algún día? —Preguntó Chen perplejo.

Chon Po no pareció escucharle.

—No tomarse la molestia de asistir a la boda de su propio hermano…

—¿Con quién se va a casar Shisai? Lo que dices no tiene sentido… —Chen se detuvo a media oración al darse cuenta de lo que ocurría. Miró por encima del barandal del porche hacia la oscuridad. Su mente en blanco mientras varias cosas encajaban en su sitio. Chon Po continuó enlistando las supuestas transgresiones de Li Li sin darse cuenta de ello.

—Esto es sobre mí, ¿verdad Chon Po? —Dijo Chen con suavidad.

Chon Po guardó silencio de manera abrupta. No se movía y evitaba la mirada de Chen. Los segundos transcurrían con agonía mientras Chen se preparaba para el aluvión verbal que su hermano parecía haber estado cocinando durante años.

—Esta conversación ha terminado.

Chon Po entró a la casa dando fuertes pisotones y azotó la puerta detrás de él.

***

Esa noche, Li Li no pudo conciliar fácilmente el sueño. Cambiaba de posición una y otra vez mientras las afiladas palabras de su padre jaloneaban implacables de su conciencia. Finalmente, cuando el cielo anunció la llegada del alba, se dio por vencida, dejó la cama y se vistió.

En su tocador había una pequeña jarra de barro, similar a las que Bo alguna vez llenó con agua y colgó de los extremos de los bastones de entrenamiento que ella usó en la práctica de equilibrio y posturas. Le dio vuelta entre sus manos, sintiendo su familiar peso, y luego la ciñó a su cinto mientras se escurría fuera de la casa.

A estas horas, Shen-zin Su estaba tan quieto que Li Li pensó que podía escuchar las gotas de rocío bajo sus pies. En la penumbra, las telas de araña extendidas entre las ramas de los árboles parecían cintas frágiles y brillantes. Mientras andaba, Li Li recogía pequeños montones de coloridas flores que crecían en las grietas de las piedras; hasta crear dos ramilletes irregulares.

Al final de la vereda, protegido por murallas y por el orgulloso león guardián, el glorioso Bosque de los Bastones se extendía frente a ella. Cualquier pandaren que deseara acceder al hermoso bosquecilllo tenía que derrotar al guardián en combate uno a uno, algo que Li Li logró hace años. El guardián inclinó su cabeza y ella hizo una respetuosa reverencia mientras el león se hacía a un lado para permitirle el paso. Li Li llevaba tiempo sin visitar el bosque, pero se encontraba tan prístino como siempre; cuidado de manera meticulosa por un pequeño ejército de jardineros. Poco después del amanecer, llegarían a barrer todo lo que pudiera haberse colado al interior de los templos por la noche. En estos momentos se encontraba sola, no obstante, y estaba feliz por ello.

Xiu Li, la madre de Li Li y Shisai, se ahogó en un accidente de pesca cuando eran poco más que recién nacidos. Li Li no tenía muchos recuerdos de su madre y, aunque rara vez sentía directamente la pérdida, en ocasiones su ausencia le causaba un agudo dolor en el corazón. Se arrodilló frente al sepulcro de la familia Stormstout y colocó uno de los ramilletes sobre el altar.

—Mamá, te extraño mucho. —El aliento de Li Li se convirtió en vaho con el aire de la mañana. —Papá no entiende y nunca lo hará. El tío Chen, por su parte, no quiere hacerle enojar. —Ella dudó, casi temerosa de hablar en voz alta aunque el bosque se encontraba desierto. —Tú entenderías, ¿verdad mamá? No puedo quedarme aquí para siempre, simplemente no puedo.