La Búsqueda de Pandaria

Parte 2 de 4

—Déjenme ver si entiendo. ¿Me están diciendo que no puedo hablar con el rey Magni porque se convirtió en piedra?

De pie frente al Consejo de los Tres Martillos en el salón del trono de Forjaz —la enorme ciudad subterránea de los enanos— Li Li Stormstout se irguió tanto como pudo. Sostenía con firmeza su bastón y su barbilla se apreciaba prominente en su mejor intento de expresión indignada.

Avalancha, —dijo ella.

—¡Es la verdad! —Contestó el enano que se encontraba en el centro. —¡Puedes descender a la antigua Forjaz y verlo por ti misma! Mi hermano llevó a cabo un ritual para entrar en comunión con la tierra poco antes del cataclismo —Muradin apretó un puño— y ese fue el resultado.

—Eres bastante imprudente al llamar mentirosos a los miembros del Consejo de los Tres Martillos. —Agregó Moira Thaurissan con tono suave. —Si tu comportamiento es indicador de cómo es tu gente, bueno, no puedo decir que me decepciona no haberlos conocido antes.

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—El sentir es mutuo, dama. —Dijo Li Li entre dientes. Luego, con voz fuerte, se dirigió a los tres miembros del consejo. —Lo único que escucho es que no pueden ayudarme.

Muradin negó con la cabeza. —Me temo que no es posible. Magni no puede confirmar lo que sea que te haya prometido anteriormente y el consejo está dividido en lo que a ti respecta.

—Bueno, supongo es momento de retirarme. —Li Li dio media vuelta para irse.

—Modales, modales jovencita. —Le recordó Moira. Li Li hizo una pausa y luego, con un fluido movimiento, giró colocando un brazo sobre su estómago; inclinándose en exagerada reverencia.

—¡Oh gran Consejo de los Tres Martillos, sus maquinaciones son acreedoras a la más grandiosa de las ovaciones! Han demostrado ser la proverbial espada para la literal pared del Rey Magni; vaya que me siento honrada de encontrarme en medio.

La indignada exclamación de Moira fue parcialmente ahogada por la carcajada de Falstad Martillo Salvaje. Para cuando Muradin logró gritar con la fuerza suficiente como para que dejaran de discutir, Li Li llevaba rato de haber dejado el recinto.

***

La Taberna Roca de Fuego, a diferencia del salón del trono, constituía un mejor ejemplo de la hospitalidad de los enanos. Los clientes platicaban con gusto, riendo y compartiendo bebidas. Sin embargo, Li Li prefirió sentarse en un rincón del establecimiento. Aunque se le podía considerar como una curiosidad, los demás no la importunaron mientras se enfurruñaba frente a su pinta de cerveza.

—Creo que fue tonto enviar a la Grulla de regreso antes de hablar con el consejo —murmuró—, aunque no esperaba que el rey de Forjaz terminara convertido en piedra.

Ella dio un trago a su cerveza y asintió con aprobación. Luego se apoyó sobre su codo, mientras trazaba patrones con el dedo sobre la mesa de madera. Como estaba perdida en sus pensamientos, no escuchó los pasos que se aproximaban hasta que una sombra le tapó la luz.

Li Li ni siquiera levantó la vista. —Lárgate, ¿quieres? Estoy ocupada.

La respuesta fue una risa familiar. —¿Muy ocupada como para compartir un trago con tu tío? Es una pena.

Li Li saltó y giró sobre su eje. Chen se encontraba frente a ella. Llevaba un saco a la espalda y sostenía su bastón con una mano.

—¡Tío Chen! —Ella lo abrazó. —Er… lamento haber sido grosera.

Chen rió y le dio un afectuoso apretón antes de sentarse frente a ella. —No hay problema. Estoy seguro de que sabes por qué estoy aquí.

Li Li suspiró y tomó asiento. —Papá te envió para llevarme a casa.

Ella dio un trago a su cerveza y asintió con aprobación. Luego se apoyó sobre su codo, mientras trazaba patrones con el dedo sobre la mesa de madera. Como estaba perdida en sus pensamientos, no escuchó los pasos que se aproximaban hasta que una sombra le tapó la luz.

—Sí, pero no pienso hacerlo. Leí tu carta; es bien sabido que la perla que trajo Wanyo ha desaparecido.

Li Li trató de controlar la mirada de vergüenza en su rostro, mas no pudo. Chen arqueó una ceja.

—¿Y bien?

Sabiéndose atrapada, Li Li respiró profundo y explicó lo que había visto en la perla antes de salir hacia Forjaz.

Chen dio un trago a su bebida, pensativo. —Estaba seguro de que habías decidido buscar Pandaria, puesto que en alguna ocasión hablamos del tema. ¿Esta perla te concedió una visión?

Li Li asintió entusiasmada. —Por eso la tomé, ¡no me la habría mostrado sin razón alguna!