La Búsqueda de Pandaria

Parte 2 de 4

Catelyn se mostró escéptica, pero aceptó y tomó la perla, sosteniéndola con ambas manos tal como hizo Li Li en la Biblioteca Real en Shen-zin Su. Sus ojos se desenfocaron, pero permaneció inmóvil pese al suave vaivén de la cubierta de su barco. Tenía la vista fija en la superficie de la perla. Después de un minuto o dos parpadeó y se sacudió los efectos. Posteriormente miró sobre la cabeza de Li Li hacia la distancia, con una expresión pensativa en el rostro.

—¿Qué te mostró? —Preguntó Li Li mientras tomaba la perla y la guardaba de nuevo en su mochila.

Catelyn miró a Li Li de reojo. —¿Ya sabías que predice el futuro?

Li Li se encogió de hombros. —Concede visiones, no sé si sean ciertas o no.

Me encontraba al timón de un barco. —Dijo Catelyn. —No era muy distinto de éste, pero de algún modo entendí que era mío; legítimamente mío. —Agregó mirando de nuevo a Li Li. —No era de los Asaltantes Aguasnegras, ni del Cártel Pantoque. —Guardó silencio por un momento. —Mi propio barco. —Dijo con suavidad y no volvió a hablar, perdida en sus pensamientos. Li Li se echó la mochila al hombro. Al descender por los escalones, se volvió brevemente hacia Catelyn. La joven mujer sonreía serena, mirando el océano azul.

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***

Esa tarde, sanos y salvos en Trinquete, Li Li y Chen se acomodaron en sus hamacas en la posada. Li Li se maravilló del tiempo que tardó en acostumbrarse de nuevo a caminar en tierra firme. Sentía sus piernas como si fueran de hule y el suelo no se movía.

—Has estado increíblemente callada, Li Li. —Dijo Chen mientras la miraba. —¿Qué ocurre?

Li Li no respondió de inmediato. Se recostó en la hamaca y entrelazó los dedos detrás de su cabeza.

—Tío Chen, ¿te pareció extraño cuando esos magos nos salvaron de los Bucaneros Velasangre?

—Es decir, ¿cuándo cuatro poderosos miembros del Kirin Tor se teletransportaron a la Bahía del Botín, abordaron nuestro navío y acabaron con el enemigo? Para nada, considero que fue algo completamente normal.

Me encontraba al timón de un barco. —Dijo Catelyn. —No era muy distinto de éste, pero de algún modo entendí que era mío; legítimamente mío. —Agregó mirando de nuevo a Li Li.

—Muy gracioso. —Li Li prácticamente podía escuchar la sonrisa de Chen. —Me refería al punto en que el padre de Catelyn le dijo que siempre sería su hija y que nunca lo olvidaría, sin importar lo que ocurriese.

—¿Qué hay con ello, Li Li? —La voz de Chen era más suave.

—Crees… —De súbito se hizo un nudo en la garganta de Li Li. —¿Crees que sea cierto? —Antes de que Li Li pudiera suprimirlo, otro pensamiento se manifestó en su mente. ¿Acaso mi padre piensa lo mismo de mí? o ¿Piensa que soy un caso perdido? Al sentarse perdió el equilibrio y la hamaca casi la lanzó al suelo.

Chen la atrapó, la estabilizó y se arrodilló, sosteniéndola. Li Li evitó su mirada mientras se limpiaba los ojos. —Es sólo polvo.

—Li Li, mírame. —Ella alzó la cabeza.

—No me cabe duda. —Dijo Chen.

Brotaron lágrimas de los ojos de Li Li cuando Chen la abrazó, dejando gotas en el pelaje de sus mejillas.

—Gracias, tío Chen. —Susurró.

—Tu padre te ama como a nadie más —dijo Chen—, apostaría mi vida al respecto.

Li Li asintió y presionó su rostro contra el hombro de su tío mientras la noche descendía sobre Trinquete y el desierto de Tanaris.

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