La Búsqueda de Pandaria

Parte 2 de 4

Permanecieron unos días en Ventormenta, recopilando provisiones para el viaje. Era un largo camino hacia el sur y no hallarían ninguna ciudad hasta llegar a la Bahía del Botín. Cuando tuvieron lo necesario emprendieron la marcha, dejando atrás el bullicio de la ciudad.

Aunque el daño a Ventormenta fue extenso, el Bosque de Elwynn parecía seguir igual y Li Li no encontró nada fuera de lo común en la ruta que tomaron. La Vega de Tuercespina, sin embargo, era otro asunto. Conforme avanzaban por el estrecho, si gastado, camino entre la jungla, las señales del regreso de Alamuerte se encontraban en todos lados; desde secciones corruptas del bosque hasta los asentamientos recién fundados de la Alianza y de la Horda. Asimismo, en algunas partes el camino se tornaba realmente traicionero. Cuando finalmente llegaron, la Bahía del Botín era una dicha para sus ojos. Administrada por el Cártel Pantoque, la pequeña ciudad estaba situada en la punta del Cabo de Tuercespina y presentaba la misma actitud desafiante de los vagabundos terminales. Todo tipo de brutales asesinos y aventureros ingenuos van en busca de la Bahía del Botín para hacerse de sus fortunas o escapar de las estrictas leyes de las grandes ciudades. Li Li y Chen caminaron sobre sus desvencijadas pasarelas de madera con alivio y deleite.

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—Sin importar lo mucho que adoro la vida en el camino, será bueno tener una cama esta noche. —Chen suspiró felizmente. Li Li sabía que la Bahía del Botín era uno de sus lugares favoritos en Azeroth.

—Al camino en esta parte del mundo le vendrían bien algunas mejoras —bufó Li Li—, ¿les habría costado mucho poner un letrero? “Peligro: el camino termina en un mortífero remolino gigante.”

Chen se puso serio.

—Alamuerte en verdad hendió la tierra.

—La Bahía del Botín parece intacta, no obstante.

—Creo que tomará más que unos cuantos mortíferos remolinos gigantes para que los goblins decidan abandonar este lugar. —Chen guiñó un ojo, recuperando su sonrisa. —Vamos, Li Li, hay un tarro de espantoso grog goblin con mi nombre.

***

La Taberna del Marino Salado nunca atraparía el ojo de un arquitecto, salvo como ejemplo perfecto de deterioro. El destartalado y viejo tugurio presentaba una atmósfera caprichosa sin terminar, pues se le agregaban pisos y habitaciones cuando el flujo constante de visitantes excedía la capacidad de la estructura existente. En la Bahía del Botín, la seguridad y la estabilidad no eran de gran importancia para los propietarios; compradores cuídense.

Aunque el infame pub no era un destino ideal para el turista honesto, constituía el refugio perfecto para los oprimidos, los criminales de poca monta, los marineros en busca de acción y los miembros torcidos de la sociedad. Existían multitud de rincones donde uno podía ocultarse y observar.

Gente poco común llegaba a la Bahía del Botín, sin embargo, Catelyn se sorprendió cuando dos pandaren entraron a la taberna y dejaron unas monedas en la barra para Skindle. Había oído hablar de ellos, pero nunca los había visto de cerca; algo en los extraños despertó el interés de Catelyn.

Hacer eso era uno de los pasatiempos favoritos de Catelyn. Desde su punto estratégico en el segundo piso, estilizado cual mezzanine, ella podía ver fácilmente el devenir de todos los clientes de la taberna; atenta a cualquier oportunidad que pudiera presentarse.

Gente poco común llegaba a la Bahía del Botín, sin embargo, Catelyn se sorprendió cuando dos pandaren entraron a la taberna y dejaron unas monedas en la barra para Skindle. Había oído hablar de ellos, pero nunca los había visto de cerca; algo en los extraños despertó el interés de Catelyn. Sus bastones y mochilas indicaban que eran viajeros. Ella los miró mientras llevaban sus pintas de cerveza a una mesa vacía en una esquina del bar y comenzó a descender por la escalinata, ansiosa de descubrir algo acerca del fascinante par.

***

Chen hizo girar suavemente el tarro metálico entre sus palmas, observando los remolinos en la cerveza.

—Definitivamente es tan mala como la recuerdo. —Comentó.

—Los pandaren preparan cerveza con efecto de pólvora —dijo Li Li—, pero estoy segura de que los goblins la fabrican con pólvora.

Chen se tocó la barbilla, sumido en sus pensamientos.

—Li Li, ¿recuerdas haber escuchado algo más sobre la perla?

Ella hizo una pausa, el tarro rumbo a su boca.

—Les dije a papá y a ti todo lo que me dijo la naga. Las palabras de Wanyo lo confirmaron.

—Así que estabas escuchando la reunión a hurtadillas.

Li Li le miró hoscamente. —¡Eso fue un truco sucio!

—Lo hiciste tú sola, Li Li. —Chen rio e hizo un gesto admonitorio con el dedo, pero sus ojos brillaban.

—Bien, sí. Estaba a la escucha —bufó— ¿y qué?

—Sólo me pregunto cosas sobre la perla. Únicamente sabemos que una naga quería obtenerla con desesperación y que otorga visiones. No obstante, henos aquí siguiendo sus instrucciones.