La Búsqueda de Pandaria

Parte 2 de 4

En la distancia se escucharon fuertes campanadas. Li Li esperaba honestamente que no estuvieran llamando refuerzos.

¡Bucaneros! —Gritó uno de los tripulantes. —¡Bucaneros Velasangre! ¡Nos atacan!

—¡Ustedes ya estaban bajo ataque! —Gritó Li Li y descargó su bastón contra el pecho de otro pirata.

Pese a tal afirmación, la tripulación entera se olvidó de ella y de Chen mientras corrían a sus puestos en el barco. Li Li giró la cabeza y estiró el cuello para ver qué sucedía. Piratas armados que portaban distintivas camisas rojas surgieron de todo escondrijo imaginable en el muelle. Algunos emboscaban a los matones goblin de la Bahía del Botín, mientras otros se aproximaban a los barcos de los Asaltantes.

—¡Corten las líneas! —Rugió Catelyn por encima del escándalo. ¡Sáquenos de aquí tan pronto como sea posible! ¡Los demás, defiendan el barco! ¡Hay que proteger la carga!

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Un Bucanero Velasangre saltó a bordo de la Esposa de Neptulón y quedó frente a Li Li, blandiendo su alfanje. Ella le acomodó una patada en las costillas que lo lanzó de vuelta al muelle. A su alrededor, los Asaltantes bajo las órdenes de Catelyn cortaban las cuerdas o hacían su mejor esfuerzo para repeler a los piratas rivales. Los matones en el muelle intentaban detener a los Bucaneros, pero también les habían tomado por sorpresa. Chen apareció junto a Li Li.

—Debemos irnos mientras tengamos oportunidad, Li Li.

—¡No me iré sin la perla! —Dijo ella con brusquedad. —¡Se encuentra en algún sitio de este barco! ¡Tenemos que hallarla!

El navío carbonero se agitó a sus pies. La tripulación de Catelyn lo liberó del atracadero, haciendo todo lo posible por sacar al enorme carguero a la bahía. Surgieron remos de las aberturas en los costados del buque y Li Li cayó en la cuenta de que debía haber más tripulantes bajo cubierta de lo que estimó en un principio. De modo intermitente, la Esposa de Neptulón comenzó a alejarse del muelle de la Bahía del Botín.

—¡Vamos, vamos! —Gritó Catelyn. Ella aún luchaba contra uno de los Bucaneros Velasangre, deteniendo la espada de su adversario con su daga. Después de un breve forcejeo, logró lanzarlo por la borda de una patada y el Bucanero salpicó al chocar contra el agua. Catelyn corrió hacia el timón, asumiendo su puesto a la cabeza de la nave. Otros miembros de la tripulación desplegaban las velas y se preparaban para huír rápidamente del puerto.

El viento arreció cuando dejaron el refugio de la bahía y el Cabo de Tuercespina apareció en el horizonte. Los remos desaparecieron bajo cubierta y las velas se tensaron, impulsando el barco de manera estable. Li Li no estaba segura si sentirse aliviada o ansiosa. Por un lado, ella y Chen evitaron una escaramuza entre dos facciones piratas rivales. Por el otro, ambos se encontraban atrapados en el navío de Catelyn y no tenían lugar a donde ir. En tanto que la Bahía del Botín se hacía más pequeña detrás de ellos, Li Li se preguntó cuánto tomaría a la tripulación de Catelyn decidir atacarles de nuevo ahora que el peligro de la emboscada ya no era inminente.

Catelyn gritó una frase tan vulgar que hasta Li Li se sonrojó.

En las aguas de la periferia de la Bahía del Botín —justo fuera del rango de los cañones del muelle y claramente a la espera— había tres barcos completamente armados, cuyas velas rayadas llevaban los colores de los Bucaneros Velasangre; rojo y negro. Catelyn maldijo una vez más y algunos de los miembros de su tripulación la secundaron. Chen se balanceaba intranquilo de un pie al otro. La Esposa de Neptulón había navegado directo a una trampa.

—¡Preparen los cañones! —Gritó Catelyn. —Todo mundo a defender el barco, ¡estamos en la pelea de nuestras vidas!

—Y nosotros también. —Dijo Chen de manera adusta.

En las aguas de la periferia de la Bahía del Botín —justo fuera del rango de los cañones del muelle y claramente a la espera— había tres barcos completamente armados, cuyas velas rayadas llevaban los colores de los Bucaneros Velasangre; rojo y negro.

Tan pronto estuvieron a distancia de tiro, los Bucaneros abrieron fuego. La mayor parte de los disparos se quedó corta, mas un par dio en el blanco. La cubierta se sacudió con los impactos, lanzando enormes astillas de madera por los aires. Li Li y Chen se tiraron al suelo, cubriendo sus cabezas con sus brazos.

—Es enloquecedor —gruñó Li Li—, verles atacar y no poder hacer nada para defendernos.

Chen asintió. —Así son las batallas navales.

Catelyn y su tripulación lograron devolver el fuego, e incluso asestaron varios tiros buenos, pero sus adversarios navegaban directo hacia ellos. Para cuando recargaran los cañones, la Esposa estaría repleta de Bucaneros Velasangre.

—¡Armas listas! —Ordenó Catelyn cuando los navíos enemigos estuvieron más cerca de la Esposa. —¡Démosles pelea tal que no puedan olvidarla pronto!

Los barcos Velasangre sacudieron a la Esposa de Neptulón cuando se deslizaron junto a sus costados y los Bucaneros se descolgaron de las jarcias, esgrimiendo todo tipo de armas punzocortantes. Los tripulantes de la Esposa lucharon con ferocidad, pero les superaban en número.

Catelyn peleaba contra dos adversarios al mismo tiempo: un goblin enojado al que le faltaba un trozo de oreja y una elfa de la noche alta y delgada que usaba una daga casi tan larga como la de Catelyn. La obligaron a retroceder bajo cubierta hasta que terminó espalda con espalda con Li Li, quien rápidamente se hizo a un lado y barrió los pies de la elfa con su bastón. Ésta cayó de bruces sobre la cubierta y sangre brotó de su nariz.

—Seguro ahora te sientes mal por haber tomado mi perla. —Dijo Li Li.

—En verdad no —respondió Catelyn de manera fría, destripando a un gnomo Velasangre lo suficientemente imprudente como para saltar en su dirección. —Si no hubieras venido en mi busca, tendría dos tripulantes menos de mi lado.