La Búsqueda de Pandaria

Parte 2 de 4

Li Li quería replicar, pero los bucaneros se aproximaban y debía concentrarse en la batalla. Ella pateó, se agachó y usó su bastón para derribar e incapacitar a sus enemigos. Lanzó polvo encantado aquí y allá, provocando que enjambres de abejas, aves pequeñas y mosquitos mordelones hostigaran y distrajeran a los piratas agresores; mas el ataque de los Bucaneros nunca se detuvo. Eran demasiados y siempre había alguien listo para reemplazar a los que caían.

Con lentitud, Li Li cayó en la cuenta de que estaba perdiendo terreno. Ella y Chen se encontraban hombro a hombro, luchando juntos aunque sabían que las cosas no pintaban bien. La tripulación de la Esposa de Neptulón estaba aglutinada junto a Catelyn, Li Li y Chen en la parte central de la cubierta. Apuntaban sus armas hacia el exterior, sudando, jadeando y sangrando de sus heridas. Estaban rodeados por completo. Li Li apretó los dientes, la verdadera pelea acababa de comenzar.

Un sonido uniforme y rítmico sobre la cubierta rompió el silencio previo a la masacre. Un sombrero de capitán sobresalía entre los Bucaneros Velasangre y su portador era una cabeza más alto que cualquiera a su alrededor. Dicho individuo se abrió paso hasta llegar al frente de la multitud y Li Li pudo verlo con mayor claridad. Era un draenei enorme con pezuñas tan grandes como platos. Sus apéndices faciales colgaban sobre la parte frontal de su abrigo rojo como si se tratase de los tentáculos de un viscoso pulpo azul. Un parche cubría su ojo derecho y en su mano izquierda sostenía la alfanje más grande que Li Li había visto.

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—¡En tus diarios decías que los draenei eran un pueblo pacífico y espiritual! —Li Li le siseó a Chen.

—Creo que nunca conocí a este tipo. —Chen susurró.

—Vaya, vaya. —El distintivo acento de los draenei se deslizaba con petulancia sobre su lengua. —Sabía que alguno de los Asaltantes caería en mis redes si ejecutaba el plan correctamente. Qué gran fortuna que la famosa Catelyn Tejerrunas… oh vamos, no me veas así; ese es tu nombre, ¿no? Qué gran fortuna que seas tú.

—Ese nombre me es familiar. —Murmuró Chen. —¿Dónde lo he escuchado antes?

—Eres alguien muy especial para el Barón Revilgaz, Catelyn, una duelista de renombre. —Prosiguió el capitán draenei. —Sin embargo, sé que tienes problemas financieros. Quizá pueda ayudarte con eso.

—Preferiría que el cártel me destripara antes que unirme a ti. —Gruñó Catelyn. —¿Quién demonios eres? Conozco a todos los Velasangre de aquí a Trinquete.

El capitán draenei se quitó el sombrero de manera en exceso dramática.

—Soy el capitán Koslov y, como has adivinado correctamente, soy un nuevo rostro en la cadena de mando. A juzgar por mi éxito aquí, también mucho más efectivo que mis predecesores.

Un cegador destello de luz índigo fulguró en la distancia, cerca de la Bahía del Botín. El capitán Koslov se volvió para mirar la fuente de luz, pero no ocurrió nada. Al son de un carraspeo, encaró de nuevo a Catelyn.

—Tú y todos los tripulantes de este barco pueden escoger. —Prosiguió Koslov. —Rendirse o morir. Sencillo, ¿no?

—Aún no ganas. —Catelyn dijo hoscamente, asumiendo posición de guardia y blandiendo su daga.

—Veo que has decidido morir. —El capitán se sonrió y alzó un brazo para dar la señal de ataque.

Sonidos como disparos llenaron el aire en torno al barco. Todos se apresuraron a ponerse a cubierto. La Esposa de Neptulón se sacudió mientras el casco surgía del agua. Li Li perdió piso y se deslizó de modo poco grácil por la cubierta conforme el barco se ladeaba; tropezando más adelante con un Bucanero inconsciente. Se detuvo al chocar contra la borda, incorporándose conforme se estabilizaba el barco.

Una buena parte del agua que rodeaba a la Esposa de Neptulón y a los tres barcos de los Bucaneros Velasangre se había convertido en hielo.

Li Li parpadeó sin comprender. Aún podía ver la costa de Tuercespina hacia el este, una jungla cubierta de palmeras y densa vegetación. Estaban en aguas tropicales.

¿Qué pasa aquí? —Rugió el capitán Koslov.

—Eso es lo que yo quisiera saber. —Murmuró Li Li para sí misma.

—Lo que ocurre es que están a punto de rendirse. —La voz de un hombre resonó cual trueno.

Los presentes miraban en todas direcciones, confundidos.

Sonidos como disparos llenaron el aire en torno al barco. Todos se apresuraron a ponerse a cubierto. La Esposa de Neptulón se sacudió mientras el casco surgía del agua. Li Li perdió piso y se deslizó de modo poco grácil por la cubierta conforme el barco se ladeaba; tropezando más adelante con un Bucanero inconsciente.

Corriendo ágilmente sobre el hielo, cuatro individuos en togas moradas se aproximaban a los barcos. Los dirigía un humano de edad mediana con cabello rojizo y piel pálida. Subieron fácilmente por la borda de la Esposa de Neptulón hasta llegar a cubierta.

—¿Quién eres? —Preguntó Koslov enfurecido.

¿Padre? —Si el tono de voz pudiera alterar la realidad, la incredulidad de Catelyn hubiera provocado la desaparición de los recién llegados.

El mago a la cabeza apenas y sonrió.

—¡Ajá! Tú debes ser Ansirem Tejerrunas. —Se burló el capitán Koslov. —Qué conmovedora reunión familiar. Me temo que sólo podrán morir juntos. ¡Mátenlos!

—Oh, sinceramente lo dudo mucho. —Dijo Ansirem.