La Búsqueda de Pandaria

Parte 2 de 4

Catelyn cayó en la cuenta. — la creaste, ¿verdad papá?

Ansirem carraspeó, aparentemente algo avergonzado. —Sí, vaya. Como dije, no sirvió de nada. Los tramposos nunca prosperan y todo eso. Tuve que aprender el arte de la magia del modo difícil.

Al igual que su padre hace un instante, Catelyn puso los ojos en blanco.

—¿Seguro que está encantada?

—Oh sí, mas no muy bien. Sólo funciona la mitad de las veces. —Ansirem hizo una pausa. —Te sugiero que no lo menciones cuando la vendas.

Entre risas, Modera habló. —La manzana no cae lejos del árbol.

Ansirem dejó escapar un suspiro exagerado, luego colocó sus manos sobre los hombros de su hija.

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No voy a pretender que no desearía que eligieras una línea de empleo más… típica. —Su rostro se suavizó. —Pero no importa qué pase, eres mi hija y nunca lo olvidaré.

—¿Podrías ser más sentimental? —Catelyn bufó pero esbozó una sonrisa.

Ansirem se alejó de Catelyn y comenzó a lanzar un hechizo. Luego de agitar la mano para despedirse de su hija, él y los demás magos se teletransportaron fuera de ahí.

***

De vuelta en el puerto de la Bahía del Botín, Li Li y Chen se encontraban en los aposentos de Catelyn a bordo de la Esposa de Neptulón; sentados frente a ella. La capitana sacó una caja de un armario y se la extendió a Li Li.

—Creo que esto te pertenece. Siento haber… —Catelyn se detuvo y negó con la cabeza. —Maldición, ahí está la influencia de mi viejo. —Suspiró. —Ya no la necesito para saldar mi deuda, así que aquí la tienes.

Li Li carraspeó y Chen se cruzó de brazos.

—Ok, ok, no debí tomarla en primer lugar… caray.

—Mejor. —Dijo Li Li alegremente y tomó la caja. Luego miró al interior. La perla brillaba en silencio, rodeada de terciopelo. Satisfecha, Li Li la guardó en su mochila, donde pertenecía.

Catelyn parecía estar algo incómoda. —Como pago por tomar tu perla, y a manera de agradecimiento por ayudarme a mí y a mi tripulación en la lucha contra los Bucaneros Velasangre, tengo una oferta para ti.

—Sé que buscan viajar al sur. El ataque a la Bahía del Botín dejó las cosas bastante desorganizadas y tomará algún tiempo antes de que los buques privados reanuden sus rutas. Tengo que ir a Trinquete a reunirme con un representante del cártel para saldar mi deuda. Si así lo desean, puedo llevarlos conmigo gratis. Tengo algunos contactos allá y podría ayudarles a encontrar a alguien que esté dispuesto a guiarles.

—¡Nada mal, nada mal! —Dijo Li Li. —Creo que realmente te sientes culpable por haberte robado nuestras pertenencias, ¿eh?

—No presiones tu suerte. —Dijo Catelyn rotundamente. —¿Qué pues?

—Me parece bien. —Respondió Li Li. —Nunca he ido a Trinquete. ¿Cómo ves, tío Chen?

—Ha pasado algo de tiempo desde la última vez que viajé en un barco pirata. —Dijo Chen. —Creo que no me caería nada mal.

—Las reparaciones finalizarán en un día o dos. —Afirmó Catelyn y se incorporó, extendiéndole la mano a Li Li; quien la estrechó.

—Nos vemos entonces. —Contestó Li Li.

***

Una vez que estuvieron en camino, el viaje a Trinquete no presentó problema alguno. Sin embargo, pese a que la vida a bordo del barco era muy distinta a la vida en Shen-zin Su, Li Li se sentía inquieta al encontrarse de nuevo en alta mar. Li Li recordaba la escena entre Ansirem Tejerrunas y su distanciada hija, dándole vueltas y vueltas al asunto. Sus pensamientos se negaban a detenerse, suficiente como para mantenerla distraída hasta que las desoladas y arenosas costas de Tanaris aparecieron en el horizonte.

Conforme el navío se aproximaba su destino, Li Li se dirigió al timón. Catelyn lo había sujetado con amarras para mantener el curso firme hacia Trinquete.

—Llegaremos al anochecer. —Dijo Catelyn mientras Li Li se aproximaba.

Li Li asintió. —Hey. —Dudó un momento y luego prosiguió. —Quiero preguntarte algo.

Catelyn la miró con curiosidad. —¿Qué cosa?

Li Li colocó su mochila en el suelo y sacó la perla. —Sostén esto por un momento y concéntrate. Dime qué es lo que ves.