Universo Expandido

Baine Pezuña de Sangre:Al Igual que Nuestros Padres

por Steven Nix

Un viejo carro desvencijado avanzaba lentamente por el camino hacia La Gran Puerta, donde le esperaba una pequeña patrulla preparada para escoltarlo hasta la lejana torre de zepelín. Allí, distribuiría el agua que transportaba por los asentamientos orcos de Durotar, que era la zona más afectada por la reciente sequía. El joven kodo que tiraba del carro avanzaba con el paso lánguido rutinario en los largos viajes y alcanzó la cima de la colina antes de desaparecer de la vista.

Un exasperado goblin observaba mientras el carro desaparecía. Su propio carro tendría que haber ido tras esa caravana y, sin embargo, él seguía allí parado al lado del pozo porque la brisa había desaparecido y había convertido en inútil el surtidor accionado por el viento. —Date prisa con eso, ¿quieres? Tenemos que darnos prisa si queremos que una patrulla nos escolte en este viaje. —El goblin movía el pie irritado mientras dirigía su ira al joven orco que forcejeaba con la manivela.

—Cálmate, Izwix —dijo un orco guerrero que se encontraba cerca mientras se tumbaba en la hierba—. ¿Qué van a hacer unos cuantos lacayos de la Alianza? Si hacen el más mínimo movimiento se llevarán un hachazo en la cabeza. —Cogió una ramita de un arbusto cercano y comenzó a limpiarse los dientes con ella—.

—¡La Alianza es una amenaza, Grotz! —contestó el goblin—. Y la verdad es que preferiría llevar escolta en vez de tener que confiar en tus limitadas facultades… o en las suyas —dijo, señalando al asesino oculto entre los arbustos—.

—No te preocupes por mí, Izwix —dijo Dras, mientras salía súbitamente de su escondrijo—. Le clavaré una pica de jabalíes en la espalda a cualquiera que se me acerque. Deja que los bellacos de la Alianza se nos acerquen.

Izwix suspiró. —¿Qué he hecho yo para merecer a estos dos… eh? —Los arbustos que rodeaban el pozo se agitaron cuando asomó la cabeza—. ¿Qué ha sido eso?

Todos giraron la cabeza hacia el lugar del que provenía el sonido; Grotz agarró su hacha y se puso en pie. El sonido se detuvo. Dio un cauteloso paso hacia adelante mientras un murmullo recorría todo el arbusto, de un extremo a otro. Todas y cada una de las ramas comenzaron a agitarse de forma violenta. Izwix se alejó receloso, en dirección al kodo que permanecía atado al carro del agua. Dras jugó con sus cuchillos, nervioso mientras el crujido de las hojas aumentaba.

Docenas de bestias con aspecto de jabalíes, que empuñaban lanzas y todo tipo de armas diferentes y cubiertas por armaduras de retales, salieron al exterior y rodearon al grupo. Uno o dos cayeron bajo el hacha de Grotz antes de que este se viese superado. Izwix trató de huir. Dras se agachó en busca de cobertura y se encontró de bruces con el líder del ataque. El jabaespín se lanzó ferozmente contra el orco hasta chocar contra él con la cabeza.

El resto de los miembros de la caravana cayeron uno tras otro y la hierba se tiñó rápidamente de rojo en las inmediaciones del pozo. Izwix había conseguido desatar al kodo, saltar sobre su lomo y espolearlo para que se pusiera en marcha antes de que una lanza surcase los aires y lo derribase de su montura. El kodo siguió avanzando mientras los jabaespines saqueaban el carro y desaparecían por donde habían venido, de vuelta al Barranco Cortazarza.

* * * * *

Descargar en alta resolución Algún tiempo antes de este ataque, Baine Pezuña de Sangre, Gran jefe de las tribus tauren, se encontraba en su cabaña en Cima del Trueno con Garrosh Grito Infernal y el archidruida Hamuul Tótem de Runa. No se trataba de un encuentro casual: Baine había decidido no vengarse de Garrosh por la muerte de Cairne Pezuña de Sangre por el bien del liderazgo de una Horda unida. Baine sabía que la Horda necesitaba un líder fuerte a la cabeza si pretendía sobrevivir; y Garrosh era capaz de inspirar a su pueblo. Pero la reunión no iba bien. Garrosh, que en un principio se había mostrado cauteloso por el papel que había desempeñado en la muerte del padre de Baine, se dejaba llevar de nuevo de sus bravuconerías y fanfarronadas, y había llegado a Mulgore con una cantidad absurda de exigencias.

Las palabras vehementes se elevaban y llenaban el ambiente. Hamuul, que normalmente se mostraba reservado y silencioso, comenzaba a levantar también el tono de voz en respuesta al testarudo y descarado joven orco que tenía ante sí. La manera en la que Garrosh dirigía a la Horda dejaba mucho que desear a los ojos del tauren, y Hamuul todavía no podía creer que Cairne Pezuña de Sangre, el más grande de los líderes tauren, hubiera perecido a manos de ese cachorro. Como consejero de Baine, Hamuul había abierto las negociaciones para transportar los suministros de agua hasta Orgrimmar. Hasta el momento, las negociaciones no habían ido muy bien.

Baine observaba con aire estoico mientras agarraba con una mano su maza, hasta que alzó educadamente la otra mano para intervenir. Pasado un momento, los otros dos callaron y escucharon a Baine.

—Garrosh, dices que necesitas agua, pero ¿qué hay del Río Furia del Sur y de su cuenca? ¿Acaso no puedes obtener de ahí toda el agua que necesitas?

A Garrosh se le escapó un gesto burlón. —En condiciones normales, sí, pero está contaminada. Podemos usarla para regar los cultivos, pero no podemos beberla. Esto nos causa problemas en la ciudad y allí donde los orcos establezcan sus hogares por estas tierras.

Con la mirada fija en los ojos de Garrosh, Hamuul añadió sin preámbulos: —¿Y qué es exactamente lo que la está contaminando?

Garrosh rechinó los dientes. —Los proyectos de los goblins en Azshara parecen tener… efectos colaterales. Esta contaminación provocada por sus excavaciones parece haber penetrado en la tierra y se desplaza ahora por el río hacia el sur, donde nosotros sufrimos las consecuencias.

Baine cruzó la mirada con Hamuul un instante. —¿Por qué no ordenamos a los goblins que paren? Para darle tiempo a la tierra a que se sane y que continúen más adelante. Con un poco de planificación y previsión, los goblins podrán realizar sus proyectos hasta cierto punto y de esa forma no dañaremos la tierra innecesariamente.

Garrosh golpeó con los nudillos en la mesa. —¡Tonterías! Sus proyectos son vitales para nuestros esfuerzos bélicos. No pondré en peligro la seguridad de la Horda. En Mulgore todavía hay mucha agua, y será esa agua la que suministraremos a Orgrimmar y a los asentamientos de los alrededores.

Hamuul añadió en tono calmado: —Yo estoy de acuerdo con Baine, y tú sabes que tiene razón. Los goblins deben parar o trasladar sus edificios a otro lugar para permitir que la tierra sane y el río se recupere.

—¿Y qué hace vuestras opiniones más válidas que las miles que oigo cada día? —Garrosh entornó ligeramente los ojos—. Además, no lo estoy pidiendo. Es una orden.

La discusión volvió a animarse. Hamuul y Garrosh siguieron gritando hasta que Baine acabó por exasperarse y gritó: —¡Ya basta! ¡Esta discusión no nos lleva a ningún lado!

Ambos se callaron, sorprendidos ante tal arranque y observaron fijamente a Baine, que añadió en un tono más calmado: —Garrosh, conseguirás tu agua. Pero quiero un representante oficial tauren que actúe como consejero en los próximos proyectos de los goblins.

Garrosh fijó una mirada fría en Baine. —Por supuesto que conseguiré mi agua. Mi deber para con la Horda es mantener a todo el mundo sano y salvo. No pienso tolerar que se cuestionen ni mi liderazgo ni mis intenciones. —Y tras eso salió furioso de la tienda dando voces por encima del hombro—. ¡Mandaré pronto a mi enviado para establecer un calendario de los envíos!

Hamuul observó cómo se alejaba y dijo: —Si por una vez fuese capaz de escuchar alguna opinión que no fuese la suya...

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