Universo Expandido

Genn Greymane:Señor de su Manada

por James Waugh

Descargar en alta resolución —Nunca aceptes la mano de otro hombre, hijo… —dijo el rey Archibald Greymane, cuyo robusto cuerpo ahora era una distorsionada silueta en contraposición al brillo menguante del crepúsculo. —Siempre es mejor permanecer de pie por ti mismo, es lo que separa a los grandes de los débiles.

Su hijo Genn, de sólo siete años de edad, retiró su mano extendida. Estaba sentado con las piernas cruzadas sobre las frías piedras de las fortificaciones recién construidas. Éstas eran un impresionante testimonio del poderío de la nación, sin embargo, Genn no las consideraba tan imponentes como el hombre que se encontraba de pie frente a él.

—¿Crees que todo esto fue edificado pidiendo ayuda a los demás reinos?

Las torres industriales de la ciudad de Gilneas dominaban el panorama que se extendía abajo. De cierto que era una vista magnífica, enormes tejados, calles empedradas, tiendas, fábricas y columnas de humo; una ciudad que tenía la vista en el futuro y en el potencial de su gente.

—Cuando yo era un joven príncipe como tú, mi padre jamás hubiera soñado esto. Sin embargo, soñé y emprendí mi propio camino. Míranos ahora… Todo esto fue llevado a cabo sin aceptar la ayuda de los de Ventormenta, ni de rogarles a los de Lordaeron; ciertamente tampoco nos postramos ante la arrogancia orejilarga de esos semi-humanos de Quel’Thalas.

Genn había escuchado las historias de Gilneas antes de que Archibald llegara al trono. Ciertamente era una nación que no tenía siquiera una fracción del poder que eventualmente alcanzaría.

—Ahora levántate, muchacho. Levántate y no me pidas ayuda de nuevo, porque todo esto será tuyo. Llegado el momento, deberás estar preparado.

—Es tuya padre, Gilneas siempre será tuya.

Archibald sonrió y su tono adquirió un matiz más suave. —No, hijo. Los príncipes se convierten en reyes y los días se vuelven noches. Tal es el devenir de las cosas… Ahora ven, me atrevo a decir que siento frío en el aire. Es hora del banquete, creo que esta noche habrá jabalí rostizado.

Genn se incorporó rápidamente. El suculento jabalí cardopresto, preparado por alguien que Genn consideraba el mejor chef de todo Azeroth, era su cosa favorita bajo las dos lunas.

—¿Crees que habrá manzanas en salsa para acompañar la cena, padre?

—Si quieres manzanas en salsa, muchacho, habrá. Ese también es el devenir de las cosas para los reyes y sus descendientes.

Al son de esas palabras ambos descendieron de las fortificaciones, mientras los últimos vestigios de luz de día cruzaban el cielo magullado.

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