Tierras de Fuego

Agregada en Cataclysm

Las Tierras de Fuego son los dominios de magma forjados por los titanes para acoger a Ragnaros y a sus indisciplinados esbirros. Tras la aparición de Alamuerte en Azeroth, Ragnaros y sus sirvientes irrumpieron en las laderas del Monte Hyjal antes de ser rechazado por los valientes defensores de la montaña sagrada. Ahora Ragnaros está reuniendo a sus seguidores para defender las Tierras de Fuego de los campeones de Azeroth.

Las Tierras del Fuego, cubiertas de ceniza, son el más agreste de los dominios elementales. Lo que funge como aire en este lugar hostil está repleto de vapores abrasadores y tóxicos. Los únicos sitios que se encuentran a salvo de los océanos de magma son las islas de roca irregular. Sin embargo, los peligros que presenta este implacable entorno palidecen en comparación con la furia de los elementales que ahí habitan.

Notas

Después de que los titanes dieron orden a Azeroth, las Tierras del Fuego han servido como prisión, no sólo para el imponente señor del fuego Ragnaros, sino también para las legiones nacidas de la flama que el sirven de modo incondicional. Los elementales pasaron sus innumerables años de encarcelamiento deleitándose en caos que les es innato, hasta que el Cataclismo rompió las barreras entre las Tierras del Fuego y Azeroth. Con el mundo aún sacudiéndose a causa del desastre, Ragnaros y sus esbirrros tienen como objetivo calcinar Nordrassil, el Árbol del Mundo, uno de los símbolos de sanación que aún perduran en las devastadas tierras de Azeroth.

La victoria contra los sirvientes del señor del fuego es una posibilidad, aunque pequeña. Aunque los druidas del Círculo Cenario y sus aliados buscan establecer un puesto de avanzada permanente en el Brote, dentro de las Tierras del Fuego, valerosos héroes —bajo la bandera de los Vengadores de Hyjal— esperan abrirse paso a través de las puertas de la Fortaleza Sulfuron, guarida de Ragnaros, y enfrentar al señor del fuego.

Ragnaros cuenta con increíble poder desde la seguridad de su bastión, algo muy distinto de su santuario “prestado” en el Núcleo de Magma de la Montaña Rocanegra. Aquí, rodeado por seguidores que escogió personalmente y sumergido en el brutal calor que hierve desde las profundidades de la tierra y hacia el cielo, es un señor elemental en toda la extensión de la palabra.

Si no es posible derrotar a Ragnaros, surgirá una conflagración como nunca antes desde las Tierras del Fuego y sumirá a Azeroth en fuego y ceniza por milenios.